Página del archivo 2

15 de abril 2008

 Pedro Montes y Diosdado Toledano

 (Miembros de la Presidencia Federal de Izquierda Unida)

Los desoladores resultados electorales de IU el pasado 9 de marzo han tenido la virtud de poner de manifiesto sin tapujos la extrema gravedad de la crisis de la organización, cuyas raíces son profundas, largo su proceso de gestación, con un  punto culminante en la orientación suicida de la campaña electoral conducida personalmente por Gaspar Llamazares, que al postularse para entrar en el gobierno socialista ha hundido la credibilidad del discurso crítico hacia el PSOE, ha desarmado IU frente a la llamada al voto útil y desorientado a una parte importante de su base social que se ha refugiado en la abstención.

 

La crisis viene siendo denunciada desde hace tiempo: la candidatura Marga Sanz tuvo esos propósitos y fue una respuesta lúcida para evitar el desastre anunciado, y en algún momento, no por clarividencia sino por ser evidente, llegamos a decir que la camarilla que dirigía IU eran los sepultureros del proyecto. El equipo que ha dirigido la organización durante los últimos años en lugar de abrir a tiempo una salida colectiva y democrática a la crisis, ha preferido cerrar los ojos, enrocarse, aplicar un estilo autoritario que ha destruido la pluralidad intrínseca al proyecto de IU, ha demolido su organización y  ha ejercido  todo tipo de abusos de poder, de los cuales el conflicto con la federación de Valencia en vísperas electorales y la defenestración de algunos miembros del PCE de la Comisión permanente de IU han sido los casos más conocidos recientes.

 

 Es verdad que para llevar a cabo esa política durante la anterior legislatura el Coordinador general ha contado hasta el último momento  con una mayoría en el Consejo político (hasta el caso de Valencia) y la Presidencia Federal, que deben considerarse como cómplices necesarios del proceso de degradación sufrido por IU. Y decimos cómplices en el sentido más estricto de la palabra. Se pretende por muchos hablar de responsabilidades en el mejor de los casos, para evitar  con ello mencionar la palabra culpabilidad, pero cuando una política ha sido ejecutada sin sujetarse a las reglas de la democracia sino a través de engaños, fraudes,  falta de respeto al sentir de la organización, abusos de poder,  no puede sólo hablarse de mera responsabilidad.  Entre esos colaboradores hay que distinguir en particular, por su peso mayoritario en EuiA,  a la alianza formada por los dirigentes del PCC y POR, que ha respaldado en todo momento a Gaspar Llamazares y ha practicado una política de colaboración con el social liberalismo a través de la coalición electoral con ICV y la participación en el gobierno tripartito de la Generalitat. El fracaso electoral de IU ha ido  acompañado con similares resultados por la coalición Iniciativa-Euia, sin que deba olvidarse además que ICV apoyó a la candidatura escindida de EUPV.

 

A nuestro entender,  la crisis de IU es una crisis global, si cabe  la expresión. A estas alturas no se sabe cuál es la naturaleza de IU,  si un movimiento político y social organizado o un partido al uso,  enrevesado y con una amalgama ideológica inoperante.  Tampoco se conoce cual es el espacio político que pretende ocupar, si es una fuerza transformadora y anticapitalista o una fuerza que aspira  esencialmente formar parte de las instituciones de poder y gobierno. Por ello tampoco se sabe si su trabajo básico  debe ser fortalecer los movimientos sociales o actuar en las instituciones tratando de elevar a ellas las reivindicaciones populares. Si luchar o gobernar. Menos claro aún están los aliados políticos y sociales con los que debe entenderse IU. Ser lazarillo del social liberalismo o formar tejido con los sectores antisistema.  En el caso de los sindicatos CCOO y UGT, tratar de llevarse bien con las direcciones mirando para otro lado ante su desastrosa política o impulsar y formar parte de los sectores críticos y de las organizaciones sindicales de izquierda y combativas. Asumir responsabilidades de Estado a pesar de la insignificancia del peso político o trabajar coherentemente con criterios de clase por los derechos  de los trabajadores y demás  capas sociales oprimidas y explotadas. En la cuestión del modelo de Estado, la defensa del derecho de autodeterminación ha quedado para los días de fiesta y el objetivo de una República federal y solidaria se ha limitado a las declaraciones rituales de costumbre.

 

La propia IU no ha definido de modo consecuente y estable el carácter de su proyecto: no se sabe si es una fuerza política con vocación federal, sin perjuicio de que se articule territorialmente con federaciones que se corresponden con las nacionalidades y comunidades autónomas, o es un aglomerado de federaciones cada una con soberanía propia, que convierten a la organización en un  reino de taifas, porque sería demasiado considerarla una confederación en este caso, dada la desigualdad de situaciones.

 

En el plano organizativo interno la descomposición de IU en estos momentos no tiene parangón con ningún momento del pasado. Los militantes, el más preciado patrimonio de una fuerza política de izquierdas,  no cuentan, no existen,  ni para decidir e influir ni para llevar a cabo tareas políticas.  La vida en la organización se limita a cambalaches, contubernios, reuniones de grupos, sensibilidades, sectores, en la que los barones, marqueses,  duques y demás advenedizos pretenden imponer sus criterios y acaparar  poder olvidándose de la política. De ahí  a hablar de que todo se mueve por intereses de grupo o particulares queda un paso,  que se ha recorrido. Los órganos de dirección no funcionan y sólo se reúnen para cumplir algunos requisitos formales y dar amparo a decisiones tomadas por las capillas fuera de ellos. Los censos son falsos y distorsionan la democracia interna hasta el esperpento. Los estatutos son un galimatías en el que pueden encontrar respaldo las actuaciones más arbitrarias y antidemocráticas y no existe desde hace muchos años una Comisión de garantías digna de tal nombre. La situación financiera de IU, o más claramente, la crisis financiera de IU nunca ha sido conocida y tratada por los órganos. 

 

Los datos anteriores no agotan la descripción de la descomposición política y organizativa de IU, pero si dan una idea suficiente de la intensidad de la degradación padecida. Los  resultados electorales de IU pueden explicarse perfectamente por la situación interna, sin perjuicio de la influencia que desempeñan otros factores y de una ley electoral injusta, que han hecho que el retroceso numérico de los votos y la pérdida de tres diputados sea valorado por la gran mayoría de IU como una debacle. En todo caso además,  la tarea de recuperar IU, o un proyecto de izquierdas que ocupe  el espacio político que se pretendió en sus orígenes,  para salir del atolladero en que la izquierda anticapitalista esta sumida, pasa esencialmente por remover  todas las deformaciones sufridas en los últimos tiempos como condición necesaria, aunque no suficiente. El drama es que hay que volver a empezar y tener que volver a hacer realidad la frase tan repetida de que si IU no existiera habría que inventarla.

 

El desastre electoral el 9 de marzo debería de haber  producido la inmediata e irrevocable dimisión del Coordinador general y su equipo próximo.  Se echó de menos una reacción como la  dimisión  de Almunia cuando fue derrotado contundentemente por Aznar en las elecciones del 2000. En lugar de desaparecer, de hacer mutis por el foro, de abrir puertas y ventanas para que entre nuevo aire, de provocar una conmoción en la organización para que ésta con sus fuerzas afronte la cruda realidad, Gaspar Llamazares volvió a recurrir a las  artimañas con la intención de seguir manejando la organización o al menos para preservarse un papel importante en el futuro. Anunciar que no se presentaría a la reelección de Coordinador era una concesión gratuita a la galería, puesto que estatutariamente ya ha sobrepasado los mandatos posibles. Siempre se había especulado con que en el peor de los casos habría un intento de supervivencia del  “llamazarismo” sin Llamazares, y este se ha prestado a trabajar por dicho objetivo con el apoyo de sus decepcionado colaboradores.

 

Cabe afirmar que si el “llamazarismo” sobrevive en IU, cualquiera que sea su versión, no habrá recuperación posible del proyecto. En esa situación, tampoco es pensable ni  creíble una IU  como catalizadora  de la regeneración de la izquierda política en un sentido más amplio.  En nuestra opinión,   tampoco se conjura este peligro con la decisión adoptada por la Presidencia federal de constituir una comisión que prepare la próxima Asamblea federal. Ante la gravedad de la crisis, se ha recurrido a la manida respuesta de crear una comisión, pero una comisión además gestada con todos los vicios que IU arrastra en su funcionamiento: una parte de los barones, sectores y sensibilidades, repartiéndose burocráticamente un pastel  minúsculo con la intención de ir tomando posiciones para, en su momento,  asegurarse la mejor parte del poder institucional que le puede quedar a IU. Para colmo, ya se empieza hablar de alianzas entre dirigentes de federaciones, de operaciones  para centrar el proyecto, que excluyen a una parte de las alternativas y de la pluralidad,  e incluso de postulantes al cargo de Coordinador general. En fin, pensamos que se están dando los pasos para, una vez llegados al borde del precipicio,  arrojarnos por él.

