¿ Y el PCE ? (Julio Anguita)
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Desde el mismo seno del PCE procedían las sucesivas oleadas del mensaje que cuestionando la IU como MPS la querían como un partido al estilo y maneras del ejemplo italiano o catalán. Y es aquí donde quiero reparar para poder afrontar después la parte propositiva. El concepto de IU como fuerza para la Construcción de la Alternativa tenía dos adversarios, uno más consciente que otro. Pero ambos procedían del seno mismo del Partido; el uno no supo o no quiso ver que estaba ante algo que podía suponer y satisfacer el proyecto transformador del PCE pero con otros métodos, ritmos, acentos, alianzas, etc. y actuando en consecuencia puso el énfasis en el carácter instrumental del proyecto cara a la consecución del voto que sería posteriormente invertido en la Casa Común.
(Córdoba 6 de Septiembre del 2008)
A poco más de dos meses de
El silencio de los sindicatos no es otra cosa que la expresión de su anomia que sostenida por las dádivas y subvenciones públicas ni siquiera provoca debate, discusión, cuestionamiento o incluso reafirmación; su programa es el silencio connivente. Y cuando algo se agita en ellos lo es por cuestiones de poder y siempre en vísperas congresuales. La izquierda no existe como organización, línea política explicitada, funcionamiento, programa o presencia alternativa más allá de los foros minoritarios o de sectores de las organizaciones. Por donde miremos no hay otra cosa que desolación.
Desde personas, colectivos alternativos y círculos muy minoritarios comienzan a plantearse tímidos pasos para hablar de la creación de una estructura organizativa de carácter internacional ligada a los valores y proyectos programáticos de la izquierda revolucionaria. La conciencia de que una fase del movimiento obrero revolucionario ha terminado está cada vez más extendida.
Desde la conciencia de esta situación general y global pero fundamentalmente desde la evidencia de lo que está pasando en España, la creciente degradación de las condiciones de vida de los asalariados y de los que ya no lo son o todavía siguen serlo, es nuestro deber reflexionar y aceptar el reto que nos lanzan tres preguntas: ¿Qué queremos hacer? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuándo lo vamos a hacer?
Cuando se celebró
Desde su voto en Europa a favor de la ‘directiva de retorno’ de inmigrantes hasta las continuas concesiones a la derecha y la Iglesia, los socialistas de Zapatero están decepcionando a ciudadanos que les votaron el 9-M.
Ya suman mucho los detalles que conducen a bastantes ciudadanos a replantearse el funcionamiento de algunas instituciones políticas. Porque en lugar de acercarles, les alejan del sistema democrático vigente. No de la democracia, sino de su manifestación concreta en España.
En los últimos meses, los síntomas de que hay algo enfermo en la construcción de la democracia en España y en Europa se multiplican. Sin ánimo de ser exhaustivo, cabe referirse a dos recientes decisiones del Parlamento Europeo: la aprobación de la jornada de 65 horas semanales y la directiva sobre el internamiento de inmigrantes. No hace falta discrepar de la ferocidad de su contenido para estar en desacuerdo. Basta con observar el procedimiento.
Los que se sienten heridos por esos debates y sus resultados no son ninguna excepción, sino todo lo contrario, cuando manifiestan su escándalo por el hecho de que unos parlamentarios elegidos se atrevan a votar un texto como el del internamiento. Insisto, al margen de su contenido. Porque no había nada en el programa electoral con el que se presentaron que les habilitara para ello.
¿Quiénes entre los votantes de la lista socialista al Parlamento estaban y están a favor de semejante directiva? Pues me temo que pocos. Pero, sobre todo, a ninguno de estos votantes le ha sido consultada, le ha sido brindada la oportunidad de manifestar su acuerdo o su desacuerdo, o ha podido seguir un debate al respecto. Y eso sobre un texto que altera gravemente el espíritu de la construcción de la Europa de las libertades y la democracia. De las 65 horas se podría decir algo semejante, aunque en ese caso se añade el agravio de que quienes lo han decidido con sus votos europeos viven como rajás, con jornadas laborales y prebendas sin cuento mientras discuten esa brutal propuesta que jamás les afectará a ellos.
Es grave que no sean situaciones excepcionales. Y esto hace pensar en que quizás estamos asistiendo a una deriva, una corrupción severa del sistema de representación política. Por ejemplo, en el terreno doméstico, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero nos avisaba, en la entrevista que concedió al periódico EL PAÍS unos días antes de las elecciones generales, de que él no iba a aplicar la mejora de la ley del aborto porque, aunque estaba en el programa electoral, jamás le habíamos escuchado defender el sistema de plazos.
La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, nos obsequió días después con un argumento parecido diciendo que no había demanda social para corregir un sistema que otras mujeres, sobre todo las afectadas, consideran humillante y mentiroso, porque obliga a las mujeres que recurren al traumático proceso del aborto a esgrimir desequilibrios psicológicos para ejercer lo que muchos consideramos un doloroso derecho, que tienen que practicarles en clínicas privadas porque el Gobierno no tiene el valor de hacer que se aplique en el sistema público.
Más doméstica aún es la decisión de los socialistas madrileños, que parecen asistir tranquilos al desguace de la enseñanza pública en la comunidad que preside Esperanza Aguirre, y se apuntan a la enseñanza concertada en lugar de exigir que se ponga en pie de una vez la financiación suficiente para que el Estado cubra una exigencia social. Ya sabemos todos que el deterioro tiene su origen en que los institutos se saturan de inmigrantes con un bajo nivel educativo, y sabemos todos que eso sólo se arregla con más inversión y contrataciones de profesores de apoyo. Pero la federación que preside Tomás Gómez ha optado por la solución fácil: enseñanza concertada para los niños españoles y acercamiento facilón a quienes votan a la derecha para intentar quitarle apoyo al Partido Popular por ahí. ¿Ha votado algún elector a los socialistas madrileños para que dejen de lado la enseñanza pública?
Se puede seguir, porque vale mucho la pena. ¿Qué decir de los socialistas catalanes de origen charnego que asumen el discurso victimista del nacionalismo, con las balanzas fiscales por medio, para ganarse el aprecio de los votantes catalanistas? El expolio pasa a ser un argumento y la solidaridad una estupidez, incluso un crimen, que pesa sobre los hombros de la explotada Cataluña. ¿Ha votado algún elector catalán a los socialistas para que digan que ya está bien de alimentar a los parásitos extremeños?
La sobreabundancia de ejemplos, que afectan a casi todos los partidos políticos y a muchas instancias de distinta índole, obliga a plantearse que no se trata de hechos aislados, sino de una bien asentada tendencia que marca una distancia enorme entre las decisiones de los ciudadanos y las de los políticos que teóricamente nos representan. Y resulta lamentable que eso sea aceptado sin apenas (muy honrosas, pero pocas) excepciones entre los políticos que las aplican. Por volver al primero de los ejemplos, salvo Josep Borrell (ya le han castigado) y Raimon Obiols, que votaron en contra, y la abstención de otro eurodiputado, los demás componentes del grupo socialista se inclinaron por dar su sufragio a la propuesta de internamiento sin juicio de personas que no han delinquido.
Yo conozco a algunos de estos eurodiputados, a algunos les respeto y les tengo aprecio. O quizá les respetaba y les apreciaba. ¿Por qué votaron eso, que me consta que va contra su conciencia? Por orden del partido. Esa institución que les garantiza el cargo y les manda con severidad que cometan lo que Santos Juliá ha definido como una infamia. Los rocambolescos argumentos que se sueltan desde el poder para justificarlo se parecen a los que Chamberlain hizo para justificar la entrega de Checoslovaquia a Hitler en 1938: hay que calmar a la bestia, que en este caso es Berlusconi.
Está la tendencia y está el sentido. Porque en todos los casos, sin excepción, se atisba un retroceso en las libertades o en los principios. Hay un discurso que lleva dentro la idea de calmar a la derecha, política o social. Pero a los votantes no nos han preguntado si queremos hacerlo al precio de que no haya ley de plazos para el aborto, que la educación pública se vaya al cuerno, que se abra una brecha xenófoba entre autonomías ricas y pobres o que se pueda meter en la cárcel a los negros miserables.
Y siempre el eterno mecanismo: lo que conviene se borra del programa, o se abordan soluciones que no estaban en el mismo. En función de la legitimidad que los elegidos han obtenido con el voto. Una vez que el voto es suyo, el contenido de las propuestas pierde sentido. El argumento fundamental es el de actuar para ganar elecciones o, más miserable, para mantener el privilegio del cargo. Al margen de la voluntad de quienes les hemos dado nuestro voto, insisto.
