(Córdoba 9 de Abril del 2008, a los 31 años de nuestra legalización)
 
La situación casi terminal de IU afecta al PCE muchísimo más de lo pudiéramos pensar. A este proyecto el Partido ha dedicado con generosidad dinero, infraestructuras, dirigentes, prioridades y la casi totalidad de sus esfuerzos. Es cierto que nuestra apuestas tanto por Convocatoria como por Izquierda Unida, venía dada también por la necesidad de encontrar un espacio de representación política que sirviese además para remontar la difícil situación que teniendo su origen casi en la Transición, se explicitó con fuerza en las elecciones autonómicas andaluzas y generales de 1982. 
        
Somos un Partido que a lo largo de su historia ha demostrado su talla en los momentos difíciles y de excepción. Tanto la Guerra Civil como el franquismo fueron los ámbitos en los que el PCE creció, influyó y marcó la pauta política. Es verdad también que nuestro nacimiento venía marcado por un acontecimiento de excepcionalidad universal: la Revolución Rusa de 1917.     
 
La Transición tal y como se ha desarrollado fue posible por la actitud del PCE y su aportación al proceso que diseñándose con anterioridad fuera de nuestras fronteras necesitó de pilares y esfuerzos internos. Sabemos que esta aportación del PCE puede ser cuestionada a años vista de la Transición y viendo desde la perspectiva histórica el legado de misma; pero sea cual fuere el juicio acerca de lo que el PCE realizó no cabe la menor duda de que su papel en aquellos años fue decisivo para bien o para mal.         
 
Asentado en nuestro país el régimen de la Transición comenzó para el PCE una época en la que su trabajo debía hacerse dentro de la “normalización democrática” con unas instituciones elegidas por sufragio universal y con todas las dificultades económicas, mediáticas y políticas para un Partido acostumbrado a otras tareas y que no tuvo tiempo o no supo hacer una revisión serena y a fondo de lo que los nuevos tiempos traían. Las medidas más urgentes e inmediatas fueron tomadas dentro de la confrontación; la cuestión del abandono del leninismo no era sino la búsqueda de la homologación con “occidente” y los cambios organizativos eran consecuencia de la decisión estratégica de hacer una organización preparada primordialmente para las confrontaciones electorales. En ese modelo que nunca, nunca -repito- fue expuesto claramente como tal, era CCOO la encargada de soportar el frente de lucha económico y social pero plegándose siempre a los supremos intereses de la lucha político-institucional y sus correlaciones de fuerzas. El modelo no aguantó mucho tiempo pero así fue concebido por la alta dirección de entonces.         
 
La Monarquía y la Constitución de 1978 tenían mayor capacidad letal de lo que al principio podía suponerse. La tan denostada- y con razón- Ley Electoral con sus sistema d¨Hont , el blindaje del Ejecutivo, la chapuza del Estado Autonómico del “café para todos”, la tutela del Ejército y las sucesivas conculcaciones del texto constitucional con la excusa de la construcción europea fueron desembocando en lo que fue en el fondo la Transición : una Restauración neo-canovista.         
 
Las sucesivas abducciones del PSOE a dirigentes de nuestro Partido así como las seriadas crisis en el seno del mismo porticaron la historia de un declive institucional que conllevaba también el declive social como consecuencia de la otrora buscada “normalización democrática”. Nuestra actividad se insertó de lleno en los parámetros de cualquier fuerza política homologada. El que CCOO, cuyos dirigentes eran en su mayoría del PCE, comenzase un giro hacia otro tipo de sindicato terminaba de afianzar el modelo clásico de intervención en la política, tal y como se practicaba en otros lugares; era una visión de la “normalización”. Un cambio cuyo mal no sólo radicaba en el cambio de naturaleza sino además en la forma en que se había efectuado, con sigilo, día a día, paulatinamente y sin ser discutido.         
 
En pleno auge de la crisis y en el XI Congreso el PCE aprobó una orientación hacia lo que se llamó la Convergencia. Aquello fue rechazado por quienes después fundaron el PT, sumándose así al festival de siglas comunistas que cristalizaban con el “noble propósito de luchar por la unidad de los comunistas”.         
 
Convocatoria por Andalucía en 1984 e IU en 1986 pusieron ante el PCE el reto de retomar en condiciones de “normalidad democrática” la lucha para la que había nacido. Los éxitos electorales de 1986 (7 diputados en el Congreso y 19 en el Parlamento andaluz) confirmaron las expectativas electorales y que aquella política podía ser un instrumento de futuro.         
 
La construcción de IU no fue fruto de un día ni tampoco obra de un grupo privilegiado, fue tomando cuerpo en los años siguientes y creando sus propios conceptos, sus señas de identidad. La política derechizada del PSOE ayudaba a ese rumbo. Sin embargo ya estaban ahí marcados los orígenes del conflicto que desde entonces hasta hoy ha afectado tanto a IU como al PCE.         
 
Una apuesta como la que hizo el PCE cediendo soberanía, representatividad, locales, etc demostraba que la misma era sincera pero no se tuvo en cuenta que la misma afectaba a la organicidad misma del Partido, a su constitución, funciones y ámbitos específicos de trabajo y acción. Quiero decir que no pudimos, supimos o quisimos culminar la apuesta siendo consecuentes y organizando un PCE cohesionado en torno a un proyecto y un esquema organizativo más eficaz, más ligero y a la vez más influyente ideológicamente. Ante nosotros se presentaba el dilema originado por la inserción de IU en la actividad pública ¿qué hace o para qué sirve el PCE?         
 
La desaparición de la URSS con las consecuencias ya sabidas sirvió para otra reposición de un mensaje reiterado con diversos nombres (casa común, reequilibrio de la izquierda, etc). En 1991 tuvimos una crisis como consecuencia del mensaje encabezado por altos dirigentes del PCE en torno a la desaparición del mismo y la consolidación de IU como partido político “de nuevo cuño”. La duda afectó a gran parte del Partido pero quedó claro en los debates que los proponentes buscaban fundamentalmente el cambio de naturaleza de IU y en consecuencia buscaban la liquidación de la fuerza que defendía su existencia como Movimiento Político y Social Organizado.         
 
Que detrás de las otras crisis seguía estando la cuestión de la naturaleza de IU y sus proyectos volvió a demostrarlo el debate sobre Mäastricht y la consolidación de una candidatura alternativa que se alzó con el 40%. Estaba claro a estas alturas que una IU modesta y sin proyecto alternativo pero con un grupo reducido y fiel al PSOE era necesaria para poder demandar de ella apoyo en las votaciones decisivas; Investidura, PGE, etc. a cambio de nada. Digamos de paso que los resultados cosechados por IU en estas elecciones no han satisfecho totalmente al partido gobernante; se les ha ido la mano. En las sucesivas crisis derivadas de la confrontación entre dos concepciones se perdía un tiempo precioso y además también se perdía en atender y satisfacer las peticiones de representatividad de aliados que en muchos casos sólo vieron en IU un refugio para sus soledades. Y así se fue entrando en una dinámica confederal en la que también determinadas organizaciones del PCE se contagiaron de la “nueva política” y fueron centrando el debate en la confrontación cara a la confección de las listas electorales.         
 
En todo ello resaltaban dos cuestiones: 

  1. Desde el mismo seno del PCE procedían las sucesivas oleadas del mensaje que cuestionando la IU como MPS la querían como un partido al estilo y maneras del ejemplo italiano o catalán. Y es aquí donde quiero reparar para poder afrontar después la parte propositiva. El concepto de IU como fuerza para la Construcción de la Alternativa tenía dos adversarios, uno más consciente que otro. Pero ambos procedían del seno mismo del Partido; el uno no supo o no quiso ver que estaba ante algo que podía suponer y satisfacer el proyecto transformador del PCE pero con otros métodos, ritmos, acentos, alianzas, etc. y actuando en consecuencia puso el énfasis en el carácter instrumental del proyecto cara a la consecución del voto que sería posteriormente invertido en la Casa Común.
El otro, preso del miedo escénico y creyendo que aquello cuestionaba al PCE, ralentizaba como podía la toma de acuerdos y se aseguraba de la fidelidad de los aspirantes en las listas electorales. Es verdad que motivos no faltaban pero la desazón y la angustia le hacían confundir el todo con la parte. La división de IU en torno al ¿qué hacer? se manifestó en toda su dimensión cuando en el año 2000 se llegó a los acuerdos con el PSOE. Fue lo que describí en un artículo titulado “dos almas y un cuerpo” y que nunca pretendió sino hacer reflexionar acerca de la contradicción interna. Resumiendo, desde el seno del PCE han procedido siempre los elementos y propuestas que han ido creando las crisis en IU y cuestionando su proyecto alternativo. La realidad más cercana en el tiempo avala esta cuestión. 
 
2.-La existencia territorial de asambleas básicas de IU y agrupaciones del PCE es un contrasentido y una reduplicación de esfuerzos que conducen a la parálisis cuando no a la confrontación. He sabido de este problema cuando era Coordinador General pero ahora que debo asistir a mis órganos de base, me reafirmo en esta aseveración.         
 
Si el PCE continua apostando por IU o por una expresión política y social similar debe asumir que su estructura organizativa y su función política irrenunciables deben cambiar. Pero dejemos eso para más adelante.  ¿Qué PCE? Quiero partir de una necesidad personal a la que no pienso renunciar y que desde luego no he podido satisfacer muchas veces. Quiero y necesito como comunista que hace un trabajo político, reunirme cada tiempo con mis camaradas para cotejar experiencias, tomar acuerdos, enriquecer mis conocimientos teóricos y políticos y sobre todo para sentirme partícipe con otros y otras de una cosmovisión por la que he apostado hace tiempo. La satisfacción de esta necesidad debe ser reglada y contemplada a la luz de una estructura organizativa creada para ello; no estoy postulando una tertulia sino una entidad orgánica. Y como he dicho en bastantes ocasiones lucho, trabajo y defiendo IU pero desde mi militancia comunista. A partir de ahí todo es cuestionable, cambiable, superable y desde luego manifiestamente mejorable.         
 
Pero esta necesidad no puede estar servida por un ente que duplica funciones, confunde planos de actuación y se siente como total rehén de las valoraciones, acuerdos y decisiones de la fuerza política que ha decidido desarrollar, en este caso IU. Tampoco es el caso contrario. Se trata de una articulación de planos de expresión sin duda difícil pero no imposible y que en el fondo refleja las contradicciones y dificultades con que el movimiento revolucionario debe actuar. Las reglas fijas e inmutables son para lo inerte.         
 
Creo que nuestro Partido ha tenido un acierto cada vez que ha organizado y desarrollado plataformas e instancias unitarias. Y ello no es una característica que deba atribuirse exclusivamente a la ilegalidad sino que puede ser una manera peculiar de ejercer el trabajo político: ser la permanente levadura y fermento de la movilización social hacia la plena emancipación. Pudiera ser que un PCE a palo seco, con sus siglas y símbolos tuviera un 10% de los votos, pero allí se estancaría y además estaría sujeto a los vaivenes de la coyuntura política más inmediata. Para mí un Partido Comunista es la organización de una teoría política, una discurso, unos valores, una estrategia y unas alianzas; labores que requieren una cierta separación de las urgencias de lo inmediato.         
 
La lucha contra el Capitalismo globalizado ya no es sólo una cuestión de reparto- que también- sino de modelo alternativo de sociedad, con otros valores, otros modelos de calidad de vida, una especial atención a la cultura y a la ciencia, una aplicación universal de los DDHH y unas nuevas formas de concebir y aplicar la Política. En consecuencia la reflexión al aire de la práctica y de la profundización de la Democracia exigen una fuerza política concretada en una organización de cuadros. Creo que esta es la opción que tenemos delante de nosotros; es más, creo que no tenemos otra. Quiero aclarar, para evitar malos entendidos, que no tengo en mi mente ningún modelo del pasado; un partido de cuadros no es, en absoluto, una organización de élite o de cierta aristocracia de izquierda sino una especialización hija de la voluntad, la entrega y la capacidad de ganarse en buena lid el respeto desde su apertura a todo el mundo.         
 
Está claro que ello significa en primer lugar una concepción organizativa radicalmente distinta a la actual. Pero significa además un cambio total en la metodología de trabajo, en las características y tipo de militancia. Pero sobre todo significa la implicación de sus miembros en frentes de trabajo específicos: organizaciones de masas, culturales, científicas, etc. La militancia en el nuevo ente comunista debería estar avalada por la aportación para el análisis, la decisión y la aplicación, desde las experiencias de cada frente y cada militante.  La dura lección de los últimos acontecimientos. En el ánimo de muchos de nosotros estaba presente hace años la necesidad de que el PCE hiciese una profunda reflexión en torno al sentido de su existencia, su trabajo y su futuro. Los cambios operados en el mundo, el avance de la ideología conservadora, el aumento de las diferencias económicas entre poseedores y desposeídos, la multiculturalidad, el calentamiento global, el armamentismo pero sobre todo la asunción del consumismo y demás valores del neoliberalismo por grandes sectores de la población tanto en el primer mundo como en el países en vías de desarrollo, etc., exigen, desde la voluntad de cambiar mediante la Construcción de la Alternativa, un rearme precedido del conocimiento de nuestra propia realidad orgánica y política.         
 
La puesta en marcha del Manifiesto-Programa obedecía a esa necesidad; por eso se hizo tanto hincapié en que lo importante de aquél proyecto no era sólo la elaboración del mismo sino el método participativo con que debía hacerse. Se buscaba, en definitiva, la creación de conciencia de ser, de actuar, de auto-identificarse personal y colectivamente. Para algunos de nosotros había además otra motivación no menos importante. Creíamos que el proyecto de IU iba a la deriva y que más tarde o más temprano nos encontraríamos ante lo que ya tenemos delante: la práctica extinción de IU. Pensábamos que llegado ese momento debería haber un PCE cohesionado, con ideas claras, reafirmado en sus convicciones pero con una propuesta alternativa hija de la preparación, el debate y la síntesis operativa. Y esa necesidad era más urgente aún en la medida en que, como tantas veces, dirigentes conocidos del PCE hacían derivar el Proyecto de IU hacia otros derroteros lejanos de su origen. Si repasamos la nómina de miembros y dirigentes del Partido que comparten las posiciones del Coordinador General nos reafirmaremos en la necesidad de que el Manifiesto-Programa y su metodología participativa   deberían haberse aplicado antes; tiempo hubo. Ahora estamos en presencia de un Rubicón ante el que ambas organizaciones, PCE e IU, deben tomar la decisión de cruzarlo, con los riesgos inherentes o al contrario instalarse en la comodidad de la agridulce muerte por consunción, por extinción.   
 
Los acontecimientos nos han colocado ante la necesidad inminente de abordar en primer lugar la crisis de IU. Si hubiésemos avanzado en resolver la cohesión del PCE podríamos abordar el problema de IU desde una doble opción: refundarla o crear otra instancia unitaria. El caso es que así, como están las cosas, sólo cabe la primera opción. Pero escogida por necesidad esta última, el PCE debe prepararse para su propia Refundación; la asunción colectiva, consciente y dirigida a la acción de una nueva identidad comunista pero sobre otras bases políticas y organizativas que, asumiendo la herencia del pasado, le ubique en una nueva fase de su historia.   La propuesta          
 
La Refundación del PCE no puede ser como tampoco la de IU el resultado de un proceso endogámico sino, muy al contrario, el resultado de una conjunción de personas, colectivos y grupos que se definen como comunistas, vengan de la tradición que vengan. Ex militantes, simpatizantes, apartados provisionalmente de la actividad, y otros, deben encontrar en la Convocatoria el estimulante reto de recrear una organización comunista preparada para ejercer su función revolucionaria en esta época de Globalización capitalista. Esta idea era central en la metodología primitiva del Manifiesto-Programa.          
 
Nuestra experiencia como Partido nos ha enseñado y las enseñanzas de muchos de nuestros teóricos han reiterado que los comunistas somos los impulsores de un movimiento real que constantemente va impulsando cambios y generando procesos de masas. Esto nos sitúa en el ejercicio de un papel extremadamente importante pero a la vez difícil. Exige una permanente capacidad de análisis colectivo y un saber estar en el sitio justo; no es una cuestión de vanguardia sino de centro-eje que impulse desde la reflexión una actividad política transformadora y simultáneamente liberadora de conciencias. En definitiva se trata de una fuerza política que se asemeje a lo que en otros momentos se ha llamado partido de cuadros cuyos militantes ejercen una parte muy importante de su actividad en otras instancias unitarias de masas y en otros colectivos sociales, culturales, artísticos y alternativos.         
 