 

Lo actuado hasta aquí después del gravísimo revés electoral nos pone en camino del desastre total. La salvación de IU es una tarea llena de dificultades al punto de que verosímilmente no sea posible. No obstante, en nuestra opinión, conociendo la realidad de la organización, la degradación que sufre, el desánimo que recorre a sus mejores militantes,  podemos asegurar que el continuismo por el que parece haberse optado no lleva a ninguna parte, que así no saldrá  IU de la profunda sima en que ha caído. Sólo la ruptura con el pasado, sólo una catarsis que remueva y renueve en profundidad la organización,  puede poner las bases para el renacimiento de la izquierda política en nuestro país.

 

La candidatura de Marga Sanz pudo representar en su momento una oferta de la reforma necesaria. Contenía, y son asumibles,  los elementos programáticos y organizativos necesarios para evitar la ruina final y para emprender una recuperación a medio plazo. Los 8,000 votantes que optaron por Marga Sanz son indiscutiblemente un capital político no desdeñable: representan sin duda un patrimonio militante considerable para todo intento de reconstruir IU. Sin embargo pensamos que en estos momentos, ya, esa reconstrucción no puede limitarse a los efectivos de IU pues la organización está, tras las elecciones, muy devaluada política y socialmente, y, sobre todo, creemos que la política y el funcionamiento de la organización  han ido alejando y dejando en la cuneta a muchas gentes de izquierda y colectivos que no han podido soportar ese proceso de degradación,  pero que siguen formando parte de la izquierda real y por tanto son susceptibles de unirse a un proyecto ilusionante de renacimiento de la izquierda anticapitalista y alternativa en nuestro país, cuyo espacio y necesidad creemos que esta fuera de discusión. Sirva como ejemplo, no único,  el caso de Izquierda Alternativa que ha dejado de reconocerse como una corriente en el seno de IU.

 

Advertidos, por nuestra parte, de los  peligros que amenazan  la salida de la crisis de IU y apostamos de manera decidida por un a un gran debate interno abierto en todo lo posible a la sociedad que nos circunda, por una reflexión sobre la realidad política, por la superación de la esquizofrenia que significa pretender ser a la vez organización de lucha y de gobierno, por la actualización de un programa  para la  transformación social y de un modelo de Estado garante del derecho de autodeterminación, por el impulso resuelto a la movilización social y la solidaridad con las luchas, por el desarrollo y construcción de los movimientos sociales, en especial la reconstrucción del movimiento obrero sobre bases anticapitalistas, democráticas, internacionalistas y solidarias, y, en fin, por la radical renovación de la organización para levantar una fuerza política estatal   sobre una base federal, democrática, participativa e integradora, y respetuosa de la pluralidad.

 

La crisis del capitalismo y  la inestabilidad  del sistema financiero internacional tendrán graves consecuencias sobre la economía española, recorrida de graves desequilibrios  y contradicciones. El colapso del sector de la construcción arrastrará a otros sectores de la industria y de los servicios, el déficit exterior avisa de nubarrones en el horizonte, el endeudamiento  desorbitado se verá agravado por las dificultades crediticias, la extrema precariedad hará estragos en el mundo laboral, la disminución de los fondos europeos reducirá el margen de maniobra al gobierno de Zapatero. Con menos ingresos y más necesidades de gastos se tensarán todas las contradicciones existentes, las sociales, con nuevas amenazas sobre la clase trabajadora, y las territoriales, que pondrán al desnudo los problemas de fondo del actual modelo de estado. En suma, las condiciones para la movilización social estarán al orden del día.

 

Las ilusiones en el gobierno del PSOE se irán desvaneciendo al ritmo de la crisis y de la lucha social. La elección del Presidente Zapatero con la abstención de la derecha nacionalista de CiU y PNV anuncia futuros pactos de estabilidad que empujarán al PSOE en su viaje a la derecha. El voto negativo de ERC en la investidura del Presidente de gobierno presagia las tormentas  sobre el gobierno tripartito de Cataluña. La insatisfacción por los resultados electorales no sólo afecta a la afiliación de IU, también afecta en mayor o menor medida a ERC, ICV, PNV, EA, CiU, CC, etc., también al PP.

¿Sabrá IU ser útil a la clase trabajadora y al conjunto de oprimidos en los próximos años? ¿Aprovechará esta oportunidad para ser un referente de la izquierda anticapitalista? En nuestra opinión, una respuesta positiva a estos interrogantes sólo es posible si se produce una verdadera catarsis durante el proceso y celebración de la próxima Asamblea congresual, que debe convocar de manera abierta y con credibilidad al renacimiento de una izquierda auténticamente alternativa y anticapitalista. Todo lo demás es prolongar una agonía.  

 

Enrique Centella/ abril 2008

 