Los partidos políticos pueden hacer eso con impunidad porque aún se mantiene incumplido el mandato constitucional de aplicar sistemas democráticos a su gestión. Pero todos sabemos quiénes tienen que votar las leyes que rigen sus mecanismos: los propios interesados, los jefes y los que les obedecen porque les deben el puesto. Es así de sencillo, y de viciado.
Yo tengo que confesar una gran vergüenza: uno de los argumentos que barajé para decidir mi voto en las últimas elecciones fue el miedo a la derecha, que traía consigo un tono y un explícito mensaje capaz de poner los pelos de punta a cualquiera. Pero la mínima decencia me obliga a negarme la posibilidad de incurrir de nuevo en algo así. Porque la democracia y la libertad me importan demasiado.
Sé que lo que digo no responde a un caso aislado. Cada vez hay más ciudadanos que se preguntan sobre su voto. Ciudadanos que, por estar a favor de una democracia solidaria, de derechos y libertades, están más al borde de la desafección
El País, 23 de julio de 2008.
RESOLUCIÓN PRESENTADA EN ASAMBLEAS DE IU EXTREMADURA-
Abril de 2008.
El último resultado electoral, con la consiguiente pérdida de votos, de representación institucional y de Grupo Parlamentario propio en las Cortes, ahonda en la crisis que desde hace tiempo vive nuestra organización.
Esta vez la coyuntura o la agenda mediática no pueden enarbolarse para dejar por el camino un imprescindible debate sobre nuestras estrategias y nuestros objetivos. En otras palabras, lo inmediato no debe impedirnos hablar sobre lo necesario. Ante la pérdida de representatividad social y en consecuencia de representatividad electoral, no podemos optar por las fórmulas de siempre y por procesos asamblearios vaciados de contenidos y sin participación desde abajo y que relegan la renovación y los programas alternativos “para tiempos mejores”.
Esta resolución que presentamos bebe de las propuestas formuladas por Manuel Monereo y Julio Anguita. En la misma planteamos:
Crisis en IU. Mal haríamos en disfrazar las sensaciones: la realidad es tozuda y no entiende de edulcoraciones. Varios son nuestros problemas:
1. ¿Qué IU? Al calor de los distintos resultados electorales se vienen desgranando distintas visiones sobre el papel de IU en la sociedad y su encaje programático. El cuestionamiento ha llegado incluso a los valores y principios fundamentales que sustentaron el nacimiento de IU en 1986.
2. ¿Qué funcionamiento? Nuestra práctica organizativa viene desmintiendo desde hace tiempo las señas de la elaboración colectiva, la pluralidad, la renovación y la organización “desde abajo” que marcan los estatutos y los documentos organizativos. Se ha instalado una concepción cada vez más presidencialista y continuada en el tiempo, de partido clásico, en los distintos órganos de dirección.
3. ¿Qué direcciones? Al hilo de lo anterior, se impone un agrio debate acerca de quien debe pilotar la nave en los próximos años.
4. La pluralidad de IU se ha ido reduciendo. Por el contrario, las divergencias se vuelven cada vez más agrias, sin que ello signifique la existencia de grupos plurales en la organización.
5. Escasa articulación con la sociedad y con las expresiones sociales que se dan en ésta.
6. Hemos centrado toda nuestra actividad en la representación institucional y en las relaciones privilegiadas y preferentes con el Gobierno Central, relegando a un segundo plano testimonial la necesidad de articular socialmente nuestro programa.
7. Las organizaciones de base languidecen.
8. No somos una organización federal: no tenemos un discurso federal que articule una misma visión en el conjunto del país y la realidad de las taifas es hoy innegable.
Ante esto
a. Es el momento de cualificar bien qué tipo de crisis vive IU, y desde este análisis colectivo, buscar la alternativa.
b. IU como fuerza, porque quiere luchar de verdad contra el bipartidismo, necesita ganar influencia social, relación con los movimientos (especialmente con el movimiento obrero) y protagonizar el conflicto de clases.
c. Debemos potenciar la pluralidad interna de la organización: pluralidad entendida como permanente – corrientes, opciones – y pluralidad en relación a los distintos debates que surjan en nuestro seno.
d. Debemos articular un programa de izquierda alternativa y voluntad socialista.
e. La próxima Asamblea Federal debe abrir un debate que permita la participación activa de todos y cada uno de los afiliados y afiliadas de IU.
f. Sobre los trabajadores y trabajadoras se cierne una crisis económica y de rebaja de derechos sociales y laborales sin precedentes que requiere de la existencia de una fuerza política consecuente y capaz de articular el posible conflicto social.
La propuesta: contenidos programáticos sobre los que trabajar en el proceso asambleario
§ IU como Movimiento Político y Social Organizado que fija su objetivo en la permanente Construcción de la Alternativa a la sociedad, el Estado, la cultura existente y los valores dominantes.
§ Democracia Radical en IU.
§ Elaboración Colectiva. Es la creación de un mecanismo de participación democrática en las decisiones de IU, de intervención en las líneas de actuación de la actividad política y social y también en las políticas a realizar en las instituciones.
§ IU es una fuerza política de carácter federal. La Federalidad es un reconocimiento a la diversidad pero en el marco de una visión común de la Transformación social.
§ Escrupulosa legalidad. Una fuerza política que se pretenda democrática debe guiar sus actuaciones internas y su funcionamiento por el respeto y ejercicio de la legalidad.
§ IU como fuerza política roja, verde y violeta. Desde hace muchos años explicitamos que nuestro discurso es rojo, verde y violeta. Asumamos la historia del movimiento obrero y los nuevos proyectos de liberación. IU es un proyecto de Izquierda, sin más.
§ IU no tiene más referencias sindicales que las derivadas de las alianzas coincidencias y movilizaciones que en cada momento puedan producirse
IU se define como una organización republicana. Uno de los trabajos de IU debe ser colaborar y aportar en la puesta en marcha del proceso constituyente de la III República.
El proceso Asambleario en sí.
· Estamos convocados a un proceso autoinstituyente de IU donde los afiliados y afiliadas, es decir, el soberano, debe definir las nuevas reglas y los principios y modos de organizarse y trabajar en la sociedad. Autoinstituyente significa situar en el centro la Política, con mayúsculas.
· La próxima Asamblea Federal, para hacer factible política y organizativamente este proceso, articulará una nueva dirección colectiva capaz de poner en marcha los procesos. Si caminamos hacia una Asamblea para nombrar a un nuevo coordinador estaríamos cerrando nuevamente el debate en falso. Esta crisis no se soluciona con los mecanismos de siempre.
· Esa misma Asamblea Federal procede previamente a la renovación al menos del 50% de los órganos de dirección de IU en todas sus estructuras, es decir, del Consejo Político Federal, Consejos Regionales y Consejos Locales en cada uno de sus ámbitos.
· Se abre una segunda fase, más intensa, de abajo a arriba, donde la organización abre un debate profundo entre sus militantes y simpatizantes, en torno al contenido de la izquierda alternativa, de su programa y de su forma organizativa.
· Autoinstitución significa que del proceso puede surgir la refundación o la reconstitución de IU o bien la creación de otra cosa. Significa a que el debate se deja en manos de los y las militantes.
Pascual Serrano
La última debacle a la que ha llegado Izquierda Unida requiere que nos paremos a pensar con valentía el sistema político y electoral al que nos estamos dedicando. No podemos negar las responsabilidades de la dirección actual con Gaspar Llamazares a la cabeza, la desmovilización de una militancia que se reflejó en que sólo cincuenta personas asistieran al recuento en la sede nacional, o la patética sugerencia de ofrecernos como ministros dos días antes de quedarnos en dos diputados.
El panorama, en mi opinión, es mucho más grave, y se fundamenta en que el sistema actual está perfectamente pensado y diseñado para que IU nunca llegue a nada. Aunque muchas personas lo han recordado, hemos de ilustrar brevemente las matemáticas por las cuales la coalición ha necesitado medio millón de votos para cada diputado, mientras otros partidos con esos votos alcanzaban diez diputados. En realidad tampoco es que IU haya necesitado medio millón de votos por diputado, es mucho peor, los diputados se han conseguido uno con 163.633 votos en Madrid y otro con 154.300. El resto, 745.008 votos, no han servido para nada según establece la legislación electoral mediante la circunscripción provincial. Javier Ortiz recuerda que con 773.993 votos CiU ha logrado 11 escaños. Pero es que sumados a todos los restos de votos de todos los partidos que no alcanzan a un diputado, la cantidad de votos que no tienen representación en el Parlamento son millones. Armando B. Ginés, en rebelión.org, estima que esos votos corresponderían a 27 diputados que no aparecen en el hemiciclo y que, por tanto, son apropiados por los partidos mayoritarios que se benefician de la injusta ley electoral. A ellos, el autor añade los 82 escaños vacíos que corresponderían a quienes se han abstenido o votado en blanco. En total 109 escaños de “dudosa legitimidad democrática e intachable legalidad, es decir, casi un tercio del hemiciclo.”