Es obvio que la organización territorial de esta fuerza es la menos indicada para tal trabajo; creo que se debe recuperar la organización sectorial o aquella otra que tenga como objetivo la acumulación de análisis, propuestas e impulsos de determinados Frentes de Trabajo        
 
La nueva organización debe tener una estructura federal que no es otra cosa que la manifestación de una entidad unitaria que acuerda su unidad desde el consenso, con unas reglas claras y con una jerarquía pactada, de competencias, responsabilidades y estatutos. Los taifatos deben ser erradicados totalmente. Nuestro concepto de federalidad tiene como base la eficacia democrática en orden al supremo interés de los trabajadores. El objetivo último, el Socialismo junto con lo que le es inherente, la Democracia, son los únicos conceptos que son a la vez instrumento y objetivo.  Dos vías alternativas          
 
Desde la puesta en marcha del método expuesto anteriormente y con las características descritas quedaría una doble opción con referencia a la fuerza surgida de este proceso: 
 
A)          La creación de una fuerza política de carácter, nombre y entidad marxistas que recogiendo la herencia del PCE supusiese la evidencia de una nueva fase de la organización revolucionaria.
 
B)           La creación de un Partido Comunista de España que manteniendo su nombre incorporase en sus siglas elementos indicadores de su Refundación en aras de la actualización de las tareas revolucionarias.  
 
Soy más que consciente de que esta última cuestión puede suscitar el mayor debate a la luz de los nominalismos y de los escapismos. Pero sé también que si, de una vez, no afrontamos las cosas con racionalidad, no acabaremos nunca la interiorización. El Partido es un instrumento, no un bien en sí mismo.  ¿Cuándo y Cómo?       
 
En la reunión que mantuvimos los miembros del Secretariado de la Comisión Redactora con camaradas de la Permanente ( Francisco Frutos, Felipe Alcaraz y Curro Martínez) se llegó a la conclusión, y en vista de la situación del Manifiesto-Programa, de que se publicarían sistematizadas las respuestas que habían enviado los camaradas y organizaciones participantes en el debate del Cuestionario. Prácticamente hemos terminado de hacerlo y estamos en fase de publicarlas. Pero seguíamos pensando que el debate colectivo seguía siendo necesario, por lo que acordamos también la creación de una especie de célula de reflexión  que elaborara las líneas maestras de un documento-Tesis sobre las cuales discutirían la Comisión Redactora y la Dirección del Partido en última instancia. El resultado final se elevaría como proyecto de Tesis a la Conferencia del Partido convocada al afecto o al Congreso del mismo.     
 
Lo que he expresado en las líneas anteriores y que responde a mi visión personal obedece a dos razones: 
 
1.     La necesidad política y personal de expresarme y manifestar el resultado de mis reflexiones que no irían más allá si no fuera porque creo que los momentos por lo que atravesamos necesitan del estímulo y la provocación al debate. 
 
2.     Creo que muchas de las ideas expuestas sintonizan con las opiniones y visiones de bastantes camaradas.
 
Si he conseguido estimular la reflexión y las ganas de debatir para buscar síntesis y construir alternativas me doy por satisfecho. En todo caso quiero que se den por reproducidas aquí las mismas precisiones que he hecho al comienzo del documento sobre IU que fue conocido en el Comité Federal del 12 de Abril del 2008. 

(Córdoba 6 de Septiembre del 2008)

A poco más de dos meses de la Conferencia del PCE la coyuntura económica, social. política, ideológica tanto nacional como internacional no es que se agrave sino que se precipita en una espiral de progresión geométrica. La crisis económica, producto del capitalismo globalizado junto con las propuestas de raíz neoliberal para salir de ella no son sino la constatación de que ni siquiera recetando más de los mismo se atisba ninguna salida; la crisis, la descompensación de las constantes del sistema evidencian el fin de una  civilización sin que nadie se atreva a lanzar con toda claridad una línea general de actuación entroncada en unos valores, unas propuestas, un programa y un llamamiento para asumir la tarea colectiva de construir una alternativa.

 

         El silencio de los sindicatos no es otra cosa que la expresión de su anomia que sostenida por las dádivas y subvenciones públicas ni siquiera provoca debate, discusión, cuestionamiento o incluso reafirmación; su programa es el silencio connivente. Y cuando algo se agita en ellos lo es por cuestiones de poder y siempre en vísperas congresuales. La izquierda no existe como organización, línea política explicitada, funcionamiento, programa o presencia alternativa más allá de los foros minoritarios o de sectores de las organizaciones. Por donde miremos no hay otra cosa que desolación.

         Desde personas, colectivos alternativos y círculos muy minoritarios comienzan a plantearse tímidos pasos para hablar de la creación de una estructura organizativa de carácter internacional ligada a los valores y proyectos programáticos de la izquierda revolucionaria. La conciencia de que una fase del movimiento obrero revolucionario ha terminado está cada vez más extendida.

 

         Desde la conciencia de esta situación general y global pero fundamentalmente desde la evidencia de lo que está pasando en España, la creciente degradación de las condiciones de vida de los asalariados y de los que ya no lo son o todavía siguen serlo, es nuestro deber reflexionar y aceptar el reto que nos lanzan tres preguntas: ¿Qué queremos hacer? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuándo lo vamos a hacer?

 

         Cuando se celebró la Conferencia del Partido estas cuestiones estaban presentes pero en el breve lapso de dos meses se han ido agudizando y ya se nos dice desde el propio Gobierno que esto seguirá empeorando. Y no es que las previsiones gubernamentales tengan ningún viso autoridad en el sentido de decisión o contrapropuesta es que el problema es tan evidente y profundo que nadie se atreve a seguir aventurando quimeras o mensajes edulcorados. Recordemos por otra parte que con la celebración de la Conferencia no se acabó una fase sino que, muy al contrario, nos obligábamos a empezar el debae, la difusión y la organización consecuente con todo ello.

          Ante esta situación me aventuro a hacer una serie de consideraciones y propuestas:1.       La historia del PCE nos enseña que siempre hemos crecido e incidido en la realidad social y política cuando hemos asumido la tarea de enfrentarnos a una situación límite con un discurso, una propuesta y una predisposición a organizar lo nuevo desde la base de una convocatoria a un gran espectro social.2.      La mayoría de la sociedad española con todas sus contradicciones, alienaciones consumistas, problemas de toda índole y ante un panorama más que incierto necesita esa convocatoria basada en un eje de valores simples, claros, mayoritarios y defendidos con decisión. En esta hora conceptos como  previsión, intervención pública en la economía, primacía de la seguridad en el puesto de trabajo, fiscalidad progresiva, austeridad, salario indirecto y diferido, etc son susceptibles de tener un eco y una aceptación amplia.3.      Y es a la luz de esa convocatoria cuando la refundación de IU tiene sentido. Recordemos la creación de IU al aire de Referéndum sobre la OTAN. Quiero decir que hoy por hoy la salida de la crisis en la que estamos no es posible si no se aborda desde una operación política que la relance hacia la refundación; es un proceso en el que la salida política a la actual situación es consecuencia del impulso hacia una respuesta colectiva y organizada.4.      Militantes del PCE, de IU, sindicalistas, intelectuales, ex militantes y nuevas aportaciones personales son los mimbres con los que construir  la propuesta. Desde ahí el llamamiento al todo el conjunto de IU para que se apreste a desarrollar los contenidos que aprobamos en la Conferencia tendrá credibilidad y sentido.5.      Se puede hacer una propuesta –eje que creando la alianza fortalezca nuestra visión de IU. La Refundación no es otra cosa que reestructuración para conseguir una respuesta social y política alternativa.6.      Creo que desde ahora mismo el PCE debe: 1º) Redactar un Manifiesto- Llamamiento breve, conciso y con unos ejes programáticos que pongan especial énfasis en los valores que articulan una propuesta alternativa para la crisis.2º) Poner en marcha una campaña interno-externa de debate en torno a ello incluyendo el documento aprobado en la Conferencia.3º) Ello implica convocar a las bases de los distintos sectores de IU para que debatan las propuestas y se comprometan a construir la IU que el proyecto necesita.4º) Esta tarea es preferente a cualquier otra que priorice el acuerdo entre cúpulas sin haber desarrollado antes en todo el PCE y en IU nuestras tesis aprobadas en la Conferencia.5º) Ya que la Fiesta no ha tenido lugar deberíamos plantearnos un esfuerzo para concentrar en Madrid durante un día dos a la mayor cantidad de activos del PCE y cercanos para impulsar, preparar y organizar discursos, ejes, actuaciones y  convocatorias a los sectores sociales y políticos más interesados en plantear un frente alternativo a la crisis. N.B. Para mayor acercamiento a lo que pretendo decir aconsejo tener presente el artículo que he escrito en Mundo Obrero titulado Glosas impertinentes    

Desde su voto en Europa a favor de la ‘directiva de retorno’ de inmigrantes hasta las continuas concesiones a la derecha y la Iglesia, los socialistas de Zapatero están decepcionando a ciudadanos que les votaron el 9-M.

Ya suman mucho los detalles que conducen a bastantes ciudadanos a replantearse el funcionamiento de algunas instituciones políticas. Porque en lugar de acercarles, les alejan del sistema democrático vigente. No de la democracia, sino de su manifestación concreta en España.

En los últimos meses, los síntomas de que hay algo enfermo en la construcción de la democracia en España y en Europa se multiplican. Sin ánimo de ser exhaustivo, cabe referirse a dos recientes decisiones del Parlamento Europeo: la aprobación de la jornada de 65 horas semanales y la directiva sobre el internamiento de inmigrantes. No hace falta discrepar de la ferocidad de su contenido para estar en desacuerdo. Basta con observar el procedimiento.

Los que se sienten heridos por esos debates y sus resultados no son ninguna excepción, sino todo lo contrario, cuando manifiestan su escándalo por el hecho de que unos parlamentarios elegidos se atrevan a votar un texto como el del internamiento. Insisto, al margen de su contenido. Porque no había nada en el programa electoral con el que se presentaron que les habilitara para ello.

¿Quiénes entre los votantes de la lista socialista al Parlamento estaban y están a favor de semejante directiva? Pues me temo que pocos. Pero, sobre todo, a ninguno de estos votantes le ha sido consultada, le ha sido brindada la oportunidad de manifestar su acuerdo o su desacuerdo, o ha podido seguir un debate al respecto. Y eso sobre un texto que altera gravemente el espíritu de la construcción de la Europa de las libertades y la democracia. De las 65 horas se podría decir algo semejante, aunque en ese caso se añade el agravio de que quienes lo han decidido con sus votos europeos viven como rajás, con jornadas laborales y prebendas sin cuento mientras discuten esa brutal propuesta que jamás les afectará a ellos.

Es grave que no sean situaciones excepcionales. Y esto hace pensar en que quizás estamos asistiendo a una deriva, una corrupción severa del sistema de representación política. Por ejemplo, en el terreno doméstico, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero nos avisaba, en la entrevista que concedió al periódico EL PAÍS unos días antes de las elecciones generales, de que él no iba a aplicar la mejora de la ley del aborto porque, aunque estaba en el programa electoral, jamás le habíamos escuchado defender el sistema de plazos.

La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, nos obsequió días después con un argumento parecido diciendo que no había demanda social para corregir un sistema que otras mujeres, sobre todo las afectadas, consideran humillante y mentiroso, porque obliga a las mujeres que recurren al traumático proceso del aborto a esgrimir desequilibrios psicológicos para ejercer lo que muchos consideramos un doloroso derecho, que tienen que practicarles en clínicas privadas porque el Gobierno no tiene el valor de hacer que se aplique en el sistema público.

Más doméstica aún es la decisión de los socialistas madrileños, que parecen asistir tranquilos al desguace de la enseñanza pública en la comunidad que preside Esperanza Aguirre, y se apuntan a la enseñanza concertada en lugar de exigir que se ponga en pie de una vez la financiación suficiente para que el Estado cubra una exigencia social. Ya sabemos todos que el deterioro tiene su origen en que los institutos se saturan de inmigrantes con un bajo nivel educativo, y sabemos todos que eso sólo se arregla con más inversión y contrataciones de profesores de apoyo. Pero la federación que preside Tomás Gómez ha optado por la solución fácil: enseñanza concertada para los niños españoles y acercamiento facilón a quienes votan a la derecha para intentar quitarle apoyo al Partido Popular por ahí. ¿Ha votado algún elector a los socialistas madrileños para que dejen de lado la enseñanza pública?

Se puede seguir, porque vale mucho la pena. ¿Qué decir de los socialistas catalanes de origen charnego que asumen el discurso victimista del nacionalismo, con las balanzas fiscales por medio, para ganarse el aprecio de los votantes catalanistas? El expolio pasa a ser un argumento y la solidaridad una estupidez, incluso un crimen, que pesa sobre los hombros de la explotada Cataluña. ¿Ha votado algún elector catalán a los socialistas para que digan que ya está bien de alimentar a los parásitos extremeños?

La sobreabundancia de ejemplos, que afectan a casi todos los partidos políticos y a muchas instancias de distinta índole, obliga a plantearse que no se trata de hechos aislados, sino de una bien asentada tendencia que marca una distancia enorme entre las decisiones de los ciudadanos y las de los políticos que teóricamente nos representan. Y resulta lamentable que eso sea aceptado sin apenas (muy honrosas, pero pocas) excepciones entre los políticos que las aplican. Por volver al primero de los ejemplos, salvo Josep Borrell (ya le han castigado) y Raimon Obiols, que votaron en contra, y la abstención de otro eurodiputado, los demás componentes del grupo socialista se inclinaron por dar su sufragio a la propuesta de internamiento sin juicio de personas que no han delinquido.

Yo conozco a algunos de estos eurodiputados, a algunos les respeto y les tengo aprecio. O quizá les respetaba y les apreciaba. ¿Por qué votaron eso, que me consta que va contra su conciencia? Por orden del partido. Esa institución que les garantiza el cargo y les manda con severidad que cometan lo que Santos Juliá ha definido como una infamia. Los rocambolescos argumentos que se sueltan desde el poder para justificarlo se parecen a los que Chamberlain hizo para justificar la entrega de Checoslovaquia a Hitler en 1938: hay que calmar a la bestia, que en este caso es Berlusconi.

Está la tendencia y está el sentido. Porque en todos los casos, sin excepción, se atisba un retroceso en las libertades o en los principios. Hay un discurso que lleva dentro la idea de calmar a la derecha, política o social. Pero a los votantes no nos han preguntado si queremos hacerlo al precio de que no haya ley de plazos para el aborto, que la educación pública se vaya al cuerno, que se abra una brecha xenófoba entre autonomías ricas y pobres o que se pueda meter en la cárcel a los negros miserables.

Y siempre el eterno mecanismo: lo que conviene se borra del programa, o se abordan soluciones que no estaban en el mismo. En función de la legitimidad que los elegidos han obtenido con el voto. Una vez que el voto es suyo, el contenido de las propuestas pierde sentido. El argumento fundamental es el de actuar para ganar elecciones o, más miserable, para mantener el privilegio del cargo. Al margen de la voluntad de quienes les hemos dado nuestro voto, insisto.

Los partidos políticos pueden hacer eso con impunidad porque aún se mantiene incumplido el mandato constitucional de aplicar sistemas democráticos a su gestión. Pero todos sabemos quiénes tienen que votar las leyes que rigen sus mecanismos: los propios interesados, los jefes y los que les obedecen porque les deben el puesto. Es así de sencillo, y de viciado.

Yo tengo que confesar una gran vergüenza: uno de los argumentos que barajé para decidir mi voto en las últimas elecciones fue el miedo a la derecha, que traía consigo un tono y un explícito mensaje capaz de poner los pelos de punta a cualquiera. Pero la mínima decencia me obliga a negarme la posibilidad de incurrir de nuevo en algo así. Porque la democracia y la libertad me importan demasiado.

Sé que lo que digo no responde a un caso aislado. Cada vez hay más ciudadanos que se preguntan sobre su voto. Ciudadanos que, por estar a favor de una democracia solidaria, de derechos y libertades, están más al borde de la desafección 

 El País, 23 de julio de 2008.

RESOLUCIÓN PRESENTADA EN ASAMBLEAS DE IU EXTREMADURA-
Abril de 2008.