 La consecuencia objetiva de los  resultados electorales es que ha cerrado una etapa para la izquierda política de este país y nos sitúa en otra absolutamente abierta donde nos toca inventar, crear lo nuevo. La representación parlamentaria de Izquierda Unida es el resultado de una estrategia que han desarrollado los dirigentes de IU Federal en los últimos diez  años. Por lo tanto es un error, a la vez que una trampa, analizarlos en función de una foto cambiante pero fija como ha sido la coyuntura política de estos últimos años. El bipartidismo, el voto útil o nuestras estructurales disputas no explican por si solas la ridícula representación de la izquierda transformadora  en el arco político parlamentario español. Expresándolo con claridad, la etapa que la propia realidad nos ha cerrado se podría resumir en que aquellos planteamientos que en la IV Asamblea Planteaban la conversión de IU en otra cosa distinta han triunfado aún perdiendo entonces 60 a 40%. Mantengo la tesis de que llevamos, al menos, 8 años en la IU del 40%. Y estos son sus resultados. No esperen que lleve flores caras a ese funeral. A pesar de haber sido gobernados así  no podemos afirmar que ese discurso y esa praxis política  haya sido, ni es, mayoritaria en el seno de IU. Todo lo contrario. A pesar de las expulsiones y la generación de políticas fraccionales impulsadas desde el Federal sigue siendo una mayoría natural clara la que defiende una IU roja, no subalterna y alternativa.  Existía y existe esa mayoría natural amplia que no ha sido capaz de gobernar el proyecto por sus propias divisiones y por el miedo escénicos de los dirigentes a una nueva travesía del desierto que era inevitable. Al final la realidad nos obliga a atravesarlo ¡y menos mal que la decisión de atravesarlo no es ya nuestra! La realidad la ha tomado por nosotros aunque ciertamente lo que ocurre es que llevábamos tiempo en el desierto y no lo queríamos ver.  Hay que moverse, el inmovilismo ya no es posible. Hay que ir a una gran Asamblea de unidad. En principio hay que reconstruir lo que la ultima etapa ha derruido. Se trata de construir la unidad de aquí a la Asamblea para que esta abra el proceso de gestación de la nueva IU. Así, lo urgente es recuperar la IU originaria para que esta lance una nueva convocatoria a las españolas y españoles a construir lo distinto. La IX Asamblea Federal va a ser una Asamblea de unidad, de unidad con nosotros mismos, con lo que siempre hemos sido, con lo que nunca debimos dejar de ser. Unidad con un discurso, el alternativo, y una praxis basada en el valor del ejemplo. Los resultados electorales son la cosecha de la liquidación de la IU originaria. No fue casual aquella Asamblea  que comenzó con la proyección de un video que resumía la historia de IU donde no aparecía Julio Anguita. En primera fila del auditorio Gaspar Llamazares y Rosa Aguilar acogían al invitado Santiago Carrillo. Todo un capitulo del NODO de IU como regodeo de la victoria. Y cierto, habían vencido, pero hasta aquí han llegado y me alegro realmente de que la estrategia personal de algunos se ha derrumbado antes de alcanzar su objetivo final. Entregarnos con armas y bagaje al PSOE. Patéticas imágenes nos ha deparado esta campaña hablando de ministerios y que decir de aquellos, mejor dicho de aquella que en lugar de trabajar para que IU consiguiera los mejores resultados se ha dedicado a opositar para ministra. Patético. Urgencia en recuperar un discurso y una praxis política para lanzar lo nuevo. Esta es la clave de cara afrontar la Asamblea Federal y su posterior gestión. Se puede decir desde el más absoluto laicismo, urge recuperar la IU de Julio Anguita. La IU que se creía capaz de generar la hegemonía política, la que confiaba en si misma y sabía seguro donde quería ir, la IU valiente que no se cansa de plantar cara a todos porque en ese momento dejaría de ser distinta. La IU que no solo no se avergüenza de lo que es sino que plantea su proyecto con claridad, para que se nos entienda. Va siendo urgente que se empiece a entendérsenos, somos rojos, alternativos y queremos construir lo nuevo.  La estrategia de la Izquierda alternativa europea desde la II Guerra mundial hasta aquí ha fracasado, ha dado todo lo que podía dar de sí. Y no ha ocurrido ahora sino hace muchos años. Los ordenamientos jurídicos que regulan las democracias denominadas occidentales imposibilitan de forma objetiva la Libertad, la Igualdad y la Justicia Social. Los textos constitucionales que han servido en algunos momentos históricos para significativos avances, en este contexto de la globalización y la dominación sociocultural son instrumentos de retroceso e involución. Imposibilitan, en este capitalismo realmente existente, los objetivos que los mismos textos dicen perseguir. La experiencia histórica de la que hay que aprender es que no es suficiente sino todo lo contrario que se recoja el derecho al trabajo, a la vivienda, la sanidad o la educación. No es suficiente que se recoja el derecho a una pensión digna para evitar la pobreza en los últimos años de nuestras vidas ni que figure que todos somos iguales ante la Ley. No tiene ningún valor que se proclame el derecho a la vivienda o la subordinación de la riqueza del país al interés general. Nada de esto ni de otras cuestiones sirven para nada si tras estos planteamientos expresados en artículos no figuran otros que garanticen constitucionalmente su ejecución. Cuando renunciamos en la transición a la ruptura democrática lo hicimos desde la creencia, los que lo hicieron con honestidad,  de creer que con ese marco jurídico podían llegar al gobierno las fuerzas alternativas y entonces llenar de contenido lo que no son mas que palabras que enuncian declaraciones de intenciones. La transición extendió el concepto de que el marco jurídico debía ser el necesario para que cualquier ideología pudiera gobernar legítimamente, de derechas o de izquierdas, revolucionarias o involucionistas. Y en teoría es así, pero la praxis que es el instrumento para adquirir el conocimiento nos dice todo lo contrario.  En primer lugar ese planteamiento  tiene una primera contradicción que nace desde la base del humanismo socialista, ¿cómo es eso que la propia constitución prevea como posible el que los enunciados que expresa no se respeten? ¿Cómo podemos considerar justo un ordenamiento que en si mismo no ve a su contrario como algo imposible? ¿Cómo es eso que el máximo marco jurídico pueda contemplar que sea posible que no se cumpla? No, el propio texto debe asegurar los derechos básicos de los ciudadanos, de las personas. ¿Una constitución que no garantice, por ejemplo, el derecho a la vivienda que sentido tiene? Aún existen más debilidades de las razones para no haber provocado la ruptura democrática. El mismo texto jurídico se sustenta en que unas partes son ejecutivas y otras no. Juego de agudeza mental ¿Cuáles son aquellas ejecutivas? ¿Las que supusieron una cesión de la involución o las que fueron cedidas por la revolución? En lo que cedimos todo se está ejecutando a sangre y fuego, en lo que cedieron ellos no se cumple nada.  Para asegurar el dominio, los que tienen que dirimir los conflictos del ordenamiento son hijos de clase al servicio de los intereses de la involución. Esta es una debilidad importante del razonamiento. Si la resolución de los conflictos de intereses, la judicatura, está en manos de los poderosos y se les posibilita decidir en sentido contrario de lo que la Constitución plantea, lo van a hacer en el sentido natural y mercantil además de los intereses de los que son como ellos. La Constitución Española de 1978 sirvió para el avance de algunos elementos de convivencia importantes pero no era lo que creíamos aunque en las últimas décadas pudiera haberlo parecido a ciertos sectores sociales. La crisis económica global en la que estamos envueltos nos va a hacer ver con más claridad que no hay tanta libertad, ni tanta vivienda, ni tantos derechos como la Constitución proclama. El pacto Constitucional lo ha roto la propia realidad,  la propia manera con la que se han impuesto y por el resultado en la vida concreta de las españolas y los españoles. Julio Anguita en la Fiesta del PCE del año 96, lanzó  en nuestro nombre un ultimátum para salvar el pacto constitucional. Julio expresó con claridad que si el Estado  Social y Democrático y de  Derecho se seguía vaciándose de contenido nos sentiríamos libre de consensos. Doce años después va siendo muy urgente pasar de la amenaza a la acción. La nueva Izquierda política alternativa está armada de razones morales además de las ideológicas para plantear la ruptura, la ruptura democrática. IU nació de la convocatoria a organizar la alternativa desde la no ruptura, la nueva IU convoca para organizar la ruptura democrática que posibilite el desarrollo de la alternativa al modelo de Estado, de gobierno y, por supuesto, de sociedad. La experiencia de las prácticas revolucionarias, de todas, es el bagaje más importante de un revolucionario en el momento de inventar nuevos caminos revolucionarios. Ninguna experiencia se parece a otra, las condiciones son diferentes y las respuestas deben serlo también. Diferentes momentos históricos precisan medidas diferentes, diferentes marcos político-geográficos igualmente. Pero de todas ellas se pueden y deben sacar ejemplos que sirvan. Los que permanente dicen que esto o aquello no vale en otro momento o en otro lugar normalmente lo hacen para descalificar la propuesta revolucionaria, suele ocurrir que cualquier propuesta es descalificada. Esto tiene elementos objetivos para que cale. Uno de ellos es el eurocentrismo, creer que Europa es el centro del mundo y así despreciar las experiencias que ocurren en otros lugares del mundo. Por ejemplo en América. Con Cuba lo tenían fácil pero con la irrupción de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua lo tienen más complicado pues resulta que están construyendo la revolución desde una democracia burguesa, planteando rupturas democráticas desde sistemas llamados democráticos. Claro que existen diferencias objetivas entre unas realidades y otras, pero eso no impide que se puedan sacar conclusiones que nos permitan avanzar. La Izquierda Alternativa europea debe mirar las revoluciones de corte ”boliviariano” como experiencias en las que aprender para practicar. Claro que lo que está ocurriendo hoy en latino-centro América es resultado de un proceso de acumulación de contradicciones y fuerzas concretas en espacios concretos, pero también con muchas semejanzas con otros espacios y otras contradicciones.  Cada vez más espacios y más contradicciones  cuanto más se expande y fortalece la globalización. Venezuela y otros van marcando un camino, conseguir el apoyo popular suficiente como para cambiar los sistemas legislativos, tan sencillo como complejo. Tan espaciado en el tiempo como sea suficiente. Dirán que son los sueños de locura de una fuerza que teniendo 2 diputados de 350 aspira a tener la suficiente fuerza como para poder modificar el sustento de derecho de esta forma de estado. Dirán eso y más. Cuanto más digan más estaremos cabalgando. La próxima asamblea es el comienzo de algo. La apuesta de la izquierda alternativa política por inventar un camino de vía ancha donde todos podemos confluir desde el método de la síntesis y el consenso mayoritario. La IX Asamblea Federal de IU debe parir el documento de convergencia del izquierda política alternativa de la primera mitad del siglo XXI. El principal mandato de la Dirección saliente debe ser la convocatoria de un proceso asambleario para definir la “propuesta de convergencia para la ruptura democrática en España.” A partir de ahí a inventar y confluir pensando. Realizar una nueva convocatoria para articular el bloque social de progreso, esa puede ser la apuesta de la IX Asamblea Federal. Quien piense que se está proponiendo que nos tiremos al monte o que imitemos a la izquierda marginal se equivoca. La ruptura democrática no es incompatible con las respuestas que hay que dar día a día. A nosotros pocas lecciones nos pueden dar de esto con la de ayuntamientos que gobernamos. Todo lo contrario. La respuesta concreta es la columna vertebral del nuevo proyecto, pero eso sí, la respuesta coherente. Quien piense que la propuesta de la ruptura democrática nos impide generar o participar en mayorías políticas que deciden políticas reales está en un error. Llegar a acuerdos para progresos mas o menos importantes es imprescindible para el avance. El problema no es pactar, acordar, el problema es entregarse, desdibujarse en el acuerdo. Convocar a la ruptura democrática, construirla. Ese es el reto. Quien nos tache de ingenuos por creer que la Constitución del 78 traería justicia social y pluralismo cultural habrá que responderle que bendita ingenuidad que nos permite ahora tener las mochilas y, lo que es más importante, las cantimploras llenitas de razón. ¿Qué puede ser más poderoso que eso? ¿Con esas vituallas quién teme al desierto?

 

 

Manifiesto de la candidatura de Marga Sanz Las bases de IU tienen la palabra Candidatura Marga Sanz / 15 oct 07En un contexto internacional dominado por las agresiones imperialistas, la destrucción ecológica global y la crisis de Europa, en nuestro país es absolutamente necesaria una alternativa de izquierdas, capaz de impulsar un nuevo proyecto de Estado, de gobierno y de sociedad puestos al servicio de las mayorías sociales. IU puede y debe ser esa alternativa. En los momentos actuales constatamos la existencia de situaciones que agudizan esa necesidad:

- El agotamiento de un modelo de crecimiento económico basado sobre la explotación extrema del trabajo, el deterioro de los servicios públicos, las privatizaciones, la destrucción de la naturaleza.
- La
crisis del Estado heredado de la transición, que se expresa en la nunca bien resuelta cuestión nacional pero también en la pervivencia de las “zonas grises” de la democracia – autoritarismo, poder judicial sin control democrático, privilegios de la Iglesia Católica, sistema electoral oligárquico e injusto orientado al bipartidismo.
- Un envalentonamiento creciente de la derecha más reaccionaria, que permite prever explosiones futuras de xenofobia y violencia entre los sectores populares.

En esta fase, el objetivo político de Izquierda Unida debería ser construir una fuerza alternativa y republicana al gobierno de Zapatero, desde un análisis y una propuesta programática autónoma, sabiendo que, para influir, hace falta fuerza en la sociedad y convicción política de la militancia y, para exigir, hace falta partir del conflicto social. Levantar una oposición social y política, de izquierdas, que no impide llegar a acuerdos parciales o a coincidencias fuertes en la lucha contra una derecha política, claramente escorada hacia posiciones nacional-católicas.