Llamazares habla de tsunami bipartidista como si fuese algo coyuntural y no es cierto, el modelo es estructuralmente bipartidista, incluso hay algunas circunscripciones donde lo es obligatoriamente porque sólo le corresponden dos diputados. A todo ello hay que añadir el patrón mediático de presentar las elecciones legislativas como unas presidenciales a elegir entre los dos candidatos de los partidos mayoritarios, hasta el punto que se celebran debates, ratificados por la Junta Electoral, con la sola presencia de ellos dos o se cubre la jornada electoral haciendo referencia a los recuentos de sólo esos dos partidos.
Es verdad que en el periodo de Julio Anguita IU llegó a tener más de veinte diputados, pero, además de por el mérito indiscutible de aquel coordinador, fue por una determinada coyuntura política caracterizada por un PSOE desautorizado desde el punto de vista ideológico por aplicar políticas de derecha (privatizaciones, políticas laborales respondidas en huelgas generales), un corrupción trepidante sin precedentes en nuestra democracia, su guerra sucia contra ETA y una derecha que se presentaba como centrada a la que nadie tenía miedo. En realidad, como ya escribieron algunos analistas entonces, aquel voto de IU era prestado, procedente de socialistas indignados por la corrupción que, una vez saneada la imagen de su partido vuelven a votarle años más tarde. Es muy difícil que se vuelva a dar ese panorama, o dicho de otra manera, se necesita llegar a la corrupción de los gobiernos de Felipe González y a una imagen centrada del PP para que IU pueda aspirar a esa representación.
De forma que, no nos engañemos, la ciudadanía tiene la percepción de que, aunque las políticas económicas sean muy parecidas, hoy no es lo mismo Zapatero que Rajoy, aunque a muchos de nosotros sus diferencias nos parezcan anecdóticas e irrelevantes en lo esencial. Los votantes de más de cuarenta provincias saben que sus votos a IU irán directamente a la papelera y es lógico que, siendo de izquierdas e incluso compartiendo el ideario de IU, voten al PSOE, por mucho que, como escribiera recientemente Julio Anguita en el Diario Córdoba y La República, sea necesario “votar en conciencia y que quien no la haga esté renunciando a constatar valientemente ante el electorado el respaldo a sus ideas, y renuncie a ser él o ella mismo”. Miles de ciudadanos son conscientes de que votar en conciencia, en el sistema actual, es tirar su voto. No podemos estar durante décadas pidiéndoles a esos ciudadanos un voto inútil. Yo ya estoy harto de hacerlo, estoy cansado de dar vueltas a la noria reivindicando el combate contra el voto útil a sabiendas que en cincuenta provincias el voto a IU el pasado 9 de marzo fue inútil y en más de cuarenta lo será siempre. Ellos saben que su dilema no es otro que el de o tirar su voto a la basura o frenar al PP votando al PSOE, por mucho que esa lectura nos duela. No hay proyecto ilusionante en IU que pueda romper con esta perversión, no nos engañemos.
Si hacemos memoria, podremos recordar que en las penúltimas elecciones generales de 2004, muchos ciudadanos de la izquierda radical, incluso más allá de IU, que nunca votaban, lo hicieron al PSOE para expulsar al PP, conscientes de que puestos a buscar un resultado práctico, por muy radicales de izquierda que se consideraban, lo único que tenía sentido era votar socialista.
Por tanto, va siendo hora de que Izquierda Unida se plante de forma contundente contra esta farsa electoral y deje de seguir perdiendo fuerzas, dinero, ilusiones y potencial humano en unas convocatorias electorales perfectamente diseñadas para mantenerla en la marginalidad siempre. Podremos tener mejor o peor dirección, hacer seguidismo o combatir las políticas neoliberales del PSOE, reactivar el PCE o no, cambiar la dirección actual, pero siempre estaremos condenados a la marginalidad parlamentaria y nunca el modelo será democrático y representativo del ideario ciudadano.
A todo ello se une la última perversión del sistema, que es la de contar con dos millones de inmigrantes, en su mayoría obreros y personal no cualificado, que no tienen derecho al voto. Son dos millones de ciudadanos que están de forma legal en nuestro país, que cotizan a la Seguridad Social, pagan sus impuestos, se ubicarían por razones de clase en la izquierda, pero sobre los que pende la espada de Damocles de la no renovación de su residencia si resultasen política y socialmente reivindicativos. ¿Qué diría la derecha si dos millones de ricos y directivos empresariales no tuviesen derecho a voto?
Seguir insistiendo en el voto a IU tal y como está la situación resulta la opción más desesperanzadora y desmovilizadora de todas. Es el momento de decir que no estamos dispuestos a sostener la farsa y plantarnos, el dilema es cómo. No se trata de voto útil o no, sino de si queremos seguir siendo los tontos útiles que legitiman el modelo a sabiendas de que nos condena a la marginalidad. Julio Anguita condenaba el “señuelo del voto útil”, pero yo creo que el auténtico señuelo que nos engaña es el del sistema electoral.
Es verdad que no hay muchas opciones, pero no podemos seguir legitimando este teatro. Si bien la política no es sólo el voto e Izquierda Unida debe priorizar como objetivo el trabajo social y la sensibilización política en la calle por encima de convocatorias electorales, debemos sopesar opciones valientes si de verdad queremos regenerar el sistema político español. Desde plantearnos, por ejemplo, no presentarnos a las elecciones y apoyar coyunturalmente con nuestro voto al partido mayoritario que se comprometa a cambiar la ley, a realizar una campaña de fraude de ley empadronándonos en las únicas provincias con posibilidad de representación, Madrid y Barcelona. No podemos seguir pidiendo a las gentes honestas de izquierda que tiren su voto a la basura, no podemos seguir siendo el burro que da vueltas a la noria.
Marzo de 2008
Julio Anguita González/ abril 2008
Presentación en el Comite Federal del PCE de 12 de abril de 2008
He sopesado la posibilidad de elevar previamente este escrito a otros órganos de dirección más restringidos pero se ha impuesto en mi ánimo la convicción de que era preferible que el documento llegase aquí tal cual, sin matizaciones, enmiendas o consensos que pudieran inducir al Comité Federal de que estaba ante una propuesta ya canalizada y por tanto con pies forzados que dificultaran el libre análisis del mismo.
1.Nuestro Secretario General fue informado por mí sobre la redacción del documento y se lo envié con bastante antelación a la celebración de este Comité Federal.
2.Es mi intención más firme seguir militando en el PCE y en aquellas otras instancias y organizaciones políticas que él apoye.
3.El documento es en parte deudor de otros que han ido apareciendo en el curso de los días. En otra parte es una síntesis apretada de materiales producidos por IU y por el PCE y desde luego también contiene el producto de mis reflexiones en torno a una cuestión que me obsesiona: Un proyecto como el que IU quiso ser, sigue siendo un clamor desde la necesidad de cambiar la realidad y desde la también necesaria rebeldía contra ella. Nunca una necesidad tuvo tan menguados referentes para satisfacerla. En cuanto a los otros documentos que han ido apareciendo firmados por otros camaradas y compañeros creo que deberían también ser conocidos oficialmente por este Comité Federal a los efectos del debate oportunos.
4.Como dirigente que fui de IU y actualmente del PCE asumo en lo que a mí me corresponde la responsabilidad en los procesos que han desembocado a esta situación. Quisiera con esta sincera salvedad que, sin huir de las críticas a las direcciones pasadas y presentes, no transformásemos el debate en imputaciones exclusivamente personales. Nos perderíamos en una madeja laberíntica. Las responsabilidades existen, pero en el marco de los procesos colectivos.
IU: un proyecto político en vías de extinción
Los resultados electorales del
El naufragio de IU comenzó a acentuarse cuando fue evidente para la opinión pública que estaba ante una organización carente de identidad específica y propia y por ello incapaz de fijar siquiera un mínimo estable de respaldo y apoyo.