El último resultado electoral, con la consiguiente pérdida de votos, de representación institucional y de Grupo Parlamentario propio en las Cortes, ahonda en la crisis que desde hace tiempo vive nuestra organización.
Esta vez la coyuntura o la agenda mediática no pueden enarbolarse para dejar por el camino un imprescindible debate sobre nuestras estrategias y nuestros objetivos. En otras palabras, lo inmediato no debe impedirnos hablar sobre lo necesario. Ante la pérdida de representatividad social y en consecuencia de representatividad electoral, no podemos optar por las fórmulas de siempre y por procesos asamblearios vaciados de contenidos y sin participación desde abajo y que relegan la renovación y los programas alternativos “para tiempos mejores”.
Esta resolución que presentamos bebe de las propuestas formuladas por Manuel Monereo y Julio Anguita. En la misma planteamos:
Crisis en IU. Mal haríamos en disfrazar las sensaciones: la realidad es tozuda y no entiende de edulcoraciones. Varios son nuestros problemas:
1. ¿Qué IU? Al calor de los distintos resultados electorales se vienen desgranando distintas visiones sobre el papel de IU en la sociedad y su encaje programático. El cuestionamiento ha llegado incluso a los valores y principios fundamentales que sustentaron el nacimiento de IU en 1986.
2. ¿Qué funcionamiento? Nuestra práctica organizativa viene desmintiendo desde hace tiempo las señas de la elaboración colectiva, la pluralidad, la renovación y la organización “desde abajo” que marcan los estatutos y los documentos organizativos. Se ha instalado una concepción cada vez más presidencialista y continuada en el tiempo, de partido clásico, en los distintos órganos de dirección.
3. ¿Qué direcciones? Al hilo de lo anterior, se impone un agrio debate acerca de quien debe pilotar la nave en los próximos años.
4. La pluralidad de IU se ha ido reduciendo. Por el contrario, las divergencias se vuelven cada vez más agrias, sin que ello signifique la existencia de grupos plurales en la organización.
5. Escasa articulación con la sociedad y con las expresiones sociales que se dan en ésta.
6. Hemos centrado toda nuestra actividad en la representación institucional y en las relaciones privilegiadas y preferentes con el Gobierno Central, relegando a un segundo plano testimonial la necesidad de articular socialmente nuestro programa.
7. Las organizaciones de base languidecen.
8. No somos una organización federal: no tenemos un discurso federal que articule una misma visión en el conjunto del país y la realidad de las taifas es hoy innegable.
Ante esto
a. Es el momento de cualificar bien qué tipo de crisis vive IU, y desde este análisis colectivo, buscar la alternativa.
b. IU como fuerza, porque quiere luchar de verdad contra el bipartidismo, necesita ganar influencia social, relación con los movimientos (especialmente con el movimiento obrero) y protagonizar el conflicto de clases.
c. Debemos potenciar la pluralidad interna de la organización: pluralidad entendida como permanente – corrientes, opciones – y pluralidad en relación a los distintos debates que surjan en nuestro seno.
d. Debemos articular un programa de izquierda alternativa y voluntad socialista.
e. La próxima Asamblea Federal debe abrir un debate que permita la participación activa de todos y cada uno de los afiliados y afiliadas de IU.
f. Sobre los trabajadores y trabajadoras se cierne una crisis económica y de rebaja de derechos sociales y laborales sin precedentes que requiere de la existencia de una fuerza política consecuente y capaz de articular el posible conflicto social.
La propuesta: contenidos programáticos sobre los que trabajar en el proceso asambleario

§ IU como Movimiento Político y Social Organizado que fija su objetivo en la permanente Construcción de la Alternativa a la sociedad, el Estado, la cultura existente y los valores dominantes.
§ Democracia Radical en IU.
§ Elaboración Colectiva. Es la creación de un mecanismo de participación democrática en las decisiones de IU, de intervención en las líneas de actuación de la actividad política y social y también en las políticas a realizar en las instituciones.
§ IU es una fuerza política de carácter federal. La Federalidad es un reconocimiento a la diversidad pero en el marco de una visión común de la Transformación social.
§ Escrupulosa legalidad. Una fuerza política que se pretenda democrática debe guiar sus actuaciones internas y su funcionamiento por el respeto y ejercicio de la legalidad.
§ IU como fuerza política roja, verde y violeta. Desde hace muchos años explicitamos que nuestro discurso es rojo, verde y violeta. Asumamos la historia del movimiento obrero y los nuevos proyectos de liberación. IU es un proyecto de Izquierda, sin más.
§ IU no tiene más referencias sindicales que las derivadas de las alianzas coincidencias y movilizaciones que en cada momento puedan producirse

IU se define como una organización republicana. Uno de los trabajos de IU debe ser colaborar y aportar en la puesta en marcha del proceso constituyente de la III República.
El proceso Asambleario en sí.
· Estamos convocados a un proceso autoinstituyente de IU donde los afiliados y afiliadas, es decir, el soberano, debe definir las nuevas reglas y los principios y modos de organizarse y trabajar en la sociedad. Autoinstituyente significa situar en el centro la Política, con mayúsculas.
· La próxima Asamblea Federal, para hacer factible política y organizativamente este proceso, articulará una nueva dirección colectiva capaz de poner en marcha los procesos. Si caminamos hacia una Asamblea para nombrar a un nuevo coordinador estaríamos cerrando nuevamente el debate en falso. Esta crisis no se soluciona con los mecanismos de siempre.
· Esa misma Asamblea Federal procede previamente a la renovación al menos del 50% de los órganos de dirección de IU en todas sus estructuras, es decir, del Consejo Político Federal, Consejos Regionales y Consejos Locales en cada uno de sus ámbitos.
· Se abre una segunda fase, más intensa, de abajo a arriba, donde la organización abre un debate profundo entre sus militantes y simpatizantes, en torno al contenido de la izquierda alternativa, de su programa y de su forma organizativa.
· Autoinstitución significa que del proceso puede surgir la refundación o la reconstitución de IU o bien la creación de otra cosa. Significa a que el debate se deja en manos de los y las militantes.

Pascual Serrano

Rebelión

La última debacle a la que ha llegado Izquierda Unida requiere que nos paremos a pensar con valentía el sistema político y electoral al que nos estamos dedicando. No podemos negar las responsabilidades de la dirección actual con Gaspar Llamazares a la cabeza, la desmovilización de una militancia que se reflejó en que sólo cincuenta personas asistieran al recuento en la sede nacional, o la patética sugerencia de ofrecernos como ministros dos días antes de quedarnos en dos diputados.

El panorama, en mi opinión, es mucho más grave, y se fundamenta en que el sistema actual está perfectamente pensado y diseñado para que IU nunca llegue a nada. Aunque muchas personas lo han recordado, hemos de ilustrar brevemente las matemáticas por las cuales la coalición ha necesitado medio millón de votos para cada diputado, mientras otros partidos con esos votos alcanzaban diez diputados. En realidad tampoco es que IU haya necesitado medio millón de votos por diputado, es mucho peor, los diputados se han conseguido uno con 163.633 votos en Madrid y otro con 154.300. El resto, 745.008 votos, no han servido para nada según establece la legislación electoral mediante la circunscripción provincial. Javier Ortiz recuerda que con 773.993 votos CiU ha logrado 11 escaños. Pero es que sumados a todos los restos de votos de todos los partidos que no alcanzan a un diputado, la cantidad de votos que no tienen representación en el Parlamento son millones. Armando B. Ginés, en rebelión.org, estima que esos votos corresponderían a 27 diputados que no aparecen en el hemiciclo y que, por tanto, son apropiados por los partidos mayoritarios que se benefician de la injusta ley electoral. A ellos, el autor añade los 82 escaños vacíos que corresponderían a quienes se han abstenido o votado en blanco. En total 109 escaños de “dudosa legitimidad democrática e intachable legalidad, es decir, casi un tercio del hemiciclo.”

Llamazares habla de tsunami bipartidista como si fuese algo coyuntural y no es cierto, el modelo es estructuralmente bipartidista, incluso hay algunas circunscripciones donde lo es obligatoriamente porque sólo le corresponden dos diputados. A todo ello hay que añadir el patrón mediático de presentar las elecciones legislativas como unas presidenciales a elegir entre los dos candidatos de los partidos mayoritarios, hasta el punto que se celebran debates, ratificados por la Junta Electoral, con la sola presencia de ellos dos o se cubre la jornada electoral haciendo referencia a los recuentos de sólo esos dos partidos.

Es verdad que en el periodo de Julio Anguita IU llegó a tener más de veinte diputados, pero, además de por el mérito indiscutible de aquel coordinador, fue por una determinada coyuntura política caracterizada por un PSOE desautorizado desde el punto de vista ideológico por aplicar políticas de derecha (privatizaciones, políticas laborales respondidas en huelgas generales), un corrupción trepidante sin precedentes en nuestra democracia, su guerra sucia contra ETA y una derecha que se presentaba como centrada a la que nadie tenía miedo. En realidad, como ya escribieron algunos analistas entonces, aquel voto de IU era prestado, procedente de socialistas indignados por la corrupción que, una vez saneada la imagen de su partido vuelven a votarle años más tarde. Es muy difícil que se vuelva a dar ese panorama, o dicho de otra manera, se necesita llegar a la corrupción de los gobiernos de Felipe González y a una imagen centrada del PP para que IU pueda aspirar a esa representación.

De forma que, no nos engañemos, la ciudadanía tiene la percepción de que, aunque las políticas económicas sean muy parecidas, hoy no es lo mismo Zapatero que Rajoy, aunque a muchos de nosotros sus diferencias nos parezcan anecdóticas e irrelevantes en lo esencial. Los votantes de más de cuarenta provincias saben que sus votos a IU irán directamente a la papelera y es lógico que, siendo de izquierdas e incluso compartiendo el ideario de IU, voten al PSOE, por mucho que, como escribiera recientemente Julio Anguita en el Diario Córdoba y La República, sea necesario “votar en conciencia y que quien no la haga esté renunciando a constatar valientemente ante el electorado el respaldo a sus ideas, y renuncie a ser él o ella mismo”. Miles de ciudadanos son conscientes de que votar en conciencia, en el sistema actual, es tirar su voto. No podemos estar durante décadas pidiéndoles a esos ciudadanos un voto inútil. Yo ya estoy harto de hacerlo, estoy cansado de dar vueltas a la noria reivindicando el combate contra el voto útil a sabiendas que en cincuenta provincias el voto a IU el pasado 9 de marzo fue inútil y en más de cuarenta lo será siempre. Ellos saben que su dilema no es otro que el de o tirar su voto a la basura o frenar al PP votando al PSOE, por mucho que esa lectura nos duela. No hay proyecto ilusionante en IU que pueda romper con esta perversión, no nos engañemos.

Si hacemos memoria, podremos recordar que en las penúltimas elecciones generales de 2004, muchos ciudadanos de la izquierda radical, incluso más allá de IU, que nunca votaban, lo hicieron al PSOE para expulsar al PP, conscientes de que puestos a buscar un resultado práctico, por muy radicales de izquierda que se consideraban, lo único que tenía sentido era votar socialista.

Por tanto, va siendo hora de que Izquierda Unida se plante de forma contundente contra esta farsa electoral y deje de seguir perdiendo fuerzas, dinero, ilusiones y potencial humano en unas convocatorias electorales perfectamente diseñadas para mantenerla en la marginalidad siempre. Podremos tener mejor o peor dirección, hacer seguidismo o combatir las políticas neoliberales del PSOE, reactivar el PCE o no, cambiar la dirección actual, pero siempre estaremos condenados a la marginalidad parlamentaria y nunca el modelo será democrático y representativo del ideario ciudadano.

A todo ello se une la última perversión del sistema, que es la de contar con dos millones de inmigrantes, en su mayoría obreros y personal no cualificado, que no tienen derecho al voto. Son dos millones de ciudadanos que están de forma legal en nuestro país, que cotizan a la Seguridad Social, pagan sus impuestos, se ubicarían por razones de clase en la izquierda, pero sobre los que pende la espada de Damocles de la no renovación de su residencia si resultasen política y socialmente reivindicativos. ¿Qué diría la derecha si dos millones de ricos y directivos empresariales no tuviesen derecho a voto?

Seguir insistiendo en el voto a IU tal y como está la situación resulta la opción más desesperanzadora y desmovilizadora de todas. Es el momento de decir que no estamos dispuestos a sostener la farsa y plantarnos, el dilema es cómo. No se trata de voto útil o no, sino de si queremos seguir siendo los tontos útiles que legitiman el modelo a sabiendas de que nos condena a la marginalidad. Julio Anguita condenaba el “señuelo del voto útil”, pero yo creo que el auténtico señuelo que nos engaña es el del sistema electoral.

Es verdad que no hay muchas opciones, pero no podemos seguir legitimando este teatro. Si bien la política no es sólo el voto e Izquierda Unida debe priorizar como objetivo el trabajo social y la sensibilización política en la calle por encima de convocatorias electorales, debemos sopesar opciones valientes si de verdad queremos regenerar el sistema político español. Desde plantearnos, por ejemplo, no presentarnos a las elecciones y apoyar coyunturalmente con nuestro voto al partido mayoritario que se comprometa a cambiar la ley, a realizar una campaña de fraude de ley empadronándonos en las únicas provincias con posibilidad de representación, Madrid y Barcelona. No podemos seguir pidiendo a las gentes honestas de izquierda que tiren su voto a la basura, no podemos seguir siendo el burro que da vueltas a la noria.

Marzo de 2008

www.pascualserrano.net

Julio Anguita González/ abril 2008

 Presentación en el Comite Federal del PCE de 12 de abril de 2008

 He esperado a la reunión de este Comité Federal para manifestar ante mis camaradas las valoraciones, opiniones y sobre todo las consecuencias que a mi entender tienen sobre IU y el PCE los últimos resultados electorales. Ningún medio de comunicación ha conseguido de mí una sola palabra. Pero estas líneas no son sólo juicios, son fundamentalmente, propuestas de acción que someto en primera instancia al conocimiento de este órgano.        He sido durante más de diez años Secretario General del PCE y casi con total simultaneidad he ejercido también de Coordinador General de IU. Ahora presido la Comisión Redactora del Manifiesto-Programa. La experiencia y los conocimientos adquiridos en el ejercicio de estas responsabilidades me obligan por conciencia y lealtad a la organización pero también por necesidad anímica y política  personales, a expresarme con total claridad sobre la situación por la que atravesamos.

      He sopesado la posibilidad de elevar previamente este escrito a otros órganos de dirección más restringidos pero se ha impuesto en mi ánimo la convicción de que era preferible que el documento llegase aquí tal cual, sin matizaciones, enmiendas o consensos que pudieran inducir al Comité Federal de que estaba ante una propuesta ya canalizada y por tanto con pies forzados que dificultaran el libre análisis del mismo.      No pretendo que el documento se debata en esta sesión del Comité Federal; sería sorpresivo y por tanto carente de las garantías necesarias para una discusión. Solamente pretendo que sirva para estimular el debate que desde la Comisión Redactora lanzaremos con el método acordado en el encuentro que mantuvimos los integrantes de la misma con el Secretario General y otros miembros de la Permanente. Pero también pretendo que ante la inminencia de la convocatoria de la Asamblea Federal de IU podamos discutir y tener al menos una opinión como Partido, el cual decidirá si puede servir para abrir la discusión con los plazos, ritmos y métodos que se acuerden.      Antes de entrar en materia quiero hacer cuatro precisiones que sirvan para disipar dudas, apriorismos o procesos de intención que nunca ayudan a la serenidad de pensamiento:

1.Nuestro Secretario General fue informado por mí sobre la redacción del documento y se lo envié con bastante antelación a la celebración de este Comité Federal.

2.Es mi intención más firme seguir militando en el PCE  y en aquellas otras instancias y organizaciones políticas que él apoye.

3.El documento es en parte deudor de otros que han ido apareciendo en el curso de los días. En otra parte es una síntesis apretada de materiales producidos por IU y por el PCE y desde luego también contiene el producto de mis reflexiones en torno a una cuestión que me obsesiona: Un proyecto como el que IU quiso ser, sigue siendo un clamor desde la necesidad de cambiar la realidad y desde la también necesaria rebeldía contra ella. Nunca una necesidad tuvo tan menguados referentes para satisfacerla. En cuanto a los otros documentos que han ido apareciendo firmados por otros camaradas y compañeros creo que deberían también ser conocidos oficialmente por este Comité Federal a los efectos del debate oportunos.

4.Como dirigente que fui de IU y actualmente del PCE asumo en lo que a mí me corresponde la responsabilidad en los procesos que han desembocado a esta situación. Quisiera con esta sincera salvedad que, sin huir de las críticas a las direcciones pasadas y presentes, no transformásemos el debate en imputaciones exclusivamente personales. Nos perderíamos en una madeja laberíntica. Las responsabilidades existen, pero en el marco de los procesos colectivos.