Si la política es el arte de los matices, debería quedar claro que para una fuerza anticapitalista y con vocación socialista como es IU, lo más importante es hacer avanzar su programa, a la vez que resaltar las relaciones estrechas de los poderes económico-financieros con la política que realmente está haciendo en muchos campos el gobierno de Zapatero. Este es, a nuestro juicio, el rasgo distintivo, el punto diferenciador que debe caracterizar a IU, del cual deben surgir su lucha contra la derecha (económica y política) y su lucha contra las políticas de derechas.

En función de estos objetivos, plenamente enraizados en las culturas y tradiciones de la izquierda, proponemos:

1) Construir la alternativa al neoliberalismo.

El neoliberalismo hay que entenderlo como un proceso histórico de recuperación capitalista e imperialista, cuyo objetivo ha sido hacer retroceder las conquistas históricas de los trabajadores y de los pueblos, mercantilizar el conjunto de las relaciones sociales y la vida en el planeta, convertir la democracia en un simple ritual electoral y bloquear con la globalización cualquier intento de cambio de base del desorden existente.

IU debe (re)construirse como alternativa social, política y cultural al neoliberalismo, impulsando el conflicto social y la organización de los ciudadanos y ciudadanas en torno a una alianza violeta, verde y roja, desde una estrategia que se plantea hasta las últimas consecuencias la socialización del poder, la riqueza, el trabajo y los tiempos de la vida. Aquí y ahora proponemos otro desarrollo, un nuevo desarrollo social y ecológicamente sostenible, que subordine la economía a las necesidades básicas de las personas y que asegure una relación armoniosa con la naturaleza. La superación del actual modelo de acumulación y la apuesta por las energías renovables, asumiendo en ese proceso la urgencia de un giro civilizatorio radical capaz de frenar el cambio climático, entre otras cosas, deben ser el eje de la reestructuración del sistema productivo, propiciando una nueva síntesis entre la vieja tradición del movimiento socialista y la ciencia crítica de nuestro tiempo.

2) Republicanismo con República.

El debate republicano tiene fundamentos reales en la política española. Ha llegado y viene para quedarse. Lo que pone de manifiesto es el agotamiento del modelo de la constitución del 78 y la ruptura del pacto que dio lugar a la llamada transición política. De lo que se trata ahora es de crear las condiciones (no las hubo en 1978) para abrir de verdad un proceso constituyente donde la soberanía de los pueblos y de la ciudadanía decidan libremente.

Nuestra apuesta es clara: una reforma constitucional para llegar a una república federal y democrática, capaz de garantizar los derechos sociales básicos, el predominio de lo público y el derecho de los pueblos a su libre autodeterminación. Una España republicana en una Europa avanzada socialmente y solidaria con los pueblos del sur. Solidaridad que debería empezar con la derogación de la Ley de Extranjería y la renuncia a ejercer el papel de gendarme de una Europa-fortaleza ante cuyas fronteras se estrellan las esperanzas –y muchas veces las vidas- de millares de hombres y mujeres que huyen de la pobreza.

3) La centralidad del mundo del trabajo.

El conflicto capital/trabajo es hoy especialmente acusado y desigual: una clase obrera manual e intelectual muy numerosa, con una división interna (social, cultural y de género) extremadamente aguda y una creciente “invisibilidad social”, enfrentada a un capital globalizado, sin fronteras, de una voracidad ilimitada.

La lucha por la unidad de las clases trabajadoras, por su protagonismo político y su autonomía cultural debe ser un objetivo prioritario de Izquierda Unida. Por ello defendemos: a) medidas urgentes para recuperar los salarios y desarrollar los sistemas de protección social. b) luchar por el pleno empleo y contra la precariedad; c) la reducción de la jornada laboral, recuperando el principio de trabajar menos para trabajar todas y todos, y el pleno ejercicio de los derechos sociales y sindicales. d) valorizar la diferencia de género en el seno de las clases trabajadoras y la apuesta nítida por superar la división sexual del trabajo y un nuevo reparto de los tiempos de la vida; e) la democracia económica como desarrollo de la democracia de los trabajadores que posibilite a estos intervenir en la organización del trabajo y en el control del excedente económico; f) impulsar políticas reales que fomenten la solidaridad de clase entre los inmigrantes y el resto de los trabajadores, combatiendo cualquier forma de xenofobia y propiciando el pleno ejercicio de todos los derechos.

4) Una estrategia preventiva de paz

A estas alturas es claro que hay una relación directa entre la globalización capitalista, la militarización de las relaciones internacionales y la guerra, preventiva o no. También queda claro que este proceso tiene como instrumento privilegiado la OTAN y que las diversas iniciativas que se están tomando van en la dirección de un rearme general. En este contexto han saltado las alarmas y se apunta a un ataque preventivo masivo (un ataque desarmante) contra Irán, realizado por Israel, EEUU y la OTAN.

La situación no admite espera. Urge impulsar una estrategia de paz preventiva que impida la ampliación de las guerras ya existentes en Oriente Medio y proponga una alternativa de paz basada en el desarme, en la reducción de los arsenales militares (nucleares o convencionales), en la eliminación de todas las bases militares, la disolución de la OTAN y la apuesta clara por un nuevo orden económico, social y ecológico internacional. En definitiva, IU debe tomarse el pacifismo muy en serio y activarse frente las guerras actuales y las que se presagian.

5) Contribuir activamente a la construcción de la alternativa a la Europa neoliberal y del Partido de la Izquierda Europea.Deberían superarse las ambigüedades existentes y optarse por desarrollar un sujeto político europeo capaz de construir social y políticamente una alternativa a la Europa de los mercaderes y del capital. El Partido de la Izquierda Europea (PIE) es hoy una esperanza y el núcleo, apenas embrionario, de una fuerza que emerge con la voluntad de ser referente político de la izquierda en Europa. La actual Unión Europea, sus crisis y sus enormes debilidades exigen de la izquierda de cada uno de los países que la componen dar un salto de cualidad, superar el vacío existente y convertir los problemas de la Unión en problemas que nos afectan directamente y de los cuales dependerá la calidad de nuestras democracias, el desarrollo de los derechos sociales y sindicales de los trabajadores y el gobierno de la economía. Si la clase obrera y los demás movimientos sociales no se implican en la construcción de una Europa alternativa, esta avanzará por la peor vertiente del capitalismo salvaje, degradándose nuestras democracias y acentuándose la crisis de la política.

6) Encontrar las vías hacia un socialismo del siglo XXI.

La ofensiva neoliberal, la crisis de lo que en otros tiempos fueron los movimientos de liberación nacional y el derrumbe del socialismo realmente existente, han tenido como su consecuencia más evidente la desaparición –en el imaginario colectivo y en el programa del movimiento obrero- de la perspectiva de superación de la sociedad capitalista, es decir, lo que históricamente se ha llamado el socialismo.

Hoy, en América Latina y en otras partes del Planeta, al calor de las luchas sociales, del movimiento antiglobalización y de los cambios políticos, retorna de nuevo la alternativa al neoliberalismo como parte de un proceso histórico de superación de la sociedad capitalista.

La tarea no es fácil, pero una fuerza alternativa como es IU debe organizarse en torno a principios fuertes y a esperanzas fundadas en las contradicciones sociales y culturales reales. Lo fundamental es situar la idea de un nuevo socialismo en la agenda política, que sirva de horizonte y engarce con nuestras reivindicaciones programáticas, desde el convencimiento de que para salir de la actual crisis de la izquierda hace falta crear una subjetividad antagonista y que esto hay que organizarlo.

Las tareas inmediatas de Izquierda Unida

Todas estas ideas fuerza deben concretarse en propuestas precisas que se conviertan en el núcleo básico de nuestro programa electoral, elaborado colectivamente y donde las áreas jueguen el papel central que le asignan los estatutos y los principios fundacionales de IU.

Pero no basta con la elaboración colectiva del programa. Hace falta una revitalización de IU en todos los órdenes, que implique activar el trabajo militante, democratizar la organización, restaurar el papel de los órganos e integrar la pluralidad en todos los niveles.

La derrota electoral del 2004 señala un punto de inflexión especialmente grave para IU. Dicho con más claridad: para una parte importante de los hombres y mujeres de izquierdas, IU no fue útil para desalojar del gobierno al Partido Popular en momentos marcados por una protesta política de grandes dimensiones. Se echó al PP, pero al alto precio de hundirse IU. Tal resultado tendría que haber provocado una reflexión de fondo sobre la línea política predominante en nuestro movimiento y las medidas necesarias para rectificar una estrategia que nos llevó al borde de la desaparición.

Tras la derrota del PP había distintas posibilidades, como siempre, y se escogió asociarse al gobierno de Zapatero y conformar, en la práctica, una mayoría parlamentaria con el PSOE. Las consecuencias no han sido positivas.