Muchas cosas han cambiado en España y en el mundo desde que fue fundada el 27 de Abril de 1986, pero hay dos fundamentales: las consecuencias de la desaparición de la URSS y el giro de CCOO hacia un sindicato de servicios que comparte con UGT los favores de
Precisamente su aparición como fuerza política venía a resítuar un espacio político en torno a dos ejes alternativos: El Programa como referencia para las relaciones con los demás y las otras formas de hacer política como el sello de una nueva alianza con la sociedad y especialmente con los sectores más dinámicos y avanzados de
A pesar de las dificultades IU se desarrolló y avanzó electoralmente. Eran los tiempos del 14 de Diciembre,
Las alianzas y acuerdos con CGT y USO en torno a las 35 horas reiteraban la lección; IU no debía tener más referente sindical que el marcado por las luchas de cada día, los programas y las alternativas. IU sólo podía avanzar a partir de entonces si ella misma creaba y ampliaba el terreno sobre el cual su rareza política podía enraizarse, crecer y hacer cambiar el entorno. Instalarse en la lógica de cualquier fuerza parlamentaria y desde luego en
Dudando entre qué camino escoger o lo que es peor, picoteando de unos y otros, las características de IU comenzaron a difuminarse y la confrontación interna entre visiones parciales e interesadas del proyecto se multiplicó, se transformó en una serie de luchas endogámicas por razones más cercanas a las listas electorales que a otra cosa.. Y puestos en ese camino, optando por la vía de la lucha exclusivamente institucional los Estatutos, la democracia interna, la ética y la honestidad política que hacía tiempo venían degradándose empezaron a gozar de unas largas vacaciones. Recordemos las diferencias en cuanto a contenidos, alianzas estables, rigor y claridad entre el debate sobre Mäastricht y los otros muchos que le han seguido.
En el seno de IU comenzó a abrirse paso de nuevo la vieja idea de ser diferentes y diferenciados sin abandonar tampoco el rol que el PSOE y sus influencias habían montado en torno al bipartidismo; IU quiso ser la otra cosa pero dentro de un orden. En función de ello el viejo lema del discurso rojo, verde y violeta pasó a ser la denominación de una nueva entidad, el proyecto eco-socialista. Y de nuevo el viejo proyecto confederal de las Izquierdas Periféricas como posibilidad de frenar la caída electoral y crear una confusión calculada que sirviera las diferentes y a veces contrapuestas clientelas electorales.
En los últimos años, y ya en plena pendiente, los síntomas de muerte se han multiplicado: la supuesta federalidad ha sido sustituida por taifatos y cuotas de poder (aunque este problema venía de muy lejos), los grupos enfrentados nunca han constituido alianzas estables sino aleatorias y en función de las mejores tajadas en cada lista electoral. Quiero decir que nuestro proyecto de Estado Federal Solidario no ha sido aplicado en nuestra organización. Creo también que su existencia es tan ignorada como
Y lo que desde luego constituye un dogal para la asfixia total es la deuda que sin ingresos medianamente importantes, puede ser la puntilla que acelere la agonía.
¿Hay solución?
Desde hace varios años vengo diciendo que el proyecto de IU tal y como se está desarrollando, estaba muerto y que debíamos prepararnos para ese acontecimiento. No creo que con asambleas ordinarias, métodos clásicos y prácticas rutinarias se salga de esta, al menos como una fuerza política mínimamente estructurada, con una cierta solidez y como proyecto para el Estado Español. Las siglas podrán continuar durante algún tiempo en las CCAA y en las Administraciones Locales, pero irán siendo sustituidas paulatinamente por alianzas electorales de creciente color localista sin más aspiración que ser una bisagra recompensada con cicatería por el PSOE.
No, no hay razones ni siquiera indicios de una recuperación o de una posibilidad de remontar la deblacle, en ningún sitio. No nos engañemos con las lecturas de males menores, de avances sobre el mismo ladrillo o de pruritos en dar lecciones magistrales. Los resultados han sido malos, pero si además se presentan como victorias siguen siendo malos y además acompañados de
El pesimismo con el que vemos la situación está más que fundamentado; no sólo por la curva decreciente de los procesos electorales sino por algo mucha más grave que eso: la degradación de la vida política, orgánica e incluso de relaciones personales en el seno de la organización.
Y sin embargo
Sobre esta tierra yerma parece casi imposible cultivar nada viable, serio y con pretensiones de durabilidad y muchísimo menos de ser instrumento de liberación social. Sólo hay un punto de posible regeneración que viene dado por la constatación de dos realidades:
1ª- El campo de acción para una fuerza política como la que pretendió ser IU es tan vasto como un océano. En él se inscriben movimientos de todo tipo que pretenden con sus luchas y sus actividades hacer bueno aquello de que “Otro mundo es posible”. Pero hace falta una organización política que respetando esos movimientos y trabajando lealmente con ellos realice una labor que demuestre como la intervención política no es otra cosa que la intervención de la sociedad para hacer de la Política sinónimo de Transformación social.
2ª- SOBRE LOS TRABAJADORES Y ASALARIADOS SE CIERNE, SO PRETEXTO DE LA CRISIS, UNA DE LAS MAYORES AMENAZAS DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS.
La propuesta
La Asamblea federal próxima debe hacer en dos fases.
2º- Y ello implica como prenda de cambio y de nuevo comienzo la renovación de al menos el 50% de todos los órganos de dirección, desde la Federal hasta la agrupación básica con las condiciones y plazos que se fijen, pero antes de la primera parte de
3.-1 IU, Movimiento Político y Social Organizado que fija su objetivo en
Una vez que estos puntos hayan sido discutidos, asumidos y sistematizados en una única Tesis político- organizativa la primera parte de la Asamblea los aprueba y pone en marcha el desarrollo de los mismos.
Segunda fase. Una vez que la primera fase haya sido culminada se procederá a la convocatoria de
Esta es mi opinión y mi propuesta. Sé que al hacerla puedo levantar suspicacias incluso escándalos pero creo que es la única manera de poner en pie una necesidad.
Valencia, 14 de abril de 2008.
Glòria Marcos i Martí
Ricardo Sixto Iglesias
Ignacio Blanco Giner
Miembros de
Afiliados independientes a IU y a EUPV.
¿Qué hacemos con la casa en ruinas para poder seguir viviendo en ella? No tiene sentido limitarse a cambiar el presidente de la comunidad, repintar la fachada del mismo color y hacer unos cuantos trabajos de fontanería fina, porque la estructura acabará cayéndose irremediablemente. O la rehabilitamos, manteniendo únicamente en pie la fachada pero reconstruyendo todo el interior; o construimos todos juntos otra casa en el mismo solar. En cualquiera de los dos casos necesitamos nuevos planos, materiales de calidad, gente entusiasta y con ganas de trabajar y, sobre todo, tomar las decisiones a tiempo. Pongámonos manos a la obra.
Izquierda Unida, la organización en la que compartimos militancia y trabajo político tantas compañeras y compañeros de izquierdas, está en una profunda y grave crisis electoral, política, organizativa, económica e incluso cultural. El resultado de las elecciones generales del 9 de marzo no es la causa de esta crisis, sino su manifestación más expresiva y dolorosa, que debería hacernos reaccionar si queremos que la izquierda alternativa tenga algún futuro en nuestro país.
Para ello, lo primero que necesitamos es abordar un análisis a fondo sobre la actual situación, sus causas y consecuencias, y las vías de actuación para recuperar el espacio social y electoral perdido. Una reflexión serena pero sin anestesias emocionales que muchas veces sólo sirven para neutralizar los saludables y necesarios impulsos de cambio.
Hace poco más de un mes de las elecciones generales. Las encuestas previas marcaban una tendencia dirigida al mantenimiento o al descenso moderado de los ya modestos resultados de IU-ICV en 2004, que en aquel momento se consideraron, en parte, fruto de los atentados del 11M y la situación política posterior. Sin embargo, las elecciones europeas de pocos meses después, que deberían haber supuesto una recuperación del “voto prestado”, confirmaron una tendencia sostenida de descenso. Ahora la catástrofe electoral del 9 de marzo vuelve a dejar patente que no tenemos ningún suelo electoral firme bajo nuestros pies. Si hoy se celebrasen nuevas elecciones generales, quizás ni siquiera alcanzáramos los 600.000 votos de las últimas europeas.
La pérdida de apoyo social, manifestada en el descenso electoral sostenido, nos ha llevado hasta el borde de la intranscendencia institucional. Los momentáneos repuntes y los buenos resultados en algunos municipios y zonas concretas, apenas desvían una curva descendente que se aproxima peligrosamente a la marginalidad. De proseguir la misma tendencia y si no conseguimos invertirla puede augurarse la desaparición de Izquierda Unida de la mayoría de las instituciones en próximas citas electorales.