      IU: un proyecto político en vías de extinción

      Los resultados electorales del 9 M no han hecho otra cosa que evidenciar lo que ya era un hecho; IU no tiene más entidad política que sus siglas; una marca devaluada en el mercado electoral y mediático sin incidencia alguna en ningún sector social. La casi total pérdida de representación en el Parlamento no es otra cosa que un ajuste con la realidad.

      El naufragio de IU comenzó a acentuarse cuando fue evidente para la opinión pública que estaba ante una organización carente de identidad específica y propia y por ello incapaz de fijar siquiera un mínimo estable de respaldo y apoyo.

      Muchas cosas han cambiado en España y en el mundo desde que fue fundada el 27 de Abril de 1986, pero hay dos fundamentales: las consecuencias de la desaparición de la URSS y el giro de CCOO hacia un sindicato de servicios que comparte con UGT los favores de la administración. Y al hablar de las consecuencias quiero remarcar que me refiero a cómo estos hechos han sido vividos, cómo han sido introyectados en lo personal y en lo colectivo y cómo terminaron derivando hacia posiciones del borrón, cuenta nueva y superación de la fractura de 1920. En unos meses se borraron de la memoria la historia más inmediata y  las evidencias del día a día político y sindical.

      Precisamente su aparición como fuerza política venía a resítuar un espacio político en torno a dos ejes alternativos: El Programa como referencia para las relaciones con los demás y las otras formas de hacer política como el sello de una nueva alianza con la sociedad y especialmente con los sectores más dinámicos y avanzados de la misma. Estas  dos características hacían del nuevo proyecto una entidad que pretendía crear instrumentos de intervención social en la política y en la actividad social desde posiciones orientadas a lo que vino en denominarse la Construcción de la Alternativa.      Desde fuera vinieron pronto las operaciones dirigidas a insertar a la nueva fuerza dentro de la dinámica que el nuevo orden mundial preconizaba. El harakiri del PCI, la deriva hacia ese ejemplo de Iniciativa per Catalunya junto con las andanadas mediáticas en torno a las diversas denominaciones de la Casa Común las cuales contaban con grandes y sucesivas cabezas de puente en el interno de IU, marcaron con el estigma de la crisis permanente a la nueva organización. Desde entonces IU ha estado debatiéndose entre la consolidación de su manera específica de ser y la llamada hacia lo inerte: la homologación con el status político buscando en él la legitimidad y la normalización.

      A pesar de las dificultades IU se desarrolló y avanzó electoralmente. Eran los tiempos del 14 de Diciembre, la Propuesta Sindical Prioritaria y la Iniciativa Sindical de Progreso. También eran los tiempos de un PSOE que evidenciaba la corrupción, el crimen de Estado, las privatizaciones, las desregulaciones y la beautiful people. El hecho de que a pesar de estos escándalos el PSOE mantuviera un suelo electoral muy alto debió servir de advertencia acerca de que el trabajo preferente de IU debiera hacerse en el seno de la sociedad, de las organizaciones obreras, de los colectivos alternativos y culturales. Era aquí donde el Movimiento Político y Social mostraba su necesidad de ser y trabajar.

      Las alianzas y acuerdos con CGT y USO en torno a las 35 horas reiteraban la lección; IU no debía tener más referente sindical que el marcado por las luchas de cada día, los programas y las alternativas. IU sólo podía avanzar a partir de entonces si ella misma creaba y ampliaba el terreno sobre el cual su rareza política podía enraizarse, crecer y hacer cambiar el entorno. Instalarse en la lógica de cualquier fuerza parlamentaria y desde luego en la del PSOE y su discurso bifocal, era la muerte anunciada.

      Dudando entre qué camino escoger o lo que es peor, picoteando de unos y otros, las características de IU comenzaron a difuminarse y la confrontación interna entre visiones parciales e interesadas del proyecto se multiplicó, se transformó en una serie de luchas endogámicas por razones más cercanas a las listas electorales que a otra cosa.. Y puestos en ese camino, optando por la vía de la lucha exclusivamente institucional los Estatutos, la democracia interna, la ética y la honestidad política que hacía tiempo venían degradándose empezaron a gozar de unas largas vacaciones. Recordemos las diferencias en cuanto a contenidos, alianzas estables, rigor y claridad entre el debate sobre Mäastricht y los otros muchos que le han seguido.

      En el seno de IU comenzó a abrirse paso de nuevo la vieja idea de ser diferentes y diferenciados sin abandonar tampoco el rol que el PSOE y sus influencias habían montado en torno al bipartidismo; IU quiso ser la otra cosa pero dentro de un orden. En función de ello el viejo lema del discurso rojo, verde y violeta  pasó a ser la denominación de una nueva entidad, el proyecto eco-socialista. Y de nuevo el viejo proyecto confederal de las Izquierdas Periféricas como posibilidad de frenar la caída electoral y crear una confusión calculada que sirviera las diferentes y a veces contrapuestas clientelas electorales.

      En los últimos años, y ya en plena pendiente, los síntomas de muerte se han multiplicado: la supuesta federalidad ha sido sustituida por taifatos y cuotas de poder (aunque este problema venía de muy lejos), los grupos enfrentados nunca han constituido alianzas estables sino aleatorias y en función de las mejores tajadas en cada lista electoral. Quiero decir que nuestro proyecto de Estado Federal Solidario no ha sido aplicado en nuestra organización. Creo también que su existencia es tan ignorada como la Alternativa Energética, los 11 puntos o los análisis (y propuestas consiguientes) hechos sobre la UE.

      Y lo que desde luego constituye un dogal para la asfixia total es la deuda que sin ingresos  medianamente importantes, puede ser la puntilla que acelere la agonía.


      ¿Hay solución?

      Desde hace varios años vengo diciendo que el proyecto de IU tal y como se está desarrollando, estaba muerto y que debíamos prepararnos para ese acontecimiento. No creo que con asambleas ordinarias, métodos clásicos y prácticas rutinarias  se salga de esta, al menos como una fuerza política mínimamente estructurada, con una cierta solidez y como proyecto para el Estado Español. Las siglas podrán continuar durante algún tiempo en las CCAA y en las Administraciones Locales, pero irán siendo sustituidas paulatinamente por alianzas electorales de creciente color localista sin más aspiración que ser una bisagra recompensada con cicatería por el PSOE.

      No, no hay razones ni siquiera indicios de una recuperación o de una posibilidad de remontar la deblacle, en ningún sitio. No nos engañemos con las lecturas de males menores, de avances sobre el mismo ladrillo o de pruritos en dar lecciones magistrales. Los resultados han sido malos, pero si además se presentan como victorias siguen siendo malos y además acompañados de la ceguera. Aquí y por ahora, no valen las comparaciones entre el ciego y el tuerto.
El pesimismo con el que vemos la situación está más que fundamentado; no sólo por la curva decreciente de los procesos electorales sino por algo mucha más grave que eso: la degradación de la vida política, orgánica e incluso de relaciones personales en el seno de la organización.      Creo que confiar en que la Asamblea venidera sirva para solucionar el problema es un ejercicio de candor. Hay un proyecto o si queréis una aspiración, a hacer de IU un trasunto confederal de una formación eco-socialista de viejísimo cuño en cuanto las relaciones de la misma con la sociedad y la opinión publicada. Las llamadas desde los medios de comunicación a la renovación, la apertura a la sociedad y a la izquierda plural  acompañadas de la satanización de las siglas PCE ( como si los almuédanos de este mensaje no fueran en su mayoría también del PCE) forman parte de una técnica que hemos sufrido demasiadas veces en IU y en esta casa. Frente a esto no hay proyecto alternativo; hay cenáculos, movidas, alianzas que flor de un día, han durado lo que han tardado la confección de las listas. Es más, las invocaciones a palo seco a conceptos y expresiones como Movimiento Político y Social, Elaboración Colectiva o Democracia han sido manidos incumplidos cuando no prostituidos y será difícil limpiarlos de tantas excrecencias e impurezas.


      Y sin embargo

      Sobre esta tierra yerma parece casi imposible cultivar nada viable, serio y con pretensiones de durabilidad y muchísimo menos de ser instrumento de liberación social. Sólo hay un punto de posible regeneración que viene dado por la constatación de dos realidades:

      1ª- El campo de acción para una fuerza política como la que pretendió ser IU es tan vasto como un océano. En él se inscriben movimientos de todo tipo que pretenden con sus luchas y sus actividades hacer bueno aquello de que “Otro mundo es posible”. Pero hace falta una organización política que respetando esos movimientos y trabajando lealmente con ellos realice una labor que demuestre como la intervención política no es otra cosa que la intervención de la sociedad para hacer de la Política sinónimo de Transformación social.

      2ª- SOBRE LOS TRABAJADORES Y ASALARIADOS SE CIERNE, SO PRETEXTO DE LA CRISIS, UNA DE LAS MAYORES AMENAZAS DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. LA RECESIÓN ES UN HECHO. EL PARO AUMENTA. LOS GOBIERNOS EUROPEOS CLAMAN POR REBAJAS SALARIALES Y LA FLEXI-SEGURIDAD ES YA UN PROYECTO CUYA APLICACIÓN SE PRESENTA COMO INEXORABLE. MILLONES DE HOMBRES Y MUJERES VAN A SOPORTAR UNA AGRESIÓN QUE LOS CONDENARÁ A SITUACIONES DE PRECARIEDAD, EXCLUSIÓN Y MARGINACIÓN EXTRAORDINARIAS. AHÍ ESTÁ LA DERECHA; NO NOS CONFUNDAMOS POR LAS SIGLAS.      Esta situación a la que los trabajadores y asalariados se van a ver abocados  y dentro de ella los colectivos más débiles (mujeres, jóvenes, pensionistas, etc) nos exige, nos clama y nos obliga so pena de traición a nuestra historia y al legado de tantos luchadores, a cambiar radicalmente y  Esta coyuntura que se avecina puede y debe ser el agente externo que provoque lo que aún pueda quedar de vivo y nos convoque para sellar una alianza de compromisos en torno a la REFUNDACIÖN de IU.      Y esta Refundación  sólo es posible desde un previo acto personal, intransferible y de compromiso a comenzar de cero que se condense en una atmósfera colectiva de voluntad interventora con los mecanismos políticos y las actitudes de una nueva práctica militante. Sin esto que debe ser preceptivo, no se podrá poner en marcha el resto. Estoy llamando a la responsabilidad y a la aceptación sin límites de unas reglas de juego democráticas y del resultado que del debate surja.

      La propuesta

            La Asamblea federal próxima debe hacer en dos fases.      Primera fase      Desde el acuerdo en la necesidad de volver a empezar a causa de la excepcionalidad del momento, se imponen los siguientes pasos o fases:      1º- La Refundación de IU no puede hacerse en clave endogámica, sería un comienzo estéril. Es preceptivo hacer una Convocatoria abierta a colectivos, personas, ex –militantes, etc para comenzar un proceso ( que puede tener varias denominaciones) por el cual se debatirán y fijarán los ejes, compromisos y características de la nueva IU.

      2º- Y ello implica como prenda de cambio y de nuevo comienzo la renovación de al menos el 50% de todos los órganos de dirección, desde la Federal hasta la agrupación básica con las condiciones y plazos que se fijen, pero antes de la primera parte de la Asamblea. Aquellos que hemos ejercido de responsabilidades durante años deberíamos pasar a una segunda fila y desde allí dar el rendimiento, el apoyo y la lealtad a las nuevas direcciones.      3º- Desde este momento la primera parte de la Asamblea debate y desarrolla los puntos y ejes que estructurarán a IU. A mi juicio son los siguientes:
 
      3.-1 IU, Movimiento Político y Social Organizado que fija su objetivo en la permanente Construcción de la Alternativa a la sociedad, el Estado, la cultura existente y los valores dominantes. La superación del Capitalismo tendría como proyecto inmediato de trabajo la consecución de los objetivos que ya marcamos en IU: Una sociedad de Pleno Empleo de calidad. Una Economía desde la óptica del Desarrollo ecológicamente sostenible. Una Protección Social plena. Reparto del Trabajo. Y junto a ello las acciones de política económico-fiscal necesarias para ello.
      3.-2  Democracia Radical en IU. Publicidad permanente de los censos de militancia y libre acceso para quien quiera consultarlos. Reglamentos que fijen con precisión la publicidad de los acuerdos orgánicos hacia la militancia, que regulen el régimen se sesiones, deliberaciones y acuerdos así como la información previa y documentada en cada sesión. Revocación de los cargos públicos por las asambleas competentes u órganos competentes que los eligieron como candidatos en las elecciones. Elección de direcciones tras la presentación de un programa del que rendirán cuenta en las sesiones habilitadas para ello. Finanzas claras, transparentes y co-responsables. Militancia efectiva según posibilidades.      3.-3  Elaboración Colectiva. Esta seña de identidad no es sino la aplicación en el marco de lo concreto de la alianza social en torno a objetivos, métodos y valores. Sin que los ciudadanos participen en la elaboración de las soluciones para sus problemas no habrá nunca conciencia de la realidad, sus límites y el papel que la Democracia tiene en el cambio social. Pero la elaboración colectiva no es la creación de un gabinete de asesores que elaboran papeles para los cargos públicos es básicamente un mecanismo de participación democrática en las decisiones de IU, es un mecanismo de aportación e intervención en las líneas de actuación  de la actividad política y social y también en las políticas a realizar en las instituciones. Las Áreas como un mecanismo de elaboración (pueden haber otros más)  deben ser organizadas de tal manera que los militantes y dirigentes participen en ellas habitualmente. En las elaboraciones que sobre ellas hemos en IU hay material suficiente para concretar su organización, funciones y participación política.      3.-4  IU es una fuerza política de carácter federal. Y esta apuesta que proviene de nuestra concepción del Estado no significa otra cosa que otra forma de concebir el acuerdo de un Estado unitario que busca su cohesión desde el consenso el acuerdo, la atribución clara de competencias, funciones y responsabilidades. La federalidad es incompatible con los taifatos. Una idea debe quedar clara: la federalidad es un reconocimiento a la diversidad pero en el marco de una visión común de la Transformación social. La transitoriedad de Estados , nacionalidades y entes territoriales ante la concepción de un mundo nuevo, solidario y sin fronteras debe estar siempre presente.      4.-4.- Escrupulosa legalidad. Una fuerza política que se pretenda democrática debe guiar sus actuaciones internas y su funcionamiento por el respeto y ejercicio de la legalidad. Estatutos, reglamentos, régimen de sesiones y toma de acuerdos deben ajustarse totalmente a las reglas de juego estatuidas libre y soberanamente por el colectivo. Las comisiones de Garantías no pueden ser concebidas con órganos para salir del paso cuando no como cementerio elefantes. Es inadmisible que los Estatutos sufran cambios para legalizar acciones o situaciones que contradicen abiertamente los principios éticos y políticos de IU.      4.-5.-  IU no puede definirse por una serie interminable de adjetivos. La aceptación y desarrollo de los DDHH en sus tres generaciones, la asunción en la teoría y en la práctica de otras aportaciones a la causa de la plena emancipación humana es una seña de identidad irrenunciable para cualquier organización que pretenda ser revolucionaria o transformadora. Desde hace muchos años explicitamos que nuestro discurso es rojo, verde y violeta. No sigamos añadiendo adjetivaciones al sustantivo fundamental. Asumamos la historia del movimiento obrero y los nuevos proyectos de liberación. IU es un proyecto de Izquierda, sin más.      4.-6.-  IU no tiene más referencias sindicales que las derivadas de las alianzas coincidencias y movilizaciones que en cada momento puedan producirse El Programa estratégico, la coincidencia táctica, la acción puntual o la coyuntura favorable para una movilización acorde con los intereses de los que aspiramos a representar, es la única pauta para cualquier tipo de relación política y sindical.      4.-5.-  IU se define como una organización republicana. La condición republicana de IU no es una mera adjetivación para la galería. La organización debe fijar en sus Estatutos, discurso y práctica política su decidida voluntad de que la III República española sea una realidad mediante el acuerdo activo, la participación democrática y la divulgación ciudadana de los valores, ética y contenidos de la Constitución de la III República. Nuestro republicanismo no está hecho de nostalgias sino de proyectos para hoy. El desarrollo de esta decisión implica una serie de actuaciones, formas de trabajo y expresiones públicas que sin caer en estridencias gratuitas manifiesten firme, serena e inequívocamente nuestra entidad y nuestra propuesta a la ciudadanía. En consecuencia uno de los trabajos de IU debe ser colaborar y aportar en la puesta en marcha del proceso constituyente de la III República.