En primer lugar, se ha diluido nuestro perfil político y hemos aparecido como plegados y subalternos a la estrategia política del gobierno de ZP. Las dificultades para ”vender” las iniciativas propias tenían y tienen que ver -no podía ser de otra forma- con el control de la agenda y de los tiempos por parte del gobierno. Nunca se alcanzó un acuerdo programático explicito, lo que incrementaba la capacidad de maniobra de éste, que estaba en condiciones, en cada momento, de escoger socios para sacar adelante sus iniciativas

Segundo, la parte sustancial de la actividad de IU se ha concentrado en torno a un grupo parlamentario débil y en coalición con IC-V. La paradoja resultante es digna de análisis: una fuerza política de la izquierda alternativa que todo lo fía a un grupo de tres diputados y a su presencia en los medios de comunicación.

Tercero, la conexión con la sociedad ha sido fundamentalmente electoral, de modo que las áreas y las organizaciones de base han languideciendo, sin tener tareas especificas y, lo que es más grave, sin dárseles motivación alguna. La pérdida de la autoestima esta estrechamente unida a la carencia de un proyecto que genere ilusión y al convencimiento de que el trabajo militante sirve para poco. De ahí que se imponga una lógica que “prioriza” la implicación en lo local. Se podría decir que IU existe en gran parte gracias al trabajo de centenares de concejales y concejalas que en condiciones especialmente difíciles se fajan cada día con los problemas reales de las personas y dan prueba de que nuestra organización sigue siendo un instrumento útil y necesario, pero insuficiente para atacar el fondo de dichos problemas.

Todo el bagaje intelectual, moral y organizativo de IU ha ido desdibujándose y hoy nuestro movimiento vive una situación de profunda división en su seno, de desánimo y de pérdida de identidad. Una formación que tenía la vocación de ser una fuerza alternativa y que hacía de la crítica a las formas tradicionales de hacer política un aspecto central de su identidad, es hoy, en muchos sentidos, un partido más, obsesivamente centrado en lo institucional, con importantes déficits democráticos y una pérdida real de trabajo militante voluntario. Un contexto así es propicio a la interiorización, a la dilución, a la pelea interna, a la lucha por un poder institucional cada vez más escaso y a la falsificación del debate en nombre de no se sabe muy bien qué compromisos.

Ante esta situación, la candidatura que presentamos tiene como objetivo recuperar a IU como un proyecto estatal articulado federalmente, construir su identidad político-moral y revitalizar su conexión con la sociedad. Queremos hacerlo con todos y con todas. En IU no sobra nadie, faltan miles de hombres y mujeres que pueden y deben estar con nosotros.

Defendemos una IU movimiento político y social. Una IU plural, plenamente democrática y abierta a la sociedad, con lo que queremos subrayar, en primer lugar, que esa pluralidad ideológica y cultural tiene que basarse en un programa común, de carácter transformador y alternativo, y desde una lógica que tenga en su centro la superación del capitalismo. En segundo lugar, que debemos potenciar una formación política de nuevo tipo, basada en el trabajo voluntario y donde se combinen la lucha institucional con la lucha social: el mero electoralismo no da votos a una formación política de la izquierda alternativa; es el trabajo cotidiano en la sociedad, implicándose en el conflicto social, lo que hace fuerte a una organización como IU. En tercer lugar, la centralidad de las Asambleas de base: sin la participación activa de la militancia, sin su ilusión y su esperanza organizada, una formación como la nuestra no tiene futuro. Por último –aunque no precisamente en importancia-, hay que cambiar las relaciones con los grupos institucionales de modo que estos expresen las elaboraciones y el posicionamiento colectivos de la afiliación que representan. Y en lo que al grupo Federal se refiere, nuestra candidatura se compromete a restituir a los órganos las decisiones sobre la acción institucional, con la participación del conjunto de la afiliación a través de los mecanismos orgánicos ya existentes y mediante nuevos mecanismos que lo posibiliten.

Nada en la historia esta decidido de antemano. El futuro de IU no depende solo de sus dirigentes sino del conjunto de la organización y especialmente de la militancia que desde las asambleas de base tiene que hacer suya esta tarea de reconstrucción. El respaldo a la candidatura de Marga Sanz debe ser un primer paso para quienes aspiramos a una IU auténticamente de izquierdas y verdaderamente unida por los compromisos programáticos, las reglas democráticas y la lealtad a todas y todos los que han luchado y luchan por el socialismo. Las bases de IU tienen la palabra.   

Manuel Monereo Pérez 

El único diputado de Izquierda Unida se abstendrá en la investidura de Zapatero por decisión de la Permanente de la organización. El avance parece enorme: del sí a la abstención. El voto “no” fue rechazado por razones que ya son muy conocidas. La primera y fundamental, no coincidir con el Partido Popular. La segunda, más sofisticada, parte de interpretar que los votantes de IU han conseguido un gran éxito al impedir que el PP gane y que verían muy mal que coincidiéramos con la derecha. La tercera es más interna: la abstención es el punto medio de la organización y, por lo tanto, el que consigue mayor consenso. Hasta aquí todo normal y las argumentaciones son las que se vienen sucediendo, al menos, en los últimos cuatro años. Hay un pequeño problema: IU ha obtenido los peores resultados electorales de su historia y se encuentra política y organizativamente al borde de su desaparición. Sin embargo, lo más significativo es que una fuerza como IU se pueda abstener en un debate tan importante y unos momentos en los que el modelo de crecimiento se encuentra en crisis, la inflación se dispara y el  paro aparece como una amenaza real para miles de hombres y mujeres. Es más, IU ha realizado una campaña electoral criticando duramente las propuestas socioeconómicas del Partido Socialista, denunciando el giro del  gobierno de Zapatero a la derecha y anunciando nuestra oposición más resuelta. Eso sí, se añadía que esta vez queríamos ministerios y que optaríamos por una vicepresidencia de sostenibilidad ecológica.  Lo que resulta increíble para una fuerza que se califica a sí misma de transformadora, alternativa y pacifista, es que nos abstengamos en la investidura de Zapatero cuando practica una política militar que incrementa sustancialmente los gastos de defensa, nos mete en la guerra de Afganistán y que, sin complejos, acaba de aprobar el despliegue del llamado “escudo antimisiles de la OTAN” y la ampliación a nuevos miembros de una organización presuntamente defensiva dirigida a contraponerse a un Pacto de Varsovia que ya no existe. No puede extrañar que esta política se relacione con la aprobación del tratado de Lisboa que profundiza en el carácter neoliberal del proceso de integración y que anuda la dependencia de nuestro continente a los intereses del imperio norteamericano. Abstenerse ante un marco político así definido pone de manifiesto hasta qué punto ha avanzado la disolución política, organizativa y moral de IU. Si algo nos enseñó Julio Anguita en aquello de “programa, programa y programa” era que la autonomía (en positivo y a la ofensiva) de IU, se basaba en una propuesta colectivamente elaborada y defendida públicamente con orgullo y con dignidad. Programa significaba el consenso de la propia organización en torno a valores y principios, un pacto con los y las votantes y el fundamento de cualquier política de alianzas. No se pactó con el PSOE de Felipe González porque no estábamos de acuerdo con la política que realizaba y porque no era posible una convergencia programática sin traicionar los propios principios de IU. La autonomía de IU se fundaba en nuestra capacidad para sintetizar una propuesta y defenderla con coherencia. Votar en tal o cual sentido solo y fundamentalmente por no coincidir con una u otra formación política siempre pensamos que era un error y nos condenaba a la subalternidad. Para muchos esta herencia tiene que ser recuperada en la próxima Asamblea de Izquierda Unida.  

Una reflexión comunista sobre el resultado electoral de IU

Carlos Anxo Portomeñe / 31 mar 08

Treinta y un años después de la celebración de las primeras elecciones generales tras la dictadura franquista, algunos han visto cumplida la primera parte de un viejo sueño: el Partido Comunista de España ha sido “borrado” del Congreso de los Diputados, un caso único en la historia reciente de las cámaras representativas europeas. Se trata, en efecto, de la primera parte del sueño porque la aspiración última, recurrente desde la propia constitución del movimiento comunista organizado, es la desaparición de los Partidos Comunistas como partidos, no sólo en este país sino a nivel planetario.

Una vez celebradas las elecciones generales del pasado 9 de marzo se han podido comprobar como nunca los efectos perniciosos de un sistema electoral carente de proporcionalidad, racionalidad y carácter democrático, cuya reforma ya se contemplaba en el documento fundacional de IU. Consumada la derrota electoral de IU, los propios medios de comunicación han alentado el debate sobre la necesidad de reformar este sistema. Es curioso que un sistema electoral concebido en su día, entre otros fines, para impedir la representación parlamentaria del PCE, sirva de máxima excusa a la dirección de IU a la hora de justificar los resultados frente a la crítica del mismo PCE, y que además haya sido este partido quien machaconamente haya insistido a la dirección federal de IU durante la última legislatura en la necesidad de exigir al PSOE su reforma, especialmente cuando se votaban todos los Presupuestos Generales del Estado sin contrapartida.