El entorno político es hostil. Vivimos en una sociedad capitalista, imbuida a todos los niveles por los valores y la ética propios de este sistema. El entramado institucional y la legislación electoral están aparejados para favorecer la alternancia en el poder de dos grandes partidos que comparten los mismos postulados básicos. Además, como ponen de relieve los resultados de otras fuerzas políticas de nuestro entorno próximo, existe una multiplicidad de factores que contribuyen a hacer muy difícil la supervivencia de los movimientos políticos de la izquierda alternativa. Es necesario desgranar y estudiar estos mecanismos y procesos que nos impiden avanzar. No obstante, también es necesario constatar que en este mismo entorno, aunque en otros momentos, hemos tenido una mayor presencia institucional y apoyos electorales muy por encima de los que ahora tenemos. Con todo y a pesar de ser los factores exógenos los que de forma más importante limitan nuestra actividad y crecimiento político, los de tipo endógeno han resultado fundamentales para acabar en la situación tan grave que padecemos, y afectan también a la percepción que generamos en nuestros ámbitos próximos.
Parece evidente que una buena parte de lo que hacemos se analiza en función de lo que son o deberían ser nuestras relaciones con el PSOE. Esta característica de nuestra naturaleza ha sido conscientemente desarrollada y situada en el centro de nuestra estrategia en la última etapa. Parecía como si IU sólo pudiese existir y hacer política en los márgenes del PSOE y como martillo de herejes del PP. Quien apostaba por esta línea partía del hecho de que resultaba muy complicado no contribuir a apuntalar inicialmente el cambio de gobierno tras las convulsas elecciones de 2004; pero resulta evidente que la obcecación en la misma estrategia durante toda la legislatura, llegando a sostener votaciones parlamentarias contra el propio programa de IU, ha tenido un resultado electoral lamentable. Durante toda la legislatura, hemos aparecido en las encuestas muy bien valorados por los votantes de otra fuerza política. Sin embargo lo que necesitábamos y necesitamos es estar bien valorados por los ciudadanos y ciudadanas que crean que somos una fuerza política útil para representar sus intereses y que por eso el día de las elecciones vayan a votarnos.
En ese marco de subalternidad, la política de “oposición influyente y exigente” ha sido teorizada, defendida y ejecutada por quienes, afirmando que era necesario buscar nuevas formas de hacer política, han favorecido que IU fuese derivando externamente hacia la confluencia con movimientos nacionalistas más o menos progresistas (modelo teorizado como el de “las izquierdas periféricas”), e internamente han propiciado el caos organizativo y la confederalidad de facto. Ambos movimientos centrífugos han contribuido a desdibujar peligrosamente la propuesta política que IU debe representar como izquierda alternativa, federal y unitaria.
En cualquier caso, al estudiar los resultados electorales llama la atención sobremanera el hecho de que ninguna de las federaciones de IU escapa a la debacle. Hemos sufrido el varapalo en todos los territorios del estado: donde gobernamos y donde estamos en la oposición; donde hemos sufrido una grave crisis y donde hay paz interna; donde tenemos un perfil más cercano al nacionalismo y donde no; donde son mayoría los llamazaristas y donde dominan sectores afines a la dirección del PCE; donde se ha insistido en lo socio-laboral y donde se ha marcado más el acento verde… No hay recetas mágicas. La transversalidad de la derrota es ominosa.
Seguramente por ello, asumiendo la magnitud desmesurada del desastre, nadie se apresuró a “sacar navajas”, y eso que la dirección llamazarista había dejado IU sembrada de agraviados que podrían haber clamado venganza tras la debacle. En los días siguientes a las elecciones, mientras el núcleo duro de la dirección federal aparecía colapsado, consciente de su protagonismo en el desastre, otros sectores intentaban marcar distancias y ganar centralidad en la nueva situación.
En este marco parecía perfilarse la necesidad de buscar una salida lo menos traumática posible. Sabemos que hay que ir a una asamblea, aún sin fecha, pues la previsión estatutaria ya ha sido superada y la dirección federal ha quedado absolutamente desacreditada. Así, desde
El primer paso fue tratar de establecer un nuevo núcleo de dirección contando para ello con las grandes federaciones y con el PCE. Esta “nueva mayoría” debía vehicular sus actuaciones a través de
Sin embargo, cada día que pasa la debilidad del núcleo llamazarista va menguando. Dirigentes como Montse Muñoz y Rosa Aguilar, y federaciones como IU-Asturias levantan la bandera de la legitimidad de la dirección federal y descargan la enorme responsabilidad de la debacle en los opositores a la misma. El carácter de Gestora de
En
En definitiva, en un mes tras las elecciones se ha producido una recomposición cupular que apunta la búsqueda de un “post-llamazarismo” para que al final no cambie (casi) nada. Por lo visto en las primeras sesiones del Congreso, tras lo aprobado en
Todavía no se sabe cuándo será la asamblea, pero resulta obvio que es absolutamente imposible que se celebre antes del verano. Necesitamos hacer la asamblea, pero ¿es una asamblea todo lo que necesitamos?
Es importante definir si vivimos una situación coyuntural o estructural, porque eso marcará una vía de actuación u otra. En nuestra opinión, no estamos simplemente ante una “crisis de dirección”, que se puede superar sólo con una asamblea que renueve los cargos y actualice las políticas, sino ante toda una “crisis de proyecto”, lo que nos obliga a ir mucho más allá en el análisis y en la respuesta.
Desde nuestra profunda preocupación por la situación actual, estamos convencidos de la vital necesidad de abrir urgentemente debates sobre cuestiones concretas e ir adelantando soluciones lo más rápidamente posible, antes de que el conservadurismo interesado de los núcleos dirigentes nos lleve a una “única salida” que es un callejón sin salida.
Tenemos la percepción de que son necesarios muchos cambios para poder salir adelante. Hay que cambiar la dirección política, es evidente y necesario, además hay hacerlo con cierta urgencia. También hay que modificar la línea política que se ha venido proponiendo desde la actual dirección. Pero los cambios no se agotan ahí. La estructura de IU, anquilosada y obsoleta, superada por las circunstancias y los poderes fácticos que distorsionan una y otra vez la democracia interna, debe ser objeto de muy profundos cambios. Tenemos que revisar también nuestros programas y la forma en que formulamos nuestras propuestas políticas, porque cada vez atraen a menos votantes. Debemos cambiar la imagen y revisar en profundidad no tanto lo que somos (cosa que parece que siempre estamos revisando en exceso) sino sobre todo cómo pretendemos llevarlo a la práctica.
Son tantos los cambios que nos parecen necesarios, que el primer debate que se vislumbra es sobre la validez y la viabilidad del proyecto actual de IU. El propio hecho de impulsar este documento expresa nuestro convencimiento de que es necesario un proyecto de izquierda alternativa en España, y de que el mismo es posible. Pero ¿es actualmente Izquierda Unida un buen formato para vertebrarlo e identificarlo? Hay suficientes motivos para responder negativamente a esta pregunta.
1.- La marca “Izquierda Unida” puede que esté amortizada. Debemos cuestionarnos si sigue siendo un valor positivo, si identifica realmente al proyecto en el que estamos trabajando miles de hombres y mujeres. Se nos acusa permanentemente de nuestra desunión, de nuestros enfrentamientos internos. Si en 1986 la idea fuerza era unir a los partidos y movimientos de izquierda que se opusieron a
2.- La estructura actual de funcionamiento de Izquierda Unida es inadecuada para trabajar dentro de ella. Está anquilosada, es lenta, poco democrática, fácilmente manipulable, mastodóntica, inoperativa y cara de mantener. Se impone un cambio en profundidad en las estructuras de funcionamiento y sobre todo en los órganos de dirección, que deben ser simplificados y democratizados.
3.- La situación económica de IU hace inviable la continuidad de las actuales estructuras. Tenemos ahora mismo una deuda federal anterior a las últimas elecciones de 13 millones de euros (con bancos y proveedores) a la que habrá que sumar una parte de la de estas elecciones, que de momento asciende a 5,7 millones (con bancos y el Estado). Aparte, algunas federaciones tienen sus propias deudas y con ellas sus propias dificultades para salir adelante. Las finanzas federales tienen un importante déficit mensual. Ni haciendo acopio de todos los recursos habidos y por haber es posible dar viabilidad económica a IU tras la última debacle electoral. Los más optimistas sólo son capaces de vislumbrar un panorama económico agónico en permanentes número rojos.
IU, la casa en la que vivimos desde hace 20 años, que levantamos con ilusión juntando otras viviendas menores y en la que hemos pasado malos y buenos momentos, está en ruinas. Tanto la estructura y el tejado, como los tabiques, revestimientos y la fontanería, están muy deteriorados. Y ahora ¿qué hacemos? ¿derribamos o remozamos?