      Una vez que estos puntos hayan sido discutidos, asumidos y sistematizados en una única Tesis político- organizativa la primera parte de la Asamblea los aprueba y pone en marcha el desarrollo de los mismos.

      Segunda fase. Una vez que la primera fase haya sido culminada se procederá a la convocatoria de la segunda. En ella se ratificarán lo hecho como desarrollo de la primera y se aprobará una Tesis político-organizativa para los años siguientes hasta la próxima Asamblea. Pretendo con esta distinción separar lo que para mí constituye una invariante, los principios de IU que no pueden estar siempre al albur de cualquier Asamblea, de las líneas políticas y programas que constituyen el mandato para casa Asamblea específica.      En esta segunda fase las direcciones deben, con el mismo método que la anterior, proceder a su renovación en un 25% de lo que anteriormente no se renovó y al porcentaje o casos particulares que se estimen conveniente de los anteriormente renovados. Los Estatutos deberán fijar los años de duración de los mandatos.

      Esta es mi opinión y mi propuesta. Sé que al hacerla puedo levantar suspicacias incluso escándalos pero creo que es la única manera de poner en pie una necesidad.

 

Valencia, 14 de abril de 2008.

 

Glòria Marcos i Martí

Ricardo Sixto Iglesias

Ignacio Blanco Giner

 

Miembros de la Comisión Permanente de EUPV.

Afiliados independientes a IU y a EUPV.

 

 En 1986 mucha gente de izquierdas se unió para construir una casa nueva llamada IU. A partir de una que ya existía, se añadieron algunas habitaciones, se remozó el tejado y  se pintó la fachada de otro color. La casa se llenó de gente, porque a los antiguos habitantes se sumaron otros nuevos, todos ellos con sus ideas y vitalidad.  Sin embargo, han pasado más de veinte años y la casa ha ido deteriorándose: no se han hecho las reformas necesarias, por lo que los materiales empiezan a fallar; se han ido buena parte de los habitantes, y los que quedan no se llevan del todo bien; la mala gestión ha dejado a la comunidad endeudada hasta las cejas; y el edificio colindante a la derecha amenaza con ocupar el terreno, comprándolo a precio de saldo, para ampliar sus instalaciones, dejándonos a la intemperie a quienes aún quedamos en la casa y no queremos  mudarnos. 

¿Qué hacemos con la casa en ruinas para poder seguir viviendo en ella? No tiene sentido limitarse a cambiar el presidente de la comunidad, repintar la fachada del mismo color y hacer unos cuantos trabajos de fontanería fina, porque la estructura acabará cayéndose irremediablemente. O la rehabilitamos, manteniendo únicamente en pie la fachada pero reconstruyendo todo el interior; o construimos todos juntos otra casa en el mismo solar. En cualquiera de los dos casos necesitamos nuevos planos, materiales de calidad, gente entusiasta y con ganas de trabajar y, sobre todo, tomar las decisiones a tiempo. Pongámonos manos a la obra.

 

Izquierda Unida, la organización en la que compartimos militancia y trabajo político tantas compañeras y compañeros de izquierdas, está en una profunda y grave crisis electoral, política, organizativa, económica e incluso cultural. El resultado de las elecciones generales del 9 de marzo no es la causa de esta crisis, sino su manifestación más expresiva y dolorosa, que debería hacernos reaccionar si queremos que la izquierda alternativa tenga algún futuro en nuestro país.

 

Para ello, lo primero que necesitamos es abordar un análisis a fondo sobre la actual situación, sus causas y consecuencias, y las vías de actuación para recuperar el espacio social y electoral perdido. Una reflexión serena pero sin anestesias emocionales que muchas veces sólo sirven para neutralizar los saludables y necesarios impulsos de cambio.

 ¿Dónde estamos? 

Hace poco más de un mes de las elecciones generales. Las encuestas previas marcaban una tendencia dirigida al mantenimiento o al descenso moderado de los ya modestos resultados de IU-ICV en 2004, que en aquel momento se consideraron, en parte, fruto de los atentados del 11M y la situación política posterior. Sin embargo, las elecciones europeas de pocos meses después, que deberían haber supuesto una recuperación del “voto prestado”, confirmaron una tendencia sostenida de descenso. Ahora la catástrofe electoral del 9 de marzo vuelve a dejar patente que no tenemos ningún suelo electoral firme bajo nuestros pies. Si hoy se celebrasen nuevas elecciones generales, quizás ni siquiera alcanzáramos los 600.000 votos de las últimas europeas.

La pérdida de apoyo social, manifestada en el descenso electoral sostenido, nos ha llevado hasta el borde de la intranscendencia institucional. Los momentáneos repuntes y los buenos resultados en algunos municipios y zonas concretas, apenas desvían una curva descendente que se aproxima peligrosamente a la marginalidad. De proseguir la misma tendencia y si no conseguimos invertirla puede augurarse la desaparición de Izquierda Unida de la mayoría de las instituciones en próximas citas electorales.

 ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? 

El entorno político es hostil. Vivimos en una sociedad capitalista, imbuida a todos los niveles por los valores y la ética propios de este sistema. El entramado institucional y la legislación electoral están aparejados para favorecer la alternancia en el poder de dos grandes partidos que comparten los mismos postulados básicos. Además, como ponen de relieve los resultados de otras fuerzas políticas de nuestro entorno próximo, existe una multiplicidad de factores que contribuyen a hacer muy difícil la supervivencia de los movimientos políticos de la izquierda alternativa. Es necesario desgranar y estudiar estos mecanismos y procesos que nos impiden avanzar. No obstante, también es necesario  constatar que en este mismo entorno, aunque en otros momentos, hemos tenido una mayor presencia institucional y apoyos electorales muy por encima de los que ahora tenemos. Con todo y a pesar de ser los factores exógenos los que de forma más importante limitan nuestra actividad y crecimiento político, los de tipo endógeno han resultado fundamentales para acabar en la situación tan grave que padecemos, y afectan también a la percepción que generamos en nuestros ámbitos próximos.

 

Parece evidente que una buena parte de lo que hacemos se analiza en función de lo que son o deberían ser nuestras relaciones con el PSOE. Esta característica de nuestra naturaleza ha sido conscientemente desarrollada y situada en el centro de nuestra estrategia en la última etapa. Parecía como si IU sólo pudiese existir y hacer política en los márgenes del PSOE y como martillo de herejes del PP.  Quien apostaba por esta línea partía del hecho de que resultaba muy complicado no contribuir a apuntalar inicialmente el cambio de gobierno tras las convulsas elecciones de 2004; pero resulta evidente que la obcecación en la misma estrategia durante toda la legislatura, llegando a sostener votaciones parlamentarias contra el propio programa de IU, ha tenido un resultado electoral lamentable. Durante toda la legislatura, hemos aparecido en las encuestas muy bien valorados por los votantes de otra fuerza política. Sin embargo lo que necesitábamos y necesitamos es estar bien valorados por los ciudadanos y ciudadanas que crean que somos una fuerza política útil para representar sus intereses y que por eso el día de las elecciones vayan a votarnos.

 

En ese marco de subalternidad, la política de “oposición influyente y exigente” ha sido teorizada, defendida y ejecutada por quienes, afirmando que era necesario buscar nuevas formas de hacer política, han favorecido que IU fuese derivando externamente hacia la confluencia con movimientos nacionalistas más o menos progresistas (modelo teorizado como el de “las izquierdas periféricas”), e internamente  han propiciado  el caos organizativo y la confederalidad de facto. Ambos movimientos centrífugos han contribuido a desdibujar peligrosamente la propuesta política que IU debe representar como izquierda alternativa, federal y unitaria.

  

En cualquier caso, al estudiar los resultados electorales llama la atención sobremanera el hecho de que ninguna de las federaciones de IU escapa a la debacle. Hemos sufrido el varapalo en todos los territorios del estado: donde gobernamos y donde estamos en la oposición; donde hemos sufrido una grave crisis y donde hay paz interna; donde tenemos un perfil más cercano al nacionalismo y donde no; donde son mayoría los llamazaristas y donde dominan sectores afines a la dirección del PCE; donde se ha insistido en lo socio-laboral y donde se ha marcado más el acento verde… No hay recetas mágicas. La transversalidad de la derrota es ominosa.

 

Seguramente por ello, asumiendo la magnitud desmesurada del desastre, nadie se apresuró a “sacar navajas”, y eso que la dirección llamazarista había dejado IU sembrada de agraviados que podrían haber clamado venganza tras la debacle. En los días siguientes a las elecciones, mientras el núcleo duro de la dirección federal aparecía colapsado, consciente de su protagonismo en el desastre, otros sectores intentaban marcar distancias y ganar centralidad en la nueva situación.

 

En este marco parecía perfilarse la necesidad de buscar una salida lo menos traumática posible. Sabemos que hay que ir a una asamblea, aún sin fecha, pues la previsión estatutaria ya ha sido superada y la dirección federal ha quedado absolutamente desacreditada. Así, desde la Permanente se lanzó la propuesta de una Comisión unitaria, y se empezó a negociar sobre la base de que en ella debían residir todos los poderes de la organización hasta la asamblea. Y empezó el barroco baile de los engaños.

 

El primer paso fue tratar de establecer un nuevo núcleo de dirección contando para ello con las grandes federaciones y con el PCE. Esta “nueva mayoría” debía vehicular sus actuaciones a través de la Comisión, en la que los bloques, las sensibilidades y los territorios estarían equilibrados, y el eje Catalunya-Madrid sería la bisagra sobre la cual pivotaría cualquier movimiento. Para el éxito de esta estrategia se requería vaciar de poder a la Permanente, y trasvasar esos poderes a la Comisión.

 

Sin embargo, cada día que pasa la debilidad del núcleo llamazarista va menguando. Dirigentes como Montse Muñoz y Rosa Aguilar, y federaciones como IU-Asturias levantan la bandera de la legitimidad de la dirección federal y descargan la enorme responsabilidad de la debacle en los opositores a la misma. El carácter de Gestora de la Comisión propuesta por la Permanente se va desvaneciendo. El engaño radica en discutir permanentemente sobre la composición de la comisión y las subcomisiones, y no sobre sus competencias.

 

En la Presidencia Federal del 29 de marzo no se llegó a sellar un pacto global sobre la  composición, entre otras cuestiones porque los acuerdos iniciales fueron desbordados al aparecer peticiones de incorporación (otras federaciones, jóvenes, Redes) que el pretendido “nuevo núcleo” de la comisión no tenía discutidas ni asumidas. Tampoco se dejó claro que las competencias debían ser las propias de una Comisión Gestora. Para rematar la percepción de falta de asunción de responsabilidades, en la mencionada Presidencia se acordó dar carta blanca a Llamazares para la formación del grupo parlamentario, y pocos días después se reunió la Permanente para decidir sobre el voto de investidura. La coexistencia de los órganos estatutarios y de la nueva Comisión está llevando a una confusión de responsabilidades y vaciando a ésta de capacidad de decisión sobre la política de IU.

 

En definitiva, en un mes tras las elecciones se ha producido una recomposición cupular que apunta la búsqueda de un “post-llamazarismo” para que al final no cambie (casi) nada. Por lo visto en las primeras sesiones del Congreso, tras lo aprobado en la Presidencia y en la Permanente de IU, la política de “oposición influyente y exigente” sigue en marcha, con Gaspar Llamazares como único diputado. La oposición interna, que en los primeros días estaba alborozada con la idea de abrir las ventanas y limpiar los despachos de Olimpo, está desestructurada y resignada a, en el mejor de los casos, convivir cómplice y rehén de las miserias de quienes nos han conducido en la última etapa a la grave situación en la que nos encontramos.

 

Todavía no se sabe cuándo será la asamblea, pero resulta obvio que es absolutamente imposible que se celebre antes del verano. Necesitamos hacer la asamblea, pero ¿es una asamblea todo lo que necesitamos?

 ¿Crisis coyuntural o estructural? 

Es importante definir si vivimos una situación coyuntural o estructural, porque eso marcará una vía de actuación u otra. En nuestra opinión, no estamos simplemente ante una “crisis de dirección”, que se puede superar sólo con una asamblea que renueve los cargos y actualice las políticas, sino ante toda una “crisis de proyecto”, lo que nos obliga a ir mucho más allá en el análisis y en la respuesta.

 

Desde nuestra profunda preocupación por la situación actual, estamos convencidos de la vital necesidad de abrir urgentemente debates sobre cuestiones concretas e ir adelantando soluciones lo más rápidamente posible, antes de que el conservadurismo interesado de los núcleos dirigentes nos lleve a una “única salida” que es un callejón sin salida.

 

Tenemos la percepción de que son necesarios muchos cambios para poder salir adelante. Hay que cambiar la dirección política, es evidente y necesario, además hay hacerlo con cierta urgencia. También hay que modificar la línea política que se ha venido proponiendo desde la actual dirección. Pero los cambios no se agotan ahí. La estructura de IU, anquilosada y obsoleta, superada por las circunstancias y los poderes fácticos que distorsionan una y otra vez la democracia interna, debe ser objeto de muy profundos cambios. Tenemos que revisar también nuestros programas y la forma en que formulamos nuestras propuestas políticas, porque cada vez atraen a menos votantes. Debemos cambiar la imagen y revisar en profundidad no tanto lo que somos (cosa que parece que siempre estamos revisando en exceso) sino sobre todo cómo pretendemos llevarlo a la práctica.

 Rehabilitación o reconstrucción de IU. 

Son tantos los cambios que nos parecen necesarios, que el primer debate que se vislumbra es sobre la validez y la viabilidad del proyecto actual de IU.  El propio hecho de impulsar este documento expresa nuestro convencimiento de que es necesario un proyecto de izquierda alternativa en España, y de que el mismo es posible. Pero ¿es actualmente Izquierda Unida un buen formato para vertebrarlo e identificarlo? Hay suficientes motivos para responder negativamente a esta pregunta.

 

1.- La marca “Izquierda Unida” puede que esté amortizada. Debemos cuestionarnos si sigue siendo un valor positivo, si identifica realmente al proyecto en el que estamos trabajando miles de hombres y mujeres. Se nos acusa permanentemente de nuestra desunión, de nuestros enfrentamientos internos. Si en 1986 la idea fuerza era unir a los partidos y movimientos de izquierda que se opusieron a la OTAN, hoy ese panorama está superado. Ya no hay pequeños partidos de izquierdas que desunidos no sean nada y unidos puedan ser algo. La situación es otra. La marca IU sigue siendo muy querida por todos los que durante años la hemos llevado en pegatinas y chapas cerca de nuestro corazón, pero deberemos plantearnos la conveniencia o no de su mantenimiento.

 

2.- La estructura actual de funcionamiento de Izquierda Unida es inadecuada para trabajar dentro de ella. Está anquilosada, es lenta, poco democrática, fácilmente manipulable, mastodóntica, inoperativa y cara de mantener. Se impone un cambio en profundidad en las estructuras de funcionamiento y sobre todo en los órganos de dirección, que deben ser simplificados y democratizados.

 

3.- La situación económica de IU hace inviable la continuidad de las actuales estructuras. Tenemos ahora mismo una deuda federal anterior a las últimas elecciones de 13 millones de euros (con bancos y proveedores) a la que habrá que sumar una parte de la de estas elecciones, que de momento asciende a 5,7 millones (con bancos y el Estado). Aparte, algunas federaciones tienen sus propias deudas y con ellas sus propias dificultades para salir adelante. Las finanzas federales tienen un importante déficit mensual. Ni haciendo acopio de todos los recursos habidos y por haber es posible dar viabilidad económica a IU tras la última debacle electoral. Los más optimistas sólo son capaces de vislumbrar un panorama económico agónico en permanentes número rojos.

 Remoción o derribo. 

IU, la casa en la que vivimos desde hace 20 años, que levantamos con ilusión juntando otras viviendas menores y en la que hemos pasado malos y buenos momentos, está en ruinas. Tanto la estructura y el tejado, como los tabiques, revestimientos y la fontanería, están muy deteriorados. Y ahora ¿qué hacemos? ¿derribamos o remozamos?

 

Si de toda la casa no hubiese nada que valiese la pena, lo lógico sería el derribo completo para hacer una nueva construcción. Pero éste no es el caso. Hay elementos que nos parece necesario conservar y poner en valor. Pero es imprescindible descarnar las estructuras básicas sustentantes y a partir de ahí, de los cimientos y pilares básicos, recuperando aquellos elementos que dotan del carácter propio al edificio, construir entre todos una nueva casa habitable, más confortable, y sobre todo más útil para los que estamos dentro y también para los que nos miran desde fuera.