Efectivamente, el sistema electoral español, como cualquier otro sistema electoral, no es aséptico. La doctrina académica reconoce que cuando fue aprobado en 1977 perseguía el objetivo de “asentar el proceso de transición” y frenar a los extremos, favoreciendo la existencia de dos grandes partidos políticos. Es de sobra conocido que uno de sus elaboradores, Herrero de Miñón, manifestó públicamente el pasado año su satisfacción por haber sido el “padre” de un sistema electoral diseñado para evitar el peso electoral del PCE. El efecto reciente de este sistema electoral ha sido dejar sin representación parlamentaria a cerca de ochocientos mil votos de IU, pero no hay que perder de vista el motivo originario de la Ley, que fue concebida para frenar electoralmente a los comunistas. Siendo consciente de ello, el PCE tiene muy presente la necesidad de reformar dicha ley y así lo manifiesta reiteradamente en sus informes, destacando el informe político aprobado por el Comité Federal del PCE el 22 de abril de 2006 en el que se señala una “urgencia política inaplazable”: “Y finalmente, considerar la reforma electoral como una exigencia política inmediata ante el gobierno, no aceptando más dilaciones. Pedir una respuesta concreta con plazo para llevar al Parlamento una iniciativa de reforma de la Ley Electoral que dé a IU lo que le corresponde por su número de votos. En caso de negativa del gobierno, IU debe hacer una propuesta de reforma, para que cada fuerza política se retrate y la ciudadanía sepa que en España continúan votando las hectáreas más que las personas y que esto beneficia a unos y perjudica a IU”.

Si a ello sumamos las declaraciones del ex presidente del gobierno Leopoldo Calvo Sotelo cuando afirmó, en una entrevista concedida a El Mundo, que desde el gobierno de la UCD se financió al PSOE con el objetivo de impedir los buenos resultados electorales de un PCE al que se legalizó tres meses antes para restarle tiempo para preparar los comicios de 1977, tenemos la confirmación de las tácticas utilizadas para garantizar una transición concebida sobre el “consenso trampa” y la reforma política del régimen anterior. Dentro de esta tácticas habría que mencionar también la financiación de minúsculos partidos de extrema izquierda que tuvieron como centro de su actividad política la crítica reiterada y hostil al PCE, así como la promulgación de leyes y normas destinadas a debilitar al movimiento sindical, vecinal y social en general, en el que el PCE tenía un claro protagonismo. Pero el proceso de acoso y derribo más importante ha venido siempre a través de la cooptación de cuadros políticos y sindicales dentro del propio partido por parte del sistema. Los ejemplos de dirigentes ex-comunistas, muchos de ellos con cargos en otros partidos políticos, se cuentan por centenares, siempre con una trayectoria de calculado desgaste interno que luego ha tenido su continuidad desde las organizaciones de destino.

El historiador Hobsbawn ya señalaba en los años setenta que el mayor partido del mundo era el partido de los ex-comunistas, y aún restaba por desmoronarse el bloque soviético.

No se trata de centrar en las siglas concretas del PCE el esfuerzo del sistema por neutralizarlo y eliminarlo, sino enmarcarlo dentro del objetivo general de frenar al movimiento comunista internacional. Existen miles de ejemplos en todo el mundo, y en Europa en particular, en cualquier país, y con los partidos comunistas y de la izquierda revolucionaria como diana.

Con este panorama, la legislatura que se inicia en España lleva camino de ser recordada mucho tiempo, porque será la primera con el camino expedito para las dos grandes fuerzas políticas, tan aplicadas en neoliberalismo, para aplicar las políticas económicas y sociales que, amparadas en la tan cacareada recesión económica, necesariamente sucederán al mayor proceso de acumulación de capital de la historia basado en la especulación, la corrupción y la depredación del medio. Después de una primera legislatura de Zapatero que ha supuesto ganancias récord de la Banca, un desarrollo sin precedentes de la especulación urbanística, una contrarreforma laboral hecha a la medida de la patronal, la bajada del impuesto de sociedades por primera vez en la democracia, de la abierta participación del ejército en operaciones militares de la OTAN, del refuerzo de la vigilancia de fronteras, etc., el 94 % de los diputados presentes en el Congreso pertenecen al PSOE y al PP, al amparo de una paz social legitimada por partidos y sindicatos.

En este país el gran capital ya no necesita materializar una gran coalición como en Alemania; se basta y sobra con una coalición formal que aplicará el mayor torrente neoliberal en Europa. Por ello no es de sorprender que la apuesta de la Banca y la CEOE en estas elecciones haya sido el PSOE, que garantiza legitimidad frente al miedo a la derecha, la paz social frente al conflicto laboral, la neutralización del pensamiento crítico y, sobre todo, el proceso de acumulación del capital frente a las reivindicaciones sociales y laborales. Justo lo que ha hecho siempre, con la salvedad de que en estos cuatro años los demás, incluida IU, le han seguido el juego. Se avecina en esta legislatura la mayor contrarreforma laboral de la historia, demandada por los presidentes del Banco de España y de la CEOE, que ya se vislumbra en sentencias como la reciente de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo que sostiene que las empresas pueden despedir a empleados durante su baja por enfermedad porque no es discriminatorio ni atenta contra la dignidad de la persona. A lo que hay que añadir el ímpetu privatizador de un gobierno que tenderá la mano al PP para garantizar el buen curso de la economía y la unidad frente a la recesión. Díaz Ferrán, presidente de la CEOE -aquel que señaló al asumir el cargo que la mejor empresa pública es la que no existe- compareció con Solbes cinco días antes de las elecciones para agradecerle la rebaja del Impuesto de Sociedades por primera vez en democracia (del 35% al 30%) y solicitarle una mayor “profundización” por considerar imprescindible reducirlo hasta el 20%. “A partir del próximo día 10 no sólo iremos a hablarte de estos temas, sino que iremos a decirte que, como hemos hecho estos cuatro años, vamos a colaborar totalmente para que las cosas salgan de la mejor manera posible”, afirmó Díaz Ferrán.

En este contexto, los partidos políticos de la llamada oposición “influyente y exigente”, los denominados socios preferentes del gobierno, han sido literal, o mejor institucionalmente, borrados del mapa parlamentario.

Llegado este punto es necesario hablar de la segunda parte del sueño. Si la primera era convertir en extraparlamentario al PCE, la segunda y definitiva es debilitarlo organizativamente hasta el objetivo final de su desaparición. No es de extrañar que desde la noche electoral el tema recurrente en los medios de comunicación sea la injusticia del sistema electoral, que ahora se dedique a IU el espacio en prensa que se le negó durante los últimos meses, que en las tertulias, debates e incluso charlas de cafetería se muestre con IU el más indigno sentimiento que se puede dispensar a la izquierda alternativa: lástima. Son lágrimas de cocodrilo. Cumplida la primera parte es necesario garantizar el continuismo en IU, es decir, evitar la hegemonía comunista en la próxima asamblea federal.

Son significativas las declaraciones del coordinador del Grupo Parlamentario de IU en el Congreso y asesor del Ministro de Interior,Pedro Antonio Ríos, quien esgrimía recientemente en El País un argumento interesante: “no es bueno que los votos de un millón de personas que se han movilizado no sirvan para representarlas, porque cuando esta gente tenga un problema, y llegarán los problemas, irá a la calle a encontrar la respuesta. Porque si el sistema no les proporciona un canal, cargarán contra el sistema”. Para a continuación añadir, un día después en El Faro de Cartagena, que “o entramos en un proceso de refundación o IU tendrá que disolverse”, que tal refundación pasa “por partir de valores actuales y de los momentos actuales, que ya no son los de hace treinta años”, que “seguimos utilizando lenguajes que ya no llegan a los jóvenes ni a muchos sectores sociales” y que “si IU se reduce al PCE más sus amigos, conmigo que no cuenten, porque no es lo que necesita España, ni lo que necesita la sociedad”.

Es decir, se reconoce la potencialidad de un millón de votantes pero se alerta del peligro de canalizarla contra el sistema. Al tiempo se insiste en la refundación, uno de los motivos de conflicto en IU, y reconoce explícitamente que no participará en una IU con hegemonía comunista. Los medios de comunicación y algunos dirigentes federales responsables de la última etapa de IU tienen al PCE en sus oraciones, y lo hacen para asegurar que en una IU “controlada” por el PCE ellos no militarán. Un “democrático” argumento de fuerza que se traduce en “lo que yo diga o conmigo no contéis”. El hecho de alertar sobre el peligro de que el Partido Comunista tome las riendas de Izquierda Unida tras la IX Asamblea es bastante significativo y genera varias preguntas: ¿No ha sido el PCE fundador de IU?¿Por qué sería peligroso que, en su caso, en la Asamblea prevaleciesen las tesis de un partido fundador de IU si se han adoptado
democráticamente?

No es justo ni honesto que algunos responsables directos de la situación actual de IU señalen la necesidad de una asamblea de unidad, de borrón y cuenta nueva, mientras aseguran que de triunfar las tesis del PCE ellos no estarán en el proyecto. Tampoco lo es hablar de una asamblea de consenso mientras responsabilizan por igual a toda la organización.

Más allá de la injusticia de la ley electoral,no es cierto que los votantes de IU se hayan ido a PSOE o al llamado voto útil, puesto que dicho partido sólo ha subido 38.361 votos con respecto a las elecciones generales de 2004. 321.041 votantes de IU que con anterioridad habían aguantado crisis internas, atentados terroristas de última hora y chaparrones mediáticos se han quedado en casa. Las posiciones críticas internas previeron el resultado. Hay que destacar que estas críticas centradas sobre el papel subalterno del grupo parlamentario de IU, en su papel de “oposición de la oposición” y la falta de perfil propio, tienen el valor de haber sido hechas con anterioridad al resultado, lo que dota de validez al análisis y demuestra el acierto del argumento.