Si de toda la casa no hubiese nada que valiese la pena, lo lógico sería el derribo completo para hacer una nueva construcción. Pero éste no es el caso. Hay elementos que nos parece necesario conservar y poner en valor. Pero es imprescindible descarnar las estructuras básicas sustentantes y a partir de ahí, de los cimientos y pilares básicos, recuperando aquellos elementos que dotan del carácter propio al edificio, construir entre todos una nueva casa habitable, más confortable, y sobre todo más útil para los que estamos dentro y también para los que nos miran desde fuera.
Los elementos estructurantes que soportan IU son de dos tipos. Por un lado están los territorios, las federaciones, algunas con personalidad juridico-política propia; por otro lado están las “sensibilidades” políticas, comenzando por la más importante y significativa, el PCE, parte fundadora de IU y sin la cual cualquier proyecto de izquierda alternativa en España estará gravemente limitado, y siguiendo por el resto de corrientes estructuradas en mayor o menor medida, pero sin duda estructurantes de la vida ideológico-política interna de IU. Desde estas dos realidades hay que reconstruir una nueva IU.
Pero el elemento fundamental para la reconstrucción del proyecto, el elemento imprescindible, es la militancia. Las bases deben ser el sujeto activo de un proceso de debate abierto, valiente y democrático, en el que nos jugamos el futuro. Perdido el espacio institucional y buena parte del prestigio que tuvimos, el único patrimonio que nos queda son los miles de hombres y mujeres que siguen luchando colectivamente por cambiar este mundo injusto. Sin ellos y ellas, IU no es nada.
Apostamos pues por un derribo de todo lo que no es substancial, y por la reconstrucción de una izquierda alternativa en España, en un proceso colectivo y democrático, partiendo de las federaciones y de las sensibilidades, esto es, del reconocimiento de la pluralidad territorial y política, para conseguir la unidad en un proyecto federal con nueva imagen, nuevas formas, y una revisión de las políticas y los programas.
El nuevo proyecto debe nacer libre de los problemas orgánicos que hemos venido arrastrando hasta ahora. Unos nuevos estatutos deben dar origen a una nueva organización federal (no confederal), en la cual los censos y la afiliación dejen de ser un continuo e insoluble problema. Se pertenece a un movimiento, partido o asociación política (lo que democráticamente decidamos ser), cuando se muestra la voluntad de forma individual a través de un documento específico y personal de afiliación, y mediante el pago de unas cuotas de iguales características en todos los territorios, realizado también de forma personal. Los mecanismos de afiliación y pago de cuotas, aunque estén administrados por las federaciones, deben estar permanentemente consolidados con la estructura federal. Hay que huir del actual sistema de funcionamiento. Afiliación y cotización individual y claridad en los censos.
Es vital simplificar, dinamizar y democratizar las estructuras de dirección y participación. No deberían haber más de tres escalones de organización-dirección en todos los niveles territoriales: asamblea, consejo político y comisión ejecutiva. La actual dualidad de los máximos órganos de dirección (Presidencia y Consejo Político) se ha demostrado negativa por la desmesura de su composición y la inoperatividad de su funcionamiento. También ha llegado el momento de poner en cuestión ciertas liturgias, asentadas históricamente, que hacen inoperantes las reuniones de los órganos de dirección (por ejemplo, resulta increíblemente absurdo que en el CPF se sucedan más de 70 intervenciones de tres minutos para acabar votando en función de mayorías y minorías prefijadas). A partir de la muy mejorable experiencia de las pasadas primarias postales, deberíamos potenciar la participación directa, libre y consciente de la militancia, con procedimientos claros y verificables, planteando asambleas federales más vivas y decisorias. Y, por supuesto, hay que asegurar el cumplimiento de las decisiones tomadas democráticamente en los órganos competentes, haciendo que la amarga experiencia de la última legislatura quede como una excepción.
Hay que recomponer la federalidad del proyecto. Ello implica la igualdad entre las partes. Todas las federaciones deben tener el mismo nivel de competencias reservando las que se decidan para la instancia federal. La nueva IU no puede ser, como ahora, un híbrido de organización quasi-federal más un conglomerado confederal. A partir de las federaciones existentes debe conformarse un proyecto federal que alcance a todo el estado. La representación en el PIE debe corresponder a IU, no puede haber federaciones que tengan una representación diferente a la del conjunto del proyecto.
El fundamental cambio de la política.
Tan esencial como los cambios en la estructura y la marca, es el cambio en la política. Por definirlo en pocas palabras, hay que resituar a la nueva IU en su propio espacio, con su propio perfil. La estrategia política defendida por la actual dirección, sintetizada en la expresión “oposición influyente y exigente”, pasó a su fase aguda en las semanas previas a las elecciones cuando en el discurso se deslizaba la intención confesada expresamente de entrar a formar parte del futuro gobierno. Quizás si en su momento hubiésemos tenido el suficiente número de diputados y diputadas en el Congreso como para ser realmente influyentes y exigentes podríamos habernos planteado participar en un gobierno verdaderamente de izquierda plural. Pero defender esa estrategia con un grupo de 3+2 diputados es casi ridículo y suicida si hablamos en términos electorales.
Tras la debacle electoral, nos vemos ahora en un grupo parlamentario denominado textualmente “Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana – Izquierda Unida – Iniciativa per Catalunya Verds”. Ni siquiera se ha tenido el detalle de añadir el término “técnico” (o cualquier otro sinónimo), máxime cuando esta fue la excusa con la que se defendió en
Igual que cambiar las políticas de coyuntura, hay que revisar las líneas programáticas básicas. Nuestros programas hace tiempo eran altamente elaborados y muy participativos. Esa dinámica ha venido cambiando hasta llegar a un modo de proceder en el cual unas pocas mentes, más o menos brillantes, elaboran una propuesta programática poco o nada debatida en una conferencia que dura unas pocas horas. No podemos permitirnos el lujo de pensar que los programas no son importantes, cuando para nosotros, como movimiento político y social, el programa es la argamasa que puede mantener unido el edificio que conformemos.
Hemos de afrontar con valentía la actualización de nuestras propuestas, la sociedad ya no es la misma que hace veinte años. Tenemos un ideario inmaculado, en tanto que no hemos tenido ocasión de contrastar su validez con la realidad, pero para enganchar con las personas a las que dirigimos nuestras propuestas hace falta algo más que la fácil nostalgia de unos tiempos que ciertamente fueron mucho mejores. La izquierda debe ser crítica y combatir al sistema, y para ello lo primero es conocerlo y después formular alternativas. Hace tiempo que no nos ponemos a ello, también intelectualmente hemos estado viviendo de las rentas.
¿Cómo y cuándo realizar los cambios?
La tarea pendiente semeja la limpieza de los establos de Augías. Necesitamos la energía de un río para ello, y solamente las bases de esta organización tienen semejante fuerza.
Todo parece apuntar a la existencia de un grupo de dirigentes que plantean una recomposición cupular que pretende solucionarlo todo con un simple cambio/recambio del equipo de dirección, con poca o ninguna revisión del resto de cuestiones. Que a estas alturas no se hayan abierto debates importantes entre el conjunto de la organización [1] también parece preocupante, porque denota una atonía general sobradamente justificada por el shock electoral, pero cuyos efectos debemos combatir urgentemente para que no nos dejen sumidos en la inacción y la ruina.
Hay que preparar la asamblea con tiempo, pero no podemos estar con las “carnes” asamblearias abiertas permanentemente. Es muy urgente, urgentísimo, relevar a los capitanes del desastre, al equipo que ha dirigido IU hasta esta terrible situación. No deben estar ni un solo minuto más al frente de IU o lo que quede de ella. La comisión nombrada por
La asamblea ya no puede ser antes de verano. Hay que aplazarla al último trimestre del año. Para conceder el máximo espacio y tiempo al debate y al trabajo debería celebrarse hacia finales de 2008.
Será en
[1] Una vez concluida la redacción del presente documento hemos podido leer un texto de Julio Anguita con el que coincidimos en muchos aspectos y que estamos seguros contribuirá, junto con otros, a promover este debate en el seno de IU.
15 de abril 2008
(Miembros de
Los desoladores resultados electorales de IU el pasado 9 de marzo han tenido la virtud de poner de manifiesto sin tapujos la extrema gravedad de la crisis de la organización, cuyas raíces son profundas, largo su proceso de gestación, con un punto culminante en la orientación suicida de la campaña electoral conducida personalmente por Gaspar Llamazares, que al postularse para entrar en el gobierno socialista ha hundido la credibilidad del discurso crítico hacia el PSOE, ha desarmado IU frente a la llamada al voto útil y desorientado a una parte importante de su base social que se ha refugiado en la abstención.