 

Los elementos estructurantes que soportan IU son de dos tipos. Por un lado están los territorios, las federaciones, algunas con personalidad juridico-política propia; por otro lado están las “sensibilidades” políticas, comenzando por la más importante y significativa, el PCE, parte fundadora de IU y sin la cual cualquier proyecto de izquierda alternativa en España estará gravemente limitado, y siguiendo por el resto de corrientes estructuradas en mayor o menor medida, pero sin duda estructurantes de la vida ideológico-política interna de IU. Desde estas dos realidades hay que reconstruir una nueva IU.

 

Pero el elemento fundamental para la reconstrucción del proyecto, el elemento imprescindible, es la militancia. Las bases deben ser el sujeto activo de un proceso de debate abierto, valiente y democrático, en el que nos jugamos el futuro. Perdido el espacio institucional y buena parte del prestigio que tuvimos, el único patrimonio que nos queda son los miles de hombres y mujeres que siguen luchando colectivamente por cambiar este mundo injusto. Sin ellos y ellas, IU no es nada.

 

Apostamos pues por un derribo de todo lo que no es substancial, y por la reconstrucción de una izquierda alternativa en España, en un proceso colectivo y democrático, partiendo de las federaciones y de las sensibilidades, esto es, del reconocimiento de la pluralidad territorial y política, para conseguir la unidad en un proyecto federal con nueva imagen, nuevas formas, y una revisión de las políticas y los programas.

 Una estructura más ligera pero más firme. 

El nuevo proyecto debe nacer libre de los problemas orgánicos que hemos venido arrastrando hasta ahora. Unos nuevos estatutos deben dar origen a una nueva organización federal (no confederal), en la cual los censos y la afiliación dejen de ser un continuo e insoluble problema. Se pertenece a un movimiento, partido o asociación política (lo que democráticamente decidamos ser), cuando se muestra la voluntad de forma individual a través de un documento específico y personal de afiliación, y mediante el pago de unas cuotas de iguales características en todos los territorios, realizado también de forma personal. Los mecanismos de afiliación y pago de cuotas, aunque estén administrados por las federaciones, deben estar permanentemente consolidados con la estructura federal. Hay que huir del actual sistema de funcionamiento. Afiliación y cotización individual y claridad en los censos.

 

Es vital simplificar, dinamizar y democratizar las estructuras de dirección y participación. No deberían haber más de tres escalones de organización-dirección en todos los niveles territoriales: asamblea, consejo político y comisión ejecutiva. La actual dualidad de los máximos órganos de dirección (Presidencia y Consejo Político) se ha demostrado negativa por la desmesura de su composición y la inoperatividad de su funcionamiento. También ha llegado el momento de poner en cuestión ciertas liturgias, asentadas históricamente, que hacen inoperantes las reuniones de los órganos de dirección (por ejemplo, resulta increíblemente absurdo que en el CPF se sucedan más de 70 intervenciones de tres minutos para acabar votando en función de mayorías y minorías prefijadas). A partir de la muy mejorable experiencia de las pasadas primarias postales, deberíamos potenciar la participación directa, libre y consciente de la militancia, con procedimientos claros y verificables, planteando asambleas federales más vivas y decisorias. Y, por supuesto, hay que asegurar el cumplimiento de las decisiones tomadas democráticamente en los órganos competentes, haciendo que la amarga experiencia de la última legislatura quede como una excepción.

 

Hay que recomponer la federalidad del proyecto. Ello implica la igualdad entre las partes. Todas las federaciones deben tener el mismo nivel de competencias reservando las que se decidan  para la instancia federal. La nueva IU no puede ser, como ahora, un híbrido de organización quasi-federal más un conglomerado confederal. A partir de las federaciones existentes debe conformarse un proyecto federal que alcance a todo el estado. La representación en el PIE debe corresponder a IU, no puede haber federaciones que tengan una representación diferente a la del conjunto del proyecto.

El fundamental cambio de la política. 

Tan esencial como los cambios en la estructura y la marca, es el cambio en la política. Por definirlo en pocas palabras, hay que resituar a la nueva IU en su propio espacio, con su propio perfil. La estrategia política defendida por la actual dirección, sintetizada en la expresión “oposición influyente y exigente”, pasó a su fase aguda en las semanas previas a las elecciones cuando en el discurso se deslizaba la intención confesada expresamente de entrar a formar parte del futuro gobierno. Quizás si en su momento hubiésemos tenido el suficiente número de diputados y diputadas en el Congreso como para ser realmente influyentes y exigentes podríamos habernos planteado participar en un gobierno verdaderamente de izquierda plural. Pero defender esa estrategia con un grupo de 3+2 diputados es casi ridículo y suicida si hablamos en términos electorales.

 

Tras la debacle electoral, nos vemos ahora en un grupo parlamentario denominado textualmente “Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana – Izquierda Unida – Iniciativa per Catalunya Verds”. Ni siquiera se ha tenido el detalle de añadir el término “técnico” (o cualquier otro sinónimo), máxime cuando esta fue la excusa con la que se defendió en la Presidencia Federal la constitución del mismo. Recursos económicos para una IU que agoniza y minutos de intervención parlamentaria para el máximo protagonista del desastre, son los motivos que se han dado para conformar un grupo parlamentario en el que nos confundimos con un partido que se define como independentista. Nosotros no somos independentistas. Nosotros defendemos una España que queremos republicana y federal, pero al fin y al cabo un solo estado. ¡Qué complicado va a resultar explicar que compartimos grupo con ERC! Casi tanto como explicar los pactos municipales con ANV y los autonómicos y casi preelectorales con el PNV. Demasiadas complicaciones. Algunos no queremos tener que defender y explicar a la gente más errores políticos que ni nosotros mismos entendemos. Y para terminar de ahondar la fosa en la que nos encontramos, nos abstenemos en el debate de investidura. ¿Cómo vamos a explicar a nuestro electorado cuál es la virtualidad de votar IU, si nos posicionamos como el hermano pequeño, pobre y dependiente de un PSOE que desde la noche electoral lanzó el mensaje de que iba a pactar preferentemente con CIU y PNV y los grandes temas de estado con el PP?

 

Igual que cambiar las políticas de coyuntura, hay que revisar las líneas programáticas básicas. Nuestros programas hace tiempo eran altamente elaborados y muy participativos. Esa dinámica ha venido cambiando hasta llegar a un modo de proceder en el cual unas pocas mentes, más o menos brillantes, elaboran una propuesta programática poco o nada debatida en  una conferencia que dura unas pocas horas. No podemos permitirnos el lujo de pensar que los programas no son importantes, cuando para nosotros, como movimiento político y social, el programa es la argamasa que puede mantener unido el edificio que conformemos.

 

Hemos de afrontar con valentía la actualización de nuestras propuestas, la sociedad ya no es la misma que hace veinte años. Tenemos un ideario inmaculado, en tanto que no hemos tenido ocasión de contrastar su validez con la realidad, pero para enganchar con las personas a las que dirigimos nuestras propuestas hace falta algo más que la fácil nostalgia de unos tiempos que ciertamente fueron mucho mejores. La izquierda debe ser crítica y combatir al sistema, y para ello lo primero es conocerlo y después formular alternativas. Hace tiempo que no nos ponemos a ello, también intelectualmente hemos estado viviendo de las rentas.

 

¿Cómo y cuándo realizar los cambios?

 

La tarea pendiente semeja la limpieza de los establos de Augías. Necesitamos la energía de un río para ello, y solamente las bases de esta organización tienen semejante fuerza.

 

Todo parece apuntar a la existencia de un grupo de dirigentes que plantean una recomposición cupular que pretende solucionarlo todo con un simple cambio/recambio del equipo de dirección, con poca o ninguna revisión del resto de cuestiones. Que a estas alturas no se hayan abierto debates importantes entre el conjunto de la organización [1] también parece preocupante, porque denota una atonía general sobradamente justificada por el shock electoral, pero cuyos efectos debemos combatir urgentemente para que no nos dejen sumidos en la inacción y la ruina.

 

Hay que preparar la asamblea con tiempo, pero no podemos estar con las “carnes” asamblearias abiertas permanentemente. Es muy urgente, urgentísimo, relevar a los capitanes del desastre, al equipo que ha dirigido IU hasta esta terrible situación. No deben estar ni un solo minuto más al frente de IU o lo que quede de ella. La comisión nombrada por la Presidencia debe asumir las funciones de dirección política y el próximo Consejo Político Federal debería proponer la disolución de la Permanente y otorgar a  la Comisión carácter de  Gestora.

 

La asamblea ya no puede ser antes de verano. Hay que aplazarla al último trimestre del año. Para conceder el máximo espacio y tiempo al debate y al trabajo debería celebrarse  hacia finales de 2008.

 

Será en la Asamblea donde procederá debatir y decidir, entre otras, sobre las cuestiones que hemos intentado esbozar en este documento, y elegir una nueva dirección que sea capaz de ejecutar lo decidido, de forma práctica, efectiva y democrática, teniendo en cuenta que después de la Asamblea no estaremos al final del camino sino en el principio del proceso de reconstrucción de la izquierda alternativa en España.




[1]  Una vez concluida la redacción del presente documento hemos podido leer un texto de Julio Anguita con el que coincidimos en muchos aspectos y que estamos seguros contribuirá, junto con otros, a promover este debate en el seno de IU.

 

15 de abril 2008

 Pedro Montes y Diosdado Toledano

 (Miembros de la Presidencia Federal de Izquierda Unida)

Los desoladores resultados electorales de IU el pasado 9 de marzo han tenido la virtud de poner de manifiesto sin tapujos la extrema gravedad de la crisis de la organización, cuyas raíces son profundas, largo su proceso de gestación, con un  punto culminante en la orientación suicida de la campaña electoral conducida personalmente por Gaspar Llamazares, que al postularse para entrar en el gobierno socialista ha hundido la credibilidad del discurso crítico hacia el PSOE, ha desarmado IU frente a la llamada al voto útil y desorientado a una parte importante de su base social que se ha refugiado en la abstención.

 

La crisis viene siendo denunciada desde hace tiempo: la candidatura Marga Sanz tuvo esos propósitos y fue una respuesta lúcida para evitar el desastre anunciado, y en algún momento, no por clarividencia sino por ser evidente, llegamos a decir que la camarilla que dirigía IU eran los sepultureros del proyecto. El equipo que ha dirigido la organización durante los últimos años en lugar de abrir a tiempo una salida colectiva y democrática a la crisis, ha preferido cerrar los ojos, enrocarse, aplicar un estilo autoritario que ha destruido la pluralidad intrínseca al proyecto de IU, ha demolido su organización y  ha ejercido  todo tipo de abusos de poder, de los cuales el conflicto con la federación de Valencia en vísperas electorales y la defenestración de algunos miembros del PCE de la Comisión permanente de IU han sido los casos más conocidos recientes.

 

 Es verdad que para llevar a cabo esa política durante la anterior legislatura el Coordinador general ha contado hasta el último momento  con una mayoría en el Consejo político (hasta el caso de Valencia) y la Presidencia Federal, que deben considerarse como cómplices necesarios del proceso de degradación sufrido por IU. Y decimos cómplices en el sentido más estricto de la palabra. Se pretende por muchos hablar de responsabilidades en el mejor de los casos, para evitar  con ello mencionar la palabra culpabilidad, pero cuando una política ha sido ejecutada sin sujetarse a las reglas de la democracia sino a través de engaños, fraudes,  falta de respeto al sentir de la organización, abusos de poder,  no puede sólo hablarse de mera responsabilidad.  Entre esos colaboradores hay que distinguir en particular, por su peso mayoritario en EuiA,  a la alianza formada por los dirigentes del PCC y POR, que ha respaldado en todo momento a Gaspar Llamazares y ha practicado una política de colaboración con el social liberalismo a través de la coalición electoral con ICV y la participación en el gobierno tripartito de la Generalitat. El fracaso electoral de IU ha ido  acompañado con similares resultados por la coalición Iniciativa-Euia, sin que deba olvidarse además que ICV apoyó a la candidatura escindida de EUPV.

 

A nuestro entender,  la crisis de IU es una crisis global, si cabe  la expresión. A estas alturas no se sabe cuál es la naturaleza de IU,  si un movimiento político y social organizado o un partido al uso,  enrevesado y con una amalgama ideológica inoperante.  Tampoco se conoce cual es el espacio político que pretende ocupar, si es una fuerza transformadora y anticapitalista o una fuerza que aspira  esencialmente formar parte de las instituciones de poder y gobierno. Por ello tampoco se sabe si su trabajo básico  debe ser fortalecer los movimientos sociales o actuar en las instituciones tratando de elevar a ellas las reivindicaciones populares. Si luchar o gobernar. Menos claro aún están los aliados políticos y sociales con los que debe entenderse IU. Ser lazarillo del social liberalismo o formar tejido con los sectores antisistema.  En el caso de los sindicatos CCOO y UGT, tratar de llevarse bien con las direcciones mirando para otro lado ante su desastrosa política o impulsar y formar parte de los sectores críticos y de las organizaciones sindicales de izquierda y combativas. Asumir responsabilidades de Estado a pesar de la insignificancia del peso político o trabajar coherentemente con criterios de clase por los derechos  de los trabajadores y demás  capas sociales oprimidas y explotadas. En la cuestión del modelo de Estado, la defensa del derecho de autodeterminación ha quedado para los días de fiesta y el objetivo de una República federal y solidaria se ha limitado a las declaraciones rituales de costumbre.

 

La propia IU no ha definido de modo consecuente y estable el carácter de su proyecto: no se sabe si es una fuerza política con vocación federal, sin perjuicio de que se articule territorialmente con federaciones que se corresponden con las nacionalidades y comunidades autónomas, o es un aglomerado de federaciones cada una con soberanía propia, que convierten a la organización en un  reino de taifas, porque sería demasiado considerarla una confederación en este caso, dada la desigualdad de situaciones.

 

En el plano organizativo interno la descomposición de IU en estos momentos no tiene parangón con ningún momento del pasado. Los militantes, el más preciado patrimonio de una fuerza política de izquierdas,  no cuentan, no existen,  ni para decidir e influir ni para llevar a cabo tareas políticas.  La vida en la organización se limita a cambalaches, contubernios, reuniones de grupos, sensibilidades, sectores, en la que los barones, marqueses,  duques y demás advenedizos pretenden imponer sus criterios y acaparar  poder olvidándose de la política. De ahí  a hablar de que todo se mueve por intereses de grupo o particulares queda un paso,  que se ha recorrido. Los órganos de dirección no funcionan y sólo se reúnen para cumplir algunos requisitos formales y dar amparo a decisiones tomadas por las capillas fuera de ellos. Los censos son falsos y distorsionan la democracia interna hasta el esperpento. Los estatutos son un galimatías en el que pueden encontrar respaldo las actuaciones más arbitrarias y antidemocráticas y no existe desde hace muchos años una Comisión de garantías digna de tal nombre. La situación financiera de IU, o más claramente, la crisis financiera de IU nunca ha sido conocida y tratada por los órganos. 

 

Los datos anteriores no agotan la descripción de la descomposición política y organizativa de IU, pero si dan una idea suficiente de la intensidad de la degradación padecida. Los  resultados electorales de IU pueden explicarse perfectamente por la situación interna, sin perjuicio de la influencia que desempeñan otros factores y de una ley electoral injusta, que han hecho que el retroceso numérico de los votos y la pérdida de tres diputados sea valorado por la gran mayoría de IU como una debacle. En todo caso además,  la tarea de recuperar IU, o un proyecto de izquierdas que ocupe  el espacio político que se pretendió en sus orígenes,  para salir del atolladero en que la izquierda anticapitalista esta sumida, pasa esencialmente por remover  todas las deformaciones sufridas en los últimos tiempos como condición necesaria, aunque no suficiente. El drama es que hay que volver a empezar y tener que volver a hacer realidad la frase tan repetida de que si IU no existiera habría que inventarla.

 

El desastre electoral el 9 de marzo debería de haber  producido la inmediata e irrevocable dimisión del Coordinador general y su equipo próximo.  Se echó de menos una reacción como la  dimisión  de Almunia cuando fue derrotado contundentemente por Aznar en las elecciones del 2000. En lugar de desaparecer, de hacer mutis por el foro, de abrir puertas y ventanas para que entre nuevo aire, de provocar una conmoción en la organización para que ésta con sus fuerzas afronte la cruda realidad, Gaspar Llamazares volvió a recurrir a las  artimañas con la intención de seguir manejando la organización o al menos para preservarse un papel importante en el futuro. Anunciar que no se presentaría a la reelección de Coordinador era una concesión gratuita a la galería, puesto que estatutariamente ya ha sobrepasado los mandatos posibles. Siempre se había especulado con que en el peor de los casos habría un intento de supervivencia del  “llamazarismo” sin Llamazares, y este se ha prestado a trabajar por dicho objetivo con el apoyo de sus decepcionado colaboradores.