Defendiéndose de las críticas recibidas, el núcleo dirigente de IU asegura haber mantenido el perfil propio y niega haber actuado como fuerza subsidiaria del PSOE. Sirva de alegoría aquel cuento del vecino que ante el requerimiento de los trabajadores de la mudanza de llevarle el piano se queja diciendo que él no ha llamado a nadie para que se lo lleven, a lo que los trabajadores responden: “usted no, pero los vecinos han llamado todos”. En el caso de IU, los máximos dirigentes durante esta etapa niegan haber sido una fuerza subalterna, pero los electores lo han afirmado con contundencia.

Teniendo en cuenta que las elecciones generales son la culminación de un proceso de cuatro años en las que se traduce el debate cotidiano marcado por los medios, la gestión de la dirección federal ha arrastrado a todas las federaciones, como sucedió a la baja en las elecciones de 1982 o al contrario en las de 1996, en aquella ocasión con un resultado de crecimiento inverso al actual (2.639.774, el 10,54% de los votos).

La IX Asamblea federal de IU se celebrará con posterioridad a las elecciones generales porque así lo decidió la dirección, pese a que los estatutos federales en su artículo 51.2 establecen que; “En caso de que coincidiera la celebración de la Asamblea Federal de I.U. con el año o periodo de convocatoria de elecciones, corresponderá a esta la elección de la candidata o candidato a la Presidencia de Gobierno”.

Corresponde a la IX Asamblea, entre otras funciones, hacer el balance de la gestión realizada por la dirección federal, establecer la estrategia,línea política, organizativa y de alianzas, así como proceder a la elección de la nueva dirección.Un tema recurrente, inexcusable e inaplazable es aclarar la deuda económica de IU. En todos estos años no ha habido balances por escrito de la deuda real, acaso insinuaciones sobre los pagos mensuales por hipotecas y algunos otros gastos. Existe la posibilidad de que el conocimiento del importe real y total del débito ahorrase muchas discusiones políticas sobre el futuro de Izquierda Unida.

Por lo de pronto los Estatutos sostienen los principios de transparencia y suficiencia para las finanzas de la organización.

Existe la intención de centrar el debate en torno a las responsabilidades políticas del conjunto de la organización, y en concreto se pretende situar en el mismo plano las supuestas responsabilidades de los dirigentes del PCE, reduciendo las diferencias políticas a simples enfrentamientos personales. Es el recurso de la impotencia, el tan manido pretexto del “y tú más” para eludir las responsabilidades y rehuir la confrontación en términos políticos e ideológicos. Es la falaz argumentación histórica sobre la guerra civil llevada al seno de la organización: los dos bandos han cometido atrocidades. En todo caso, la acusación al PCE es tan previsible como una mala película de cine negro,o como el resultado electoral.

Algunas personas con carné comunista y otras que no lo tienen, están tentadas de convertir la IX Asamblea en una especie de juicio paralelo al PCE y su dirección. Los primeros deberán esperar al XVIII Congreso del PCE que se celebrará en unos meses, y los segundos deberán solicitar el carné para participar en ese Congreso, porque en el proceso asambleario de IU de lo que se habla es de IU. Bajo ningún concepto se debe permitir, ni en agrupaciones de base ni en ningún órgano de dirección, que se intente convertir la IX Asamblea de IU en una suerte de Congreso simultáneo del PCE, porque esa es la estrategia de los que persiguen ver cumplida la segunda parte del sueño.

 

Manuel Monereo Pérez. Miembro de la C. Permanente de IU

 

Madrid, 3 de Abril de 2008. Diversos amigos y amigas me piden que clarifique esta idea, expresada por varios dirigentes de Izquierda Unida (especialmente por Enrique Santiago), de ir a una Asamblea de IU en dos fases y propiciar una coordinación general colegiada, paritaria, democrática y plural.

 

La primera cuestión tiene que ver con el carácter de la crisis que sufre Izquierda Unida. Para algunos,  la crisis sería algo pasajero y coyuntural y que bastaría un cambio de dirección y unos retoques en la política para salir de ella. Nuestra posición es radicalmente distinta: la crisis de IU es de proyecto, es decir, de estrategia política, de la forma organizativa y de su relación con la sociedad. Se trata de una situación excepcional que requiere soluciones excepcionales.

 

La segunda cuestión está relacionada con la constitución de la Comisión preparatoria de la Asamblea de Izquierda Unida. Esta Comisión, como es lógico, refleja el poder de las grandes Federaciones a las que se suman el Partido Comunista y la CUT. Aquí se da una paradoja: una Comisión, excepcional por su composición y funciones, pretende dar soluciones normalizadas y normalizantes, con el peligro de que el análisis y el debate sobre la crisis de IU y sus posibles salidas termine por convertirse en un reajuste de poderes por arriba que cierre, una vez más, el debate antes de que éste realmente comience. Mas allá del “realismo” de estas propuestas, lo que asombra es el autismo ante lo que realmente pasa y el desconocimiento profundo de que ya no hay donde replegarse y que la crisis puede ser terminal.

 

Los que hemos propuesto una asamblea en dos fases, es decir, un proceso autoinstituyente de IU nos referimos a:

 

1º) que de esta crisis solo se saldrá si somos capaces de implicar en su solución a los afiliados y afiladas de IU y a miles de hombres y mujeres que siguen considerando necesaria la existencia de un referente fuerte de la izquierda alternativa y transformadora española.

 

2º) que el contenido de la próxima asamblea debería ser una gran convocatoria para la izquierda que abriese una nueva convergencia social y generase un auténtico movimiento en favor de una izquierda para la alternativa a las políticas y a las formas de hacer política dominantes

 

3º) que, hecha esta convocatoria y dándole todo el protagonismo a las asambleas de base de izquierda Unida, se vaya organizando de abajo a arriba un movimiento que defina (de ahí su carácter autoinstituyente) la estrategia política, la forma organizativa y los instrumentos para hacer la política.

 

Lo fundamental, como queda dicho, es que se diagnostique bien la crisis y se propongan soluciones en el marco de un proceso que reconstruya socialmente el proyecto, refunda el programa y se pongan los mecanismos para regenerar democráticamente la organización. En este sentido, sería bueno no engañar ni engañarse, volver a dramáticos debates y a la lucha por el poder en torno a un coordinador o coordinadora de IU, sería bloquear cualquier proceso de reconstrucción de IU y daría una peligrosa marcha hacia atrás, hacia el abismo. Nuestra idea es muy simple: una coordinación colegiada, democrática, paritaria y plural que aproveche todos los recursos e iniciativas que esta organización sigue teniendo y que sea capaz de proyectarla hacia la sociedad, hacia una convocatoria para la izquierda que inicie una nueva convergencia político-social.

 

Una cosa sí sabemos: que una propuesta así generaría ilusión, nos sacaría del ensimismamiento que vivimos como organización y daría la señal de que estamos vivos y apostamos por la transformación social, empezando por transformarnos a nosotros mismos.

 

 

 

 

 

Manuel Monereo Pérez, miembro de Presidencia Federal de IU,

Ginés Fernández González, miembro de la Permanente Federal de IU.

 

 

 

 

 

 

 

Madrid, 25 de Marzo de 2008. Habría que hacer un esfuerzo por cualificar bien qué tipo de crisis vive IU y, desde este análisis, buscar la alternativa para un proyecto que, en muchos sentidos, sigue estando vigente y, hasta cierto punto, más necesario que nunca. IU, no hay que engañar ni engañarse, vive desde hace tiempo una crisis de proyecto. La derrota de 2.004 fue una demostración más (que no la única ni siquiera la más importante de esta crisis) y los resultados electorales últimos expresan lo que podríamos llamar “una crisis en la crisis”.

Cuando hablamos de crisis de proyecto queremos decir, en primer lugar, que se ha producido un cambio sustancial de estrategia política. La conversión de IU en el ala izquierda del zapaterismo pone de manifiesto el sometimiento a las lógicas políticas y mediáticas dominantes y evidencian el agotamiento, esperemos que temporalmente, de su carácter alternativo en su doble faceta: a las políticas neoliberales y a las formas de hacer política en estas democracias demediadas y crecientemente oligárquicas.

En segundo lugar, su progresiva institucionalización y burocratización. Resulta paradójico, pero es verdad: con apenas tres diputados y una menguadísima representación institucional y con gravísimos problemas económicos, IU ha centrado toda su actividad en sus relaciones privilegiadas y preferentes con el PSOE y el trabajo en las instituciones. Su implantación en la sociedad y su actividad en los movimiento sociales realmente existentes han quedado relegadas a un plano secundario y a la actividad espontánea de sus militantes. La actividad política única de la organización, nos referimos a las impulsadas por la dirección federal, ha consistido en preparar las diversas campañas electorales y en ganar, por cualquier medio, poder interno, aún a costa, como pasó en la federación valenciana, de agudizar la crisis y propiciar su ruptura. No se ha tenido en cuenta que una fuerza como IU, precisamente porque quiere luchar de verdad contra el bipartidismo, tiene que ganar influencia social, relación con los movimientos (específicamente con el movimiento obrero) y protagonizar el conflicto de clases.