La crisis viene siendo denunciada desde hace tiempo:
Es verdad que para llevar a cabo esa política durante la anterior legislatura el Coordinador general ha contado hasta el último momento con una mayoría en el Consejo político (hasta el caso de Valencia) y
A nuestro entender, la crisis de IU es una crisis global, si cabe
En el plano organizativo interno la descomposición de IU en estos momentos no tiene parangón con ningún momento del pasado. Los militantes, el más preciado patrimonio de una fuerza política de izquierdas, no cuentan, no existen, ni para decidir e influir ni para llevar a cabo tareas políticas. La vida en la organización se limita a cambalaches, contubernios, reuniones de grupos, sensibilidades, sectores, en la que los barones, marqueses, duques y demás advenedizos pretenden imponer sus criterios y acaparar poder olvidándose de
Los datos anteriores no agotan la descripción de la descomposición política y organizativa de IU, pero si dan una idea suficiente de la intensidad de la degradación padecida. Los resultados electorales de IU pueden explicarse perfectamente por la situación interna, sin perjuicio de la influencia que desempeñan otros factores y de una ley electoral injusta, que han hecho que el retroceso numérico de los votos y la pérdida de tres diputados sea valorado por la gran mayoría de IU como una debacle. En todo caso además, la tarea de recuperar IU, o un proyecto de izquierdas que ocupe el espacio político que se pretendió en sus orígenes, para salir del atolladero en que la izquierda anticapitalista esta sumida, pasa esencialmente por remover todas las deformaciones sufridas en los últimos tiempos como condición necesaria, aunque no suficiente. El drama es que hay que volver a empezar y tener que volver a hacer realidad la frase tan repetida de que si IU no existiera habría que inventarla.
El desastre electoral el 9 de marzo debería de haber producido la inmediata e irrevocable dimisión del Coordinador general y su equipo próximo. Se echó de menos una reacción como la dimisión de Almunia cuando fue derrotado contundentemente por Aznar en las elecciones del 2000. En lugar de desaparecer, de hacer mutis por el foro, de abrir puertas y ventanas para que entre nuevo aire, de provocar una conmoción en la organización para que ésta con sus fuerzas afronte la cruda realidad, Gaspar Llamazares volvió a recurrir a las artimañas con la intención de seguir manejando la organización o al menos para preservarse un papel importante en el futuro. Anunciar que no se presentaría a la reelección de Coordinador era una concesión gratuita a la galería, puesto que estatutariamente ya ha sobrepasado los mandatos posibles. Siempre se había especulado con que en el peor de los casos habría un intento de supervivencia del “llamazarismo” sin Llamazares, y este se ha prestado a trabajar por dicho objetivo con el apoyo de sus decepcionado colaboradores.
Cabe afirmar que si el “llamazarismo” sobrevive en IU, cualquiera que sea su versión, no habrá recuperación posible del proyecto. En esa situación, tampoco es pensable ni creíble una IU como catalizadora de la regeneración de la izquierda política en un sentido más amplio. En nuestra opinión, tampoco se conjura este peligro con la decisión adoptada por la Presidencia federal de constituir una comisión que prepare
Lo actuado hasta aquí después del gravísimo revés electoral nos pone en camino del desastre total. La salvación de IU es una tarea llena de dificultades al punto de que verosímilmente no sea posible. No obstante, en nuestra opinión, conociendo la realidad de la organización, la degradación que sufre, el desánimo que recorre a sus mejores militantes, podemos asegurar que el continuismo por el que parece haberse optado no lleva a ninguna parte, que así no saldrá IU de la profunda sima en que ha caído. Sólo la ruptura con el pasado, sólo una catarsis que remueva y renueve en profundidad la organización, puede poner las bases para el renacimiento de la izquierda política en nuestro país.
La candidatura de
Advertidos, por nuestra parte, de los peligros que amenazan la salida de la crisis de IU y apostamos de manera decidida por un a un gran debate interno abierto en todo lo posible a la sociedad que nos circunda, por una reflexión sobre la realidad política, por la superación de la esquizofrenia que significa pretender
La crisis del capitalismo y la inestabilidad del sistema financiero internacional tendrán graves consecuencias sobre la economía española, recorrida de graves desequilibrios y contradicciones. El colapso del sector de la construcción arrastrará a otros sectores de la industria y de los servicios, el déficit exterior avisa de nubarrones en el horizonte, el endeudamiento desorbitado se verá agravado por las dificultades crediticias, la extrema precariedad hará estragos en el mundo laboral, la disminución de los fondos europeos reducirá el margen de maniobra al gobierno de Zapatero. Con menos ingresos y más necesidades de gastos se tensarán todas las contradicciones existentes, las sociales, con nuevas amenazas sobre la clase trabajadora, y las territoriales, que pondrán al desnudo los problemas de fondo del actual modelo de estado. En suma, las condiciones para la movilización social estarán al orden del día.
Las ilusiones en el gobierno del PSOE se irán desvaneciendo al ritmo de la crisis y de la lucha social. La elección del Presidente Zapatero con la abstención de la derecha nacionalista de CiU y PNV anuncia futuros pactos de estabilidad que empujarán al PSOE en su viaje a
¿Sabrá IU ser útil a la clase trabajadora y al conjunto de oprimidos en los próximos años? ¿Aprovechará esta oportunidad para ser un referente de la izquierda anticapitalista? En nuestra opinión, una respuesta positiva a estos interrogantes sólo es posible si se produce una verdadera catarsis durante el proceso y celebración de
Enrique Centella/ abril 2008
Manifiesto de la candidatura de
- El agotamiento de un modelo de crecimiento económico basado sobre la explotación extrema del trabajo, el deterioro de los servicios públicos, las privatizaciones, la destrucción de
- La
- Un envalentonamiento creciente de la derecha más reaccionaria, que permite prever explosiones futuras de xenofobia y violencia entre los sectores populares.
En esta fase, el objetivo político de Izquierda Unida debería ser construir una fuerza alternativa y republicana al gobierno de Zapatero, desde un análisis y una propuesta programática autónoma, sabiendo que, para influir, hace falta fuerza en la sociedad y convicción política de la militancia y, para exigir, hace falta partir del conflicto social. Levantar una oposición social y política, de izquierdas, que no impide llegar a acuerdos parciales
Si la política es el arte de los matices, debería quedar claro que para una fuerza anticapitalista y con vocación socialista como es IU, lo más importante es hacer avanzar su programa, a la vez que resaltar las relaciones estrechas de los poderes económico-financieros con la política que realmente está haciendo en muchos campos el gobierno de Zapatero. Este es, a nuestro juicio, el rasgo distintivo, el punto diferenciador que debe caracterizar a IU, del cual deben surgir su lucha contra la derecha (económica y política) y su lucha contra las políticas de derechas.
En función de estos objetivos, plenamente enraizados en las culturas y tradiciones de la izquierda, proponemos:
1) Construir la alternativa al neoliberalismo.
El neoliberalismo hay que entenderlo como un proceso histórico de recuperación capitalista e imperialista, cuyo objetivo ha sido hacer retroceder las conquistas históricas de los trabajadores y de los pueblos, mercantilizar el conjunto de las relaciones sociales y la vida en el planeta, convertir la democracia en un simple ritual electoral y bloquear con la globalización cualquier intento de cambio de base del desorden existente.
IU debe (re)construirse como alternativa social, política y cultural al neoliberalismo, impulsando el conflicto social y la organización de los ciudadanos y ciudadanas en torno a una alianza violeta, verde y roja, desde una estrategia que se plantea hasta las últimas consecuencias la socialización del poder, la riqueza, el trabajo y los tiempos de
2) Republicanismo con República.
El debate republicano tiene fundamentos reales en la política española. Ha llegado y viene para quedarse. Lo que pone de manifiesto es el agotamiento del modelo de la constitución del 78 y la ruptura del pacto que dio lugar a la llamada transición política. De lo que se trata ahora es de crear las condiciones (no las hubo en 1978) para abrir de verdad un proceso constituyente donde la soberanía de los pueblos y de la ciudadanía decidan libremente.
Nuestra apuesta es clara: una reforma constitucional para llegar a una república federal y democrática, capaz de garantizar los derechos sociales básicos, el predominio de lo público y el derecho de los pueblos a su libre autodeterminación. Una España republicana en una Europa avanzada socialmente y solidaria con los pueblos del sur. Solidaridad que debería empezar con la derogación de la Ley de Extranjería y la renuncia a ejercer el papel de gendarme de una Europa-fortaleza ante cuyas fronteras se estrellan las esperanzas –y muchas veces las vidas- de millares de hombres y mujeres que huyen de la pobreza.
3) La centralidad del mundo del trabajo.