 

Cabe afirmar que si el “llamazarismo” sobrevive en IU, cualquiera que sea su versión, no habrá recuperación posible del proyecto. En esa situación, tampoco es pensable ni  creíble una IU  como catalizadora  de la regeneración de la izquierda política en un sentido más amplio.  En nuestra opinión,   tampoco se conjura este peligro con la decisión adoptada por la Presidencia federal de constituir una comisión que prepare la próxima Asamblea federal. Ante la gravedad de la crisis, se ha recurrido a la manida respuesta de crear una comisión, pero una comisión además gestada con todos los vicios que IU arrastra en su funcionamiento: una parte de los barones, sectores y sensibilidades, repartiéndose burocráticamente un pastel  minúsculo con la intención de ir tomando posiciones para, en su momento,  asegurarse la mejor parte del poder institucional que le puede quedar a IU. Para colmo, ya se empieza hablar de alianzas entre dirigentes de federaciones, de operaciones  para centrar el proyecto, que excluyen a una parte de las alternativas y de la pluralidad,  e incluso de postulantes al cargo de Coordinador general. En fin, pensamos que se están dando los pasos para, una vez llegados al borde del precipicio,  arrojarnos por él.

 

Lo actuado hasta aquí después del gravísimo revés electoral nos pone en camino del desastre total. La salvación de IU es una tarea llena de dificultades al punto de que verosímilmente no sea posible. No obstante, en nuestra opinión, conociendo la realidad de la organización, la degradación que sufre, el desánimo que recorre a sus mejores militantes,  podemos asegurar que el continuismo por el que parece haberse optado no lleva a ninguna parte, que así no saldrá  IU de la profunda sima en que ha caído. Sólo la ruptura con el pasado, sólo una catarsis que remueva y renueve en profundidad la organización,  puede poner las bases para el renacimiento de la izquierda política en nuestro país.

 

La candidatura de Marga Sanz pudo representar en su momento una oferta de la reforma necesaria. Contenía, y son asumibles,  los elementos programáticos y organizativos necesarios para evitar la ruina final y para emprender una recuperación a medio plazo. Los 8,000 votantes que optaron por Marga Sanz son indiscutiblemente un capital político no desdeñable: representan sin duda un patrimonio militante considerable para todo intento de reconstruir IU. Sin embargo pensamos que en estos momentos, ya, esa reconstrucción no puede limitarse a los efectivos de IU pues la organización está, tras las elecciones, muy devaluada política y socialmente, y, sobre todo, creemos que la política y el funcionamiento de la organización  han ido alejando y dejando en la cuneta a muchas gentes de izquierda y colectivos que no han podido soportar ese proceso de degradación,  pero que siguen formando parte de la izquierda real y por tanto son susceptibles de unirse a un proyecto ilusionante de renacimiento de la izquierda anticapitalista y alternativa en nuestro país, cuyo espacio y necesidad creemos que esta fuera de discusión. Sirva como ejemplo, no único,  el caso de Izquierda Alternativa que ha dejado de reconocerse como una corriente en el seno de IU.

 

Advertidos, por nuestra parte, de los  peligros que amenazan  la salida de la crisis de IU y apostamos de manera decidida por un a un gran debate interno abierto en todo lo posible a la sociedad que nos circunda, por una reflexión sobre la realidad política, por la superación de la esquizofrenia que significa pretender ser a la vez organización de lucha y de gobierno, por la actualización de un programa  para la  transformación social y de un modelo de Estado garante del derecho de autodeterminación, por el impulso resuelto a la movilización social y la solidaridad con las luchas, por el desarrollo y construcción de los movimientos sociales, en especial la reconstrucción del movimiento obrero sobre bases anticapitalistas, democráticas, internacionalistas y solidarias, y, en fin, por la radical renovación de la organización para levantar una fuerza política estatal   sobre una base federal, democrática, participativa e integradora, y respetuosa de la pluralidad.

 

La crisis del capitalismo y  la inestabilidad  del sistema financiero internacional tendrán graves consecuencias sobre la economía española, recorrida de graves desequilibrios  y contradicciones. El colapso del sector de la construcción arrastrará a otros sectores de la industria y de los servicios, el déficit exterior avisa de nubarrones en el horizonte, el endeudamiento  desorbitado se verá agravado por las dificultades crediticias, la extrema precariedad hará estragos en el mundo laboral, la disminución de los fondos europeos reducirá el margen de maniobra al gobierno de Zapatero. Con menos ingresos y más necesidades de gastos se tensarán todas las contradicciones existentes, las sociales, con nuevas amenazas sobre la clase trabajadora, y las territoriales, que pondrán al desnudo los problemas de fondo del actual modelo de estado. En suma, las condiciones para la movilización social estarán al orden del día.

 

Las ilusiones en el gobierno del PSOE se irán desvaneciendo al ritmo de la crisis y de la lucha social. La elección del Presidente Zapatero con la abstención de la derecha nacionalista de CiU y PNV anuncia futuros pactos de estabilidad que empujarán al PSOE en su viaje a la derecha. El voto negativo de ERC en la investidura del Presidente de gobierno presagia las tormentas  sobre el gobierno tripartito de Cataluña. La insatisfacción por los resultados electorales no sólo afecta a la afiliación de IU, también afecta en mayor o menor medida a ERC, ICV, PNV, EA, CiU, CC, etc., también al PP.

¿Sabrá IU ser útil a la clase trabajadora y al conjunto de oprimidos en los próximos años? ¿Aprovechará esta oportunidad para ser un referente de la izquierda anticapitalista? En nuestra opinión, una respuesta positiva a estos interrogantes sólo es posible si se produce una verdadera catarsis durante el proceso y celebración de la próxima Asamblea congresual, que debe convocar de manera abierta y con credibilidad al renacimiento de una izquierda auténticamente alternativa y anticapitalista. Todo lo demás es prolongar una agonía.  

 

Enrique Centella/ abril 2008

 

 La consecuencia objetiva de los  resultados electorales es que ha cerrado una etapa para la izquierda política de este país y nos sitúa en otra absolutamente abierta donde nos toca inventar, crear lo nuevo. La representación parlamentaria de Izquierda Unida es el resultado de una estrategia que han desarrollado los dirigentes de IU Federal en los últimos diez  años. Por lo tanto es un error, a la vez que una trampa, analizarlos en función de una foto cambiante pero fija como ha sido la coyuntura política de estos últimos años. El bipartidismo, el voto útil o nuestras estructurales disputas no explican por si solas la ridícula representación de la izquierda transformadora  en el arco político parlamentario español. Expresándolo con claridad, la etapa que la propia realidad nos ha cerrado se podría resumir en que aquellos planteamientos que en la IV Asamblea Planteaban la conversión de IU en otra cosa distinta han triunfado aún perdiendo entonces 60 a 40%. Mantengo la tesis de que llevamos, al menos, 8 años en la IU del 40%. Y estos son sus resultados. No esperen que lleve flores caras a ese funeral. A pesar de haber sido gobernados así  no podemos afirmar que ese discurso y esa praxis política  haya sido, ni es, mayoritaria en el seno de IU. Todo lo contrario. A pesar de las expulsiones y la generación de políticas fraccionales impulsadas desde el Federal sigue siendo una mayoría natural clara la que defiende una IU roja, no subalterna y alternativa.  Existía y existe esa mayoría natural amplia que no ha sido capaz de gobernar el proyecto por sus propias divisiones y por el miedo escénicos de los dirigentes a una nueva travesía del desierto que era inevitable. Al final la realidad nos obliga a atravesarlo ¡y menos mal que la decisión de atravesarlo no es ya nuestra! La realidad la ha tomado por nosotros aunque ciertamente lo que ocurre es que llevábamos tiempo en el desierto y no lo queríamos ver.  Hay que moverse, el inmovilismo ya no es posible. Hay que ir a una gran Asamblea de unidad. En principio hay que reconstruir lo que la ultima etapa ha derruido. Se trata de construir la unidad de aquí a la Asamblea para que esta abra el proceso de gestación de la nueva IU. Así, lo urgente es recuperar la IU originaria para que esta lance una nueva convocatoria a las españolas y españoles a construir lo distinto. La IX Asamblea Federal va a ser una Asamblea de unidad, de unidad con nosotros mismos, con lo que siempre hemos sido, con lo que nunca debimos dejar de ser. Unidad con un discurso, el alternativo, y una praxis basada en el valor del ejemplo. Los resultados electorales son la cosecha de la liquidación de la IU originaria. No fue casual aquella Asamblea  que comenzó con la proyección de un video que resumía la historia de IU donde no aparecía Julio Anguita. En primera fila del auditorio Gaspar Llamazares y Rosa Aguilar acogían al invitado Santiago Carrillo. Todo un capitulo del NODO de IU como regodeo de la victoria. Y cierto, habían vencido, pero hasta aquí han llegado y me alegro realmente de que la estrategia personal de algunos se ha derrumbado antes de alcanzar su objetivo final. Entregarnos con armas y bagaje al PSOE. Patéticas imágenes nos ha deparado esta campaña hablando de ministerios y que decir de aquellos, mejor dicho de aquella que en lugar de trabajar para que IU consiguiera los mejores resultados se ha dedicado a opositar para ministra. Patético. Urgencia en recuperar un discurso y una praxis política para lanzar lo nuevo. Esta es la clave de cara afrontar la Asamblea Federal y su posterior gestión. Se puede decir desde el más absoluto laicismo, urge recuperar la IU de Julio Anguita. La IU que se creía capaz de generar la hegemonía política, la que confiaba en si misma y sabía seguro donde quería ir, la IU valiente que no se cansa de plantar cara a todos porque en ese momento dejaría de ser distinta. La IU que no solo no se avergüenza de lo que es sino que plantea su proyecto con claridad, para que se nos entienda. Va siendo urgente que se empiece a entendérsenos, somos rojos, alternativos y queremos construir lo nuevo.  La estrategia de la Izquierda alternativa europea desde la II Guerra mundial hasta aquí ha fracasado, ha dado todo lo que podía dar de sí. Y no ha ocurrido ahora sino hace muchos años. Los ordenamientos jurídicos que regulan las democracias denominadas occidentales imposibilitan de forma objetiva la Libertad, la Igualdad y la Justicia Social. Los textos constitucionales que han servido en algunos momentos históricos para significativos avances, en este contexto de la globalización y la dominación sociocultural son instrumentos de retroceso e involución. Imposibilitan, en este capitalismo realmente existente, los objetivos que los mismos textos dicen perseguir. La experiencia histórica de la que hay que aprender es que no es suficiente sino todo lo contrario que se recoja el derecho al trabajo, a la vivienda, la sanidad o la educación. No es suficiente que se recoja el derecho a una pensión digna para evitar la pobreza en los últimos años de nuestras vidas ni que figure que todos somos iguales ante la Ley. No tiene ningún valor que se proclame el derecho a la vivienda o la subordinación de la riqueza del país al interés general. Nada de esto ni de otras cuestiones sirven para nada si tras estos planteamientos expresados en artículos no figuran otros que garanticen constitucionalmente su ejecución. Cuando renunciamos en la transición a la ruptura democrática lo hicimos desde la creencia, los que lo hicieron con honestidad,  de creer que con ese marco jurídico podían llegar al gobierno las fuerzas alternativas y entonces llenar de contenido lo que no son mas que palabras que enuncian declaraciones de intenciones. La transición extendió el concepto de que el marco jurídico debía ser el necesario para que cualquier ideología pudiera gobernar legítimamente, de derechas o de izquierdas, revolucionarias o involucionistas. Y en teoría es así, pero la praxis que es el instrumento para adquirir el conocimiento nos dice todo lo contrario.  En primer lugar ese planteamiento  tiene una primera contradicción que nace desde la base del humanismo socialista, ¿cómo es eso que la propia constitución prevea como posible el que los enunciados que expresa no se respeten? ¿Cómo podemos considerar justo un ordenamiento que en si mismo no ve a su contrario como algo imposible? ¿Cómo es eso que el máximo marco jurídico pueda contemplar que sea posible que no se cumpla? No, el propio texto debe asegurar los derechos básicos de los ciudadanos, de las personas. ¿Una constitución que no garantice, por ejemplo, el derecho a la vivienda que sentido tiene? Aún existen más debilidades de las razones para no haber provocado la ruptura democrática. El mismo texto jurídico se sustenta en que unas partes son ejecutivas y otras no. Juego de agudeza mental ¿Cuáles son aquellas ejecutivas? ¿Las que supusieron una cesión de la involución o las que fueron cedidas por la revolución? En lo que cedimos todo se está ejecutando a sangre y fuego, en lo que cedieron ellos no se cumple nada.  Para asegurar el dominio, los que tienen que dirimir los conflictos del ordenamiento son hijos de clase al servicio de los intereses de la involución. Esta es una debilidad importante del razonamiento. Si la resolución de los conflictos de intereses, la judicatura, está en manos de los poderosos y se les posibilita decidir en sentido contrario de lo que la Constitución plantea, lo van a hacer en el sentido natural y mercantil además de los intereses de los que son como ellos. La Constitución Española de 1978 sirvió para el avance de algunos elementos de convivencia importantes pero no era lo que creíamos aunque en las últimas décadas pudiera haberlo parecido a ciertos sectores sociales. La crisis económica global en la que estamos envueltos nos va a hacer ver con más claridad que no hay tanta libertad, ni tanta vivienda, ni tantos derechos como la Constitución proclama. El pacto Constitucional lo ha roto la propia realidad,  la propia manera con la que se han impuesto y por el resultado en la vida concreta de las españolas y los españoles. Julio Anguita en la Fiesta del PCE del año 96, lanzó  en nuestro nombre un ultimátum para salvar el pacto constitucional. Julio expresó con claridad que si el Estado  Social y Democrático y de  Derecho se seguía vaciándose de contenido nos sentiríamos libre de consensos. Doce años después va siendo muy urgente pasar de la amenaza a la acción. La nueva Izquierda política alternativa está armada de razones morales además de las ideológicas para plantear la ruptura, la ruptura democrática. IU nació de la convocatoria a organizar la alternativa desde la no ruptura, la nueva IU convoca para organizar la ruptura democrática que posibilite el desarrollo de la alternativa al modelo de Estado, de gobierno y, por supuesto, de sociedad. La experiencia de las prácticas revolucionarias, de todas, es el bagaje más importante de un revolucionario en el momento de inventar nuevos caminos revolucionarios. Ninguna experiencia se parece a otra, las condiciones son diferentes y las respuestas deben serlo también. Diferentes momentos históricos precisan medidas diferentes, diferentes marcos político-geográficos igualmente. Pero de todas ellas se pueden y deben sacar ejemplos que sirvan. Los que permanente dicen que esto o aquello no vale en otro momento o en otro lugar normalmente lo hacen para descalificar la propuesta revolucionaria, suele ocurrir que cualquier propuesta es descalificada. Esto tiene elementos objetivos para que cale. Uno de ellos es el eurocentrismo, creer que Europa es el centro del mundo y así despreciar las experiencias que ocurren en otros lugares del mundo. Por ejemplo en América. Con Cuba lo tenían fácil pero con la irrupción de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua lo tienen más complicado pues resulta que están construyendo la revolución desde una democracia burguesa, planteando rupturas democráticas desde sistemas llamados democráticos. Claro que existen diferencias objetivas entre unas realidades y otras, pero eso no impide que se puedan sacar conclusiones que nos permitan avanzar. La Izquierda Alternativa europea debe mirar las revoluciones de corte ”boliviariano” como experiencias en las que aprender para practicar. Claro que lo que está ocurriendo hoy en latino-centro América es resultado de un proceso de acumulación de contradicciones y fuerzas concretas en espacios concretos, pero también con muchas semejanzas con otros espacios y otras contradicciones.  Cada vez más espacios y más contradicciones  cuanto más se expande y fortalece la globalización. Venezuela y otros van marcando un camino, conseguir el apoyo popular suficiente como para cambiar los sistemas legislativos, tan sencillo como complejo. Tan espaciado en el tiempo como sea suficiente. Dirán que son los sueños de locura de una fuerza que teniendo 2 diputados de 350 aspira a tener la suficiente fuerza como para poder modificar el sustento de derecho de esta forma de estado. Dirán eso y más. Cuanto más digan más estaremos cabalgando. La próxima asamblea es el comienzo de algo. La apuesta de la izquierda alternativa política por inventar un camino de vía ancha donde todos podemos confluir desde el método de la síntesis y el consenso mayoritario. La IX Asamblea Federal de IU debe parir el documento de convergencia del izquierda política alternativa de la primera mitad del siglo XXI. El principal mandato de la Dirección saliente debe ser la convocatoria de un proceso asambleario para definir la “propuesta de convergencia para la ruptura democrática en España.” A partir de ahí a inventar y confluir pensando. Realizar una nueva convocatoria para articular el bloque social de progreso, esa puede ser la apuesta de la IX Asamblea Federal. Quien piense que se está proponiendo que nos tiremos al monte o que imitemos a la izquierda marginal se equivoca. La ruptura democrática no es incompatible con las respuestas que hay que dar día a día. A nosotros pocas lecciones nos pueden dar de esto con la de ayuntamientos que gobernamos. Todo lo contrario. La respuesta concreta es la columna vertebral del nuevo proyecto, pero eso sí, la respuesta coherente. Quien piense que la propuesta de la ruptura democrática nos impide generar o participar en mayorías políticas que deciden políticas reales está en un error. Llegar a acuerdos para progresos mas o menos importantes es imprescindible para el avance. El problema no es pactar, acordar, el problema es entregarse, desdibujarse en el acuerdo. Convocar a la ruptura democrática, construirla. Ese es el reto. Quien nos tache de ingenuos por creer que la Constitución del 78 traería justicia social y pluralismo cultural habrá que responderle que bendita ingenuidad que nos permite ahora tener las mochilas y, lo que es más importante, las cantimploras llenitas de razón. ¿Qué puede ser más poderoso que eso? ¿Con esas vituallas quién teme al desierto?