El conflicto capital/trabajo es hoy especialmente acusado y desigual: una clase obrera manual e intelectual muy numerosa, con una división interna (social, cultural y de género) extremadamente aguda y una creciente “invisibilidad social”, enfrentada a un capital globalizado, sin fronteras, de una voracidad ilimitada.
La lucha por la unidad de las clases trabajadoras, por su protagonismo político y su autonomía cultural debe ser un objetivo prioritario de Izquierda Unida. Por ello defendemos: a) medidas urgentes para recuperar los salarios y desarrollar los sistemas de protección social. b) luchar por el pleno empleo y contra la precariedad; c) la reducción de la jornada laboral, recuperando el principio de trabajar menos para trabajar todas y todos, y el pleno ejercicio de los derechos sociales y sindicales. d) valorizar la diferencia de género en el seno de las clases trabajadoras y la apuesta nítida por superar la división sexual del trabajo y un nuevo reparto de los tiempos de la vida; e) la democracia económica como desarrollo de la democracia de los trabajadores que posibilite a estos intervenir en la organización del trabajo y en el control del excedente económico; f) impulsar políticas reales que fomenten la solidaridad de clase entre los inmigrantes y el resto de los trabajadores, combatiendo cualquier forma de xenofobia y propiciando el pleno ejercicio de todos los derechos.
4) Una estrategia preventiva de paz
A estas alturas es claro que hay una relación directa entre la globalización capitalista, la militarización de las relaciones internacionales y la guerra, preventiva o no. También queda claro que este proceso tiene como instrumento privilegiado la OTAN y que las diversas iniciativas que se están tomando van en la dirección de un rearme general. En este contexto han saltado las alarmas y se apunta a un ataque preventivo masivo (un ataque desarmante) contra Irán, realizado por Israel, EEUU y la OTAN.
La situación no admite espera. Urge impulsar una estrategia de paz preventiva que impida la ampliación de las guerras ya existentes en Oriente Medio y proponga una alternativa de paz basada en el desarme, en la reducción de los arsenales militares (nucleares o convencionales), en la eliminación de todas las bases militares, la disolución de la OTAN y la apuesta clara por un nuevo orden económico, social y ecológico internacional. En definitiva, IU debe tomarse el pacifismo muy en serio y activarse frente las guerras actuales y las que se presagian.
5) Contribuir activamente a la construcción de la alternativa a la Europa neoliberal y del Partido de
6) Encontrar las vías hacia un socialismo del siglo XXI.
La ofensiva neoliberal, la crisis de lo que en otros tiempos fueron los movimientos de liberación nacional y el derrumbe del socialismo realmente existente, han tenido como su consecuencia más evidente la desaparición –en el imaginario colectivo y en el programa del movimiento obrero- de la perspectiva de superación de la sociedad capitalista, es decir, lo que históricamente se ha llamado el socialismo.
Hoy, en América Latina y en otras partes del Planeta, al calor de las luchas sociales, del movimiento antiglobalización y de los cambios políticos, retorna de nuevo la alternativa al neoliberalismo como parte de un proceso histórico de superación de la sociedad capitalista.
La tarea no es fácil, pero una fuerza alternativa como es IU debe organizarse en torno a principios fuertes y a esperanzas fundadas en las contradicciones sociales y culturales reales. Lo fundamental es situar la idea de un nuevo socialismo en la agenda política, que sirva de horizonte y engarce con nuestras reivindicaciones programáticas, desde el convencimiento de que para salir de la actual crisis de la izquierda hace falta crear una subjetividad antagonista y que esto hay que organizarlo.
Las tareas inmediatas de Izquierda Unida
Todas estas ideas fuerza deben concretarse en propuestas precisas que se conviertan en el núcleo básico de nuestro programa electoral, elaborado colectivamente y donde las áreas jueguen el papel central que le asignan los estatutos y los principios fundacionales de IU.
Pero no basta con la elaboración colectiva del programa. Hace falta una revitalización de IU en todos los órdenes, que implique activar el trabajo militante, democratizar la organización, restaurar el papel de los órganos e integrar la pluralidad en todos los niveles.
La derrota electoral del 2004 señala un punto de inflexión especialmente grave para IU. Dicho con más claridad: para una parte importante de los hombres y mujeres de izquierdas, IU no fue útil para desalojar del gobierno al Partido Popular en momentos marcados por una protesta política de grandes dimensiones. Se echó al PP, pero al alto precio de hundirse IU. Tal resultado tendría que haber provocado una reflexión de fondo sobre la línea política predominante en nuestro movimiento y las medidas necesarias para rectificar una estrategia que nos llevó al borde de la desaparición.
Tras la derrota del PP había distintas posibilidades, como siempre, y se escogió asociarse al gobierno de Zapatero y conformar, en la práctica, una mayoría parlamentaria con el PSOE. Las consecuencias no han sido positivas.
En primer lugar, se ha diluido nuestro perfil político y hemos aparecido como plegados y subalternos a la estrategia política del gobierno de ZP. Las dificultades para ”vender” las iniciativas propias tenían y tienen que ver -no podía ser de otra forma- con el control de la agenda y de los tiempos por parte del gobierno. Nunca se alcanzó un acuerdo programático explicito, lo que incrementaba la capacidad de maniobra de éste, que estaba en condiciones, en cada momento, de escoger socios para sacar adelante sus iniciativas
Segundo, la parte sustancial de la actividad de IU se ha concentrado en torno a un grupo parlamentario débil y en coalición con IC-V. La paradoja resultante es digna de análisis: una fuerza política de la izquierda alternativa que todo lo fía a un grupo de tres diputados y a su presencia en los medios de comunicación.
Tercero, la conexión con la sociedad ha sido fundamentalmente electoral, de modo que las áreas y las organizaciones de base han languideciendo, sin tener tareas especificas y, lo que es más grave, sin dárseles motivación alguna. La pérdida de la autoestima esta estrechamente unida a la carencia de un proyecto que genere ilusión y al convencimiento de que el trabajo militante sirve para poco. De ahí que se imponga una lógica que “prioriza” la implicación en lo local. Se podría decir que IU existe en gran parte gracias al trabajo de centenares de concejales y concejalas que en condiciones especialmente difíciles se fajan cada día con los problemas reales de las personas y dan prueba de que nuestra organización sigue siendo un instrumento útil y necesario, pero insuficiente para atacar el fondo de dichos problemas.
Todo el bagaje intelectual, moral y organizativo de IU ha ido desdibujándose y hoy nuestro movimiento vive una situación de profunda división en su seno, de desánimo y de pérdida de identidad. Una formación que tenía la vocación de ser una fuerza alternativa y que hacía de la crítica a las formas tradicionales de hacer política un aspecto central de su identidad, es hoy, en muchos sentidos, un partido más, obsesivamente centrado en lo institucional, con importantes déficits democráticos y una pérdida real de trabajo militante voluntario. Un contexto así es propicio a la interiorización, a la dilución, a la pelea interna, a la lucha por un poder institucional cada vez más escaso y a la falsificación del debate en nombre de no se sabe muy bien qué compromisos.
Ante esta situación, la candidatura que presentamos tiene como objetivo recuperar a IU como un proyecto estatal articulado federalmente, construir su identidad político-moral y revitalizar su conexión con
Defendemos una IU movimiento político y social. Una IU plural, plenamente democrática y abierta a la sociedad, con lo que queremos subrayar, en primer lugar, que esa pluralidad ideológica y cultural tiene que basarse en un programa común, de carácter transformador y alternativo, y desde una lógica que tenga en su centro la superación del capitalismo. En segundo lugar, que debemos potenciar una formación política de nuevo tipo, basada en el trabajo voluntario y donde se combinen la lucha institucional con la lucha social: el mero electoralismo no da votos a una formación política de la izquierda alternativa; es el trabajo cotidiano en la sociedad, implicándose en el conflicto social, lo que hace fuerte a una organización como IU. En tercer lugar, la centralidad de las Asambleas de base: sin la participación activa de la militancia, sin su ilusión y su esperanza organizada, una formación como la nuestra no tiene futuro. Por último –aunque no precisamente en importancia-, hay que cambiar las relaciones con los grupos institucionales de modo que estos expresen las elaboraciones y el posicionamiento colectivos de la afiliación que representan. Y en lo que al grupo Federal se refiere, nuestra candidatura se compromete a restituir a los órganos las decisiones sobre la acción institucional, con la participación del conjunto de la afiliación a través de los mecanismos orgánicos ya existentes y mediante nuevos mecanismos que lo posibiliten.
Nada en la historia esta decidido de antemano. El futuro de IU no depende solo de sus dirigentes sino del conjunto de la organización y especialmente de la militancia que desde las asambleas de base tiene que hacer suya esta tarea de reconstrucción. El respaldo a la candidatura de
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