 

 

Manifiesto de la candidatura de Marga Sanz Las bases de IU tienen la palabra Candidatura Marga Sanz / 15 oct 07En un contexto internacional dominado por las agresiones imperialistas, la destrucción ecológica global y la crisis de Europa, en nuestro país es absolutamente necesaria una alternativa de izquierdas, capaz de impulsar un nuevo proyecto de Estado, de gobierno y de sociedad puestos al servicio de las mayorías sociales. IU puede y debe ser esa alternativa. En los momentos actuales constatamos la existencia de situaciones que agudizan esa necesidad:

- El agotamiento de un modelo de crecimiento económico basado sobre la explotación extrema del trabajo, el deterioro de los servicios públicos, las privatizaciones, la destrucción de la naturaleza.
- La
crisis del Estado heredado de la transición, que se expresa en la nunca bien resuelta cuestión nacional pero también en la pervivencia de las “zonas grises” de la democracia – autoritarismo, poder judicial sin control democrático, privilegios de la Iglesia Católica, sistema electoral oligárquico e injusto orientado al bipartidismo.
- Un envalentonamiento creciente de la derecha más reaccionaria, que permite prever explosiones futuras de xenofobia y violencia entre los sectores populares.

En esta fase, el objetivo político de Izquierda Unida debería ser construir una fuerza alternativa y republicana al gobierno de Zapatero, desde un análisis y una propuesta programática autónoma, sabiendo que, para influir, hace falta fuerza en la sociedad y convicción política de la militancia y, para exigir, hace falta partir del conflicto social. Levantar una oposición social y política, de izquierdas, que no impide llegar a acuerdos parciales o a coincidencias fuertes en la lucha contra una derecha política, claramente escorada hacia posiciones nacional-católicas.

Si la política es el arte de los matices, debería quedar claro que para una fuerza anticapitalista y con vocación socialista como es IU, lo más importante es hacer avanzar su programa, a la vez que resaltar las relaciones estrechas de los poderes económico-financieros con la política que realmente está haciendo en muchos campos el gobierno de Zapatero. Este es, a nuestro juicio, el rasgo distintivo, el punto diferenciador que debe caracterizar a IU, del cual deben surgir su lucha contra la derecha (económica y política) y su lucha contra las políticas de derechas.

En función de estos objetivos, plenamente enraizados en las culturas y tradiciones de la izquierda, proponemos:

1) Construir la alternativa al neoliberalismo.

El neoliberalismo hay que entenderlo como un proceso histórico de recuperación capitalista e imperialista, cuyo objetivo ha sido hacer retroceder las conquistas históricas de los trabajadores y de los pueblos, mercantilizar el conjunto de las relaciones sociales y la vida en el planeta, convertir la democracia en un simple ritual electoral y bloquear con la globalización cualquier intento de cambio de base del desorden existente.

IU debe (re)construirse como alternativa social, política y cultural al neoliberalismo, impulsando el conflicto social y la organización de los ciudadanos y ciudadanas en torno a una alianza violeta, verde y roja, desde una estrategia que se plantea hasta las últimas consecuencias la socialización del poder, la riqueza, el trabajo y los tiempos de la vida. Aquí y ahora proponemos otro desarrollo, un nuevo desarrollo social y ecológicamente sostenible, que subordine la economía a las necesidades básicas de las personas y que asegure una relación armoniosa con la naturaleza. La superación del actual modelo de acumulación y la apuesta por las energías renovables, asumiendo en ese proceso la urgencia de un giro civilizatorio radical capaz de frenar el cambio climático, entre otras cosas, deben ser el eje de la reestructuración del sistema productivo, propiciando una nueva síntesis entre la vieja tradición del movimiento socialista y la ciencia crítica de nuestro tiempo.

2) Republicanismo con República.

El debate republicano tiene fundamentos reales en la política española. Ha llegado y viene para quedarse. Lo que pone de manifiesto es el agotamiento del modelo de la constitución del 78 y la ruptura del pacto que dio lugar a la llamada transición política. De lo que se trata ahora es de crear las condiciones (no las hubo en 1978) para abrir de verdad un proceso constituyente donde la soberanía de los pueblos y de la ciudadanía decidan libremente.

Nuestra apuesta es clara: una reforma constitucional para llegar a una república federal y democrática, capaz de garantizar los derechos sociales básicos, el predominio de lo público y el derecho de los pueblos a su libre autodeterminación. Una España republicana en una Europa avanzada socialmente y solidaria con los pueblos del sur. Solidaridad que debería empezar con la derogación de la Ley de Extranjería y la renuncia a ejercer el papel de gendarme de una Europa-fortaleza ante cuyas fronteras se estrellan las esperanzas –y muchas veces las vidas- de millares de hombres y mujeres que huyen de la pobreza.

3) La centralidad del mundo del trabajo.

El conflicto capital/trabajo es hoy especialmente acusado y desigual: una clase obrera manual e intelectual muy numerosa, con una división interna (social, cultural y de género) extremadamente aguda y una creciente “invisibilidad social”, enfrentada a un capital globalizado, sin fronteras, de una voracidad ilimitada.

La lucha por la unidad de las clases trabajadoras, por su protagonismo político y su autonomía cultural debe ser un objetivo prioritario de Izquierda Unida. Por ello defendemos: a) medidas urgentes para recuperar los salarios y desarrollar los sistemas de protección social. b) luchar por el pleno empleo y contra la precariedad; c) la reducción de la jornada laboral, recuperando el principio de trabajar menos para trabajar todas y todos, y el pleno ejercicio de los derechos sociales y sindicales. d) valorizar la diferencia de género en el seno de las clases trabajadoras y la apuesta nítida por superar la división sexual del trabajo y un nuevo reparto de los tiempos de la vida; e) la democracia económica como desarrollo de la democracia de los trabajadores que posibilite a estos intervenir en la organización del trabajo y en el control del excedente económico; f) impulsar políticas reales que fomenten la solidaridad de clase entre los inmigrantes y el resto de los trabajadores, combatiendo cualquier forma de xenofobia y propiciando el pleno ejercicio de todos los derechos.

4) Una estrategia preventiva de paz

A estas alturas es claro que hay una relación directa entre la globalización capitalista, la militarización de las relaciones internacionales y la guerra, preventiva o no. También queda claro que este proceso tiene como instrumento privilegiado la OTAN y que las diversas iniciativas que se están tomando van en la dirección de un rearme general. En este contexto han saltado las alarmas y se apunta a un ataque preventivo masivo (un ataque desarmante) contra Irán, realizado por Israel, EEUU y la OTAN.

La situación no admite espera. Urge impulsar una estrategia de paz preventiva que impida la ampliación de las guerras ya existentes en Oriente Medio y proponga una alternativa de paz basada en el desarme, en la reducción de los arsenales militares (nucleares o convencionales), en la eliminación de todas las bases militares, la disolución de la OTAN y la apuesta clara por un nuevo orden económico, social y ecológico internacional. En definitiva, IU debe tomarse el pacifismo muy en serio y activarse frente las guerras actuales y las que se presagian.

5) Contribuir activamente a la construcción de la alternativa a la Europa neoliberal y del Partido de la Izquierda Europea.Deberían superarse las ambigüedades existentes y optarse por desarrollar un sujeto político europeo capaz de construir social y políticamente una alternativa a la Europa de los mercaderes y del capital. El Partido de la Izquierda Europea (PIE) es hoy una esperanza y el núcleo, apenas embrionario, de una fuerza que emerge con la voluntad de ser referente político de la izquierda en Europa. La actual Unión Europea, sus crisis y sus enormes debilidades exigen de la izquierda de cada uno de los países que la componen dar un salto de cualidad, superar el vacío existente y convertir los problemas de la Unión en problemas que nos afectan directamente y de los cuales dependerá la calidad de nuestras democracias, el desarrollo de los derechos sociales y sindicales de los trabajadores y el gobierno de la economía. Si la clase obrera y los demás movimientos sociales no se implican en la construcción de una Europa alternativa, esta avanzará por la peor vertiente del capitalismo salvaje, degradándose nuestras democracias y acentuándose la crisis de la política.

6) Encontrar las vías hacia un socialismo del siglo XXI.

La ofensiva neoliberal, la crisis de lo que en otros tiempos fueron los movimientos de liberación nacional y el derrumbe del socialismo realmente existente, han tenido como su consecuencia más evidente la desaparición –en el imaginario colectivo y en el programa del movimiento obrero- de la perspectiva de superación de la sociedad capitalista, es decir, lo que históricamente se ha llamado el socialismo.

Hoy, en América Latina y en otras partes del Planeta, al calor de las luchas sociales, del movimiento antiglobalización y de los cambios políticos, retorna de nuevo la alternativa al neoliberalismo como parte de un proceso histórico de superación de la sociedad capitalista.

La tarea no es fácil, pero una fuerza alternativa como es IU debe organizarse en torno a principios fuertes y a esperanzas fundadas en las contradicciones sociales y culturales reales. Lo fundamental es situar la idea de un nuevo socialismo en la agenda política, que sirva de horizonte y engarce con nuestras reivindicaciones programáticas, desde el convencimiento de que para salir de la actual crisis de la izquierda hace falta crear una subjetividad antagonista y que esto hay que organizarlo.

Las tareas inmediatas de Izquierda Unida

Todas estas ideas fuerza deben concretarse en propuestas precisas que se conviertan en el núcleo básico de nuestro programa electoral, elaborado colectivamente y donde las áreas jueguen el papel central que le asignan los estatutos y los principios fundacionales de IU.

Pero no basta con la elaboración colectiva del programa. Hace falta una revitalización de IU en todos los órdenes, que implique activar el trabajo militante, democratizar la organización, restaurar el papel de los órganos e integrar la pluralidad en todos los niveles.

La derrota electoral del 2004 señala un punto de inflexión especialmente grave para IU. Dicho con más claridad: para una parte importante de los hombres y mujeres de izquierdas, IU no fue útil para desalojar del gobierno al Partido Popular en momentos marcados por una protesta política de grandes dimensiones. Se echó al PP, pero al alto precio de hundirse IU. Tal resultado tendría que haber provocado una reflexión de fondo sobre la línea política predominante en nuestro movimiento y las medidas necesarias para rectificar una estrategia que nos llevó al borde de la desaparición.

Tras la derrota del PP había distintas posibilidades, como siempre, y se escogió asociarse al gobierno de Zapatero y conformar, en la práctica, una mayoría parlamentaria con el PSOE. Las consecuencias no han sido positivas.

En primer lugar, se ha diluido nuestro perfil político y hemos aparecido como plegados y subalternos a la estrategia política del gobierno de ZP. Las dificultades para ”vender” las iniciativas propias tenían y tienen que ver -no podía ser de otra forma- con el control de la agenda y de los tiempos por parte del gobierno. Nunca se alcanzó un acuerdo programático explicito, lo que incrementaba la capacidad de maniobra de éste, que estaba en condiciones, en cada momento, de escoger socios para sacar adelante sus iniciativas

Segundo, la parte sustancial de la actividad de IU se ha concentrado en torno a un grupo parlamentario débil y en coalición con IC-V. La paradoja resultante es digna de análisis: una fuerza política de la izquierda alternativa que todo lo fía a un grupo de tres diputados y a su presencia en los medios de comunicación.

Tercero, la conexión con la sociedad ha sido fundamentalmente electoral, de modo que las áreas y las organizaciones de base han languideciendo, sin tener tareas especificas y, lo que es más grave, sin dárseles motivación alguna. La pérdida de la autoestima esta estrechamente unida a la carencia de un proyecto que genere ilusión y al convencimiento de que el trabajo militante sirve para poco. De ahí que se imponga una lógica que “prioriza” la implicación en lo local. Se podría decir que IU existe en gran parte gracias al trabajo de centenares de concejales y concejalas que en condiciones especialmente difíciles se fajan cada día con los problemas reales de las personas y dan prueba de que nuestra organización sigue siendo un instrumento útil y necesario, pero insuficiente para atacar el fondo de dichos problemas.

Todo el bagaje intelectual, moral y organizativo de IU ha ido desdibujándose y hoy nuestro movimiento vive una situación de profunda división en su seno, de desánimo y de pérdida de identidad. Una formación que tenía la vocación de ser una fuerza alternativa y que hacía de la crítica a las formas tradicionales de hacer política un aspecto central de su identidad, es hoy, en muchos sentidos, un partido más, obsesivamente centrado en lo institucional, con importantes déficits democráticos y una pérdida real de trabajo militante voluntario. Un contexto así es propicio a la interiorización, a la dilución, a la pelea interna, a la lucha por un poder institucional cada vez más escaso y a la falsificación del debate en nombre de no se sabe muy bien qué compromisos.

Ante esta situación, la candidatura que presentamos tiene como objetivo recuperar a IU como un proyecto estatal articulado federalmente, construir su identidad político-moral y revitalizar su conexión con la sociedad. Queremos hacerlo con todos y con todas. En IU no sobra nadie, faltan miles de hombres y mujeres que pueden y deben estar con nosotros.

Defendemos una IU movimiento político y social. Una IU plural, plenamente democrática y abierta a la sociedad, con lo que queremos subrayar, en primer lugar, que esa pluralidad ideológica y cultural tiene que basarse en un programa común, de carácter transformador y alternativo, y desde una lógica que tenga en su centro la superación del capitalismo. En segundo lugar, que debemos potenciar una formación política de nuevo tipo, basada en el trabajo voluntario y donde se combinen la lucha institucional con la lucha social: el mero electoralismo no da votos a una formación política de la izquierda alternativa; es el trabajo cotidiano en la sociedad, implicándose en el conflicto social, lo que hace fuerte a una organización como IU. En tercer lugar, la centralidad de las Asambleas de base: sin la participación activa de la militancia, sin su ilusión y su esperanza organizada, una formación como la nuestra no tiene futuro. Por último –aunque no precisamente en importancia-, hay que cambiar las relaciones con los grupos institucionales de modo que estos expresen las elaboraciones y el posicionamiento colectivos de la afiliación que representan. Y en lo que al grupo Federal se refiere, nuestra candidatura se compromete a restituir a los órganos las decisiones sobre la acción institucional, con la participación del conjunto de la afiliación a través de los mecanismos orgánicos ya existentes y mediante nuevos mecanismos que lo posibiliten.

Nada en la historia esta decidido de antemano. El futuro de IU no depende solo de sus dirigentes sino del conjunto de la organización y especialmente de la militancia que desde las asambleas de base tiene que hacer suya esta tarea de reconstrucción. El respaldo a la candidatura de Marga Sanz debe ser un primer paso para quienes aspiramos a una IU auténticamente de izquierdas y verdaderamente unida por los compromisos programáticos, las reglas democráticas y la lealtad a todas y todos los que han luchado y luchan por el socialismo. Las bases de IU tienen la palabra.