En tercer lugar, íntimamente unido a lo anterior, IU vive una crisis orgánica sin precedentes. Las organizaciones de base languidecen y apenas si tienen actividades relacionadas directamente con los ciudadanos y ciudadanas. Esta campaña electoral ha culminado un ciclo: los afiliados y afiliadas apenas si han contado y la estrategia de la misma ha desconectado explícitamente de ellos, de su movilización y de su tensión moral e ideal. Crisis orgánica también en una creciente desintegración territorial del proyecto y en inexistencia de una política común libremente aceptada. El equipo dirigente ya no dirige, gobierna una fracción multicolor que abiertamente conspira contra el propio proyecto y ha pretendido cambiar la naturaleza de IU aprovechando unas singulares primarias y una precampaña electoral que, lo diremos benévolamente, ha supuesto una agudización sin precedentes de la crisis estructural que IU viene anidando desde hace mucho tiempo. En un contexto así, no puede extrañar que centenares de compañeros y compañeras hayan ido abandonando la organización y que la desmoralización y el desánimo cunda por doquier.

En cuanto lugar, la pluralidad de IU se ha ido reduciendo y ha terminado por hacer emerger las diferencias entre militantes (todos) con carnet del Partido Comunista que se alinean diversa y antagónicamente en el seno de IU. El problema no es de ahora y pone de manifiesto la enorme dificultad de hacer coexistir dos aparatos simétricos y paralelos que, a su vez, se encuentran cada vez más separados política y culturalmente. Gaspar Llamazares y su equipo siguen teniendo el carnet del PCE y muchos de ellos son miembros de su Comité Ejecutivo y de su Comité Federal. Es decir, la pluralidad de IU se ha sustituido por la pluralidad del PCE, haciendo prácticamente imposible que otros colectivos y personas puedan llegar a formar parte de IU en igualdad de condiciones y libres de dependencias.

Por último, la acumulación de crisis ha terminado por generar un verdadero bloqueo de identidad de IU. A estas alturas, los hombres y mujeres de IU no saben muy bien si son la izquierda del PSOE o la izquierda alternativa anticapitalista y con voluntad socialista. No saben si su tarea histórica es cambiar al Partido Socialista o crear las condiciones histórico-sociales para una alternativa de izquierdas en nuestro país. La alianza rojo, verde y violeta que sintetizaba programáticamente la alianza entre el movimiento obrero organizado y los nuevos movimientos sociales emancipatorios, se ha ido convirtiendo en un galimatías absolutamente incomprensible para los no iniciados, donde aparecen ecosocialistas que poco o nada tienen que ver con una perspectiva socialista y con un ecologismo político digno de ese nombre y donde el pacifismo militante se combina, sin aparente contradicción, con el apoyo a unos Presupuestos Generales del Estado que, entre otros muchos elementos, incorpora un crecimiento imponente del gasto militar y de la investigación y ciencia dedicado a ello. Se ha perdido coherencia programática y emerge un debate ideológico trufado de tacticismo y de verdades a medias que someten a los afiliados y simpatizantes a la confusión y a una interpretación cada vez más esotérica de lo que viene de arriba.

Se podría continuar, pero creo que lo dicho supone una negativa de fondo a cualquier intento de cerrar el debate apenas iniciado y a un reajuste de poderes internos entre las Federaciones más poderosas económica e institucionalmente. De hecho, en los últimos años, esta estrategia ha sido intentada una y otra vez y ha fracasado siempre, precisamente porque ha ignorado el carácter y la profundidad de la crisis de IU y porque ha subestimado la nocividad de las políticas del actual grupo dirigente de IU.

El dato más significativo del que hay que partir es que IU, a pesar de todo, sigue teniendo una apreciable base social y electoral, una red organizativa que abarca prácticamente todo el Estado y un conjunto significativo de cargos públicos locales y provinciales que siguen apostando por IU y su futuro.

Cualquier solución sería a la crisis de IU debe propiciar la participación activa de todos y cada uno de los afiliados y afiliadas de IU y de los miles de hombres y mujeres que simpatizaron o simpatizan con un proyecto que durante muchos años fue una esperanza real para miles trabajadores y trabajadoras y para una ciudadanía cada vez más subalternizada a los poderes fácticos, mediáticos y económicos.

Por lo tanto, lo fundamental aquí y ahora es tener un análisis veraz de lo que nos pasa y crear las condiciones colectivas para la superación de la crisis de IU. Muchos de nosotros defendemos una proceso autoinstituyente de IU, es decir, que los militantes, los afiliados y afiliadas, el soberano, defina las nuevas reglas, los principios y valores y los modos de organizarse y trabajar en la sociedad, haciéndolo de modo abierto e inclusivo, buscando que en el propio debate participen y converjan hombres y mujeres que estén dispuestos a organizarse en un proyecto de la izquierda alternativa. Crear ilusión, salir de uno marcos políticos y organizativos cada vez más limitados debe ser una tarea impostergable para afianzar el proceso. Queremos ser más, organizar más y generar expectativas positivas en una sociedad que vive con unos enormes déficits de izquierdas y que necesita de proyectos capaces de regenerar la vida pública y de mejorar las condiciones de vida y de trabajo de las mayorías sociales. Autoinstituyente, en este sentido fuerte, significa situar en el centro la Política, con mayúsculas.

En definitiva, deberíamos ir a un proceso en dos fases. La primera, la próxima asamblea, tendría como objetivo definir con precisión y claridad la apertura de este proceso autoinstituyente y como hacerlo factible política y organizativamente, creando un equipo colectivo de dirección capaz de atender las enormes tareas políticas pendientes. En este sentido, nombrar un nuevo coordinador general sería cerrar más que abrir el proceso y nos podría llevar a divisiones internas que favorecerían de nuevo las lógicas de poder y la perpetuación de dinámicas que bloqueen una salida en positivo de la crisis.

Una segunda fase, que comenzaría al día siguiente de la Asamblea, tendría como objetivo abrir un debate profundo en la organización y en la sociedad en torno al contenido de la izquierda alternativa hoy, de su programa y de su forma organizativa. Autoinstitución significa, es bueno insistir sobre ello, que del proceso puede surgir la refundación o la reconstrucción de IU o bien la creación de otra cosa; significa que esto se deje en manos del conjunto de la militancia y que el debate irá esclareciendo y definiendo.

IU tiene sentido, pero depende del compromiso moral e intelectual de los hombres y mujeres que seguimos pensando que otro mundo es posible, que el capitalismo no puede ni debe ser el horizonte insuperable de la humanidad y que la emancipación socialista sigue teniendo sentido.


Con la intención de aportar al debate de la izquierda alternativa y transformadora de nuestro país, se pone en marcha la página WEB de Alternativas para el Socialismo. El objetivo es difundir, debatir y facilitar el acceso a opiniones que generalmente no salen en “los medios”.

Ágora, nuestra tribuna libre desde donde se posibilitará el debate mediante articulos de opinión.

Árticulos, donde se incluiran articulos diversos de interes.

Y noticias que recogeremos de la prensa.

El contacto es atraves del correo-electronico: apaso@nodo50.org

Secretaría de Comunicación PCE / 06 oct 07

Hoy presento una candidatura a la Presidencia de gobierno que quiere dar la palabra a las bases de IU, para que opinen y decidan sobre programa, sobre nuestra acción parlamentaria y nuestras prioridades políticas. Nos hubiera gustado que la Asamblea de IU hiciera un balance de estos cuatro años y que las ideas y la política se hubieran situado por encima de los nombres. Para luego elegir el candidato o candidata más adecuado.

Y queremos dar la palabra a nuestros afiliados y afiliadas, porqué nos creemos el modelo democrático y participativo que está en los orígenes de nuestro movimiento político, y porqué entendemos que la acción institucional tiene sentido cuando se vincula a la organización, a sus órganos, y a las normas democráticas de funcionamiento. Los escaños no pueden ser autónomos de la organización que los elige.

Esta candidatura representa una propuesta colectiva y plural de ejercer el autogobierno por parte de los hombres y mujeres que configuramos IU. Creemos en IU, creemos que IU es necesaria para los trabajadores y trabajadoras de este país, para superar la lógica del capitalismo neoliberal, la lógica que lleva a la precariedad, la desigualdad y la discriminación. Aspiramos a representar la voz de los que no tienen poder y que sufren las consecuencias de un modelo político cada vez más antidemocrático.

Aspiro a que recuperemos la influencia social que hemos tenido, que tuvo la izquierda transformadora y anticapitalista; porque tenemos un espacio social y político propio, y queremos y podemos dar un fuerte impulso a Izquierda Unida hacia la sociedad y recuperar esa credibilidad política que se transforma en voto consciente.

Credibilidad que se ha visto dañada con actuaciones del grupo parlamentario que en demasiadas ocasiones se ha situado de espaldas a la organización, a su programa y a sus bases, y de espaldas a la elaboración de sus áreas que son las raíces que nos unen a los movimientos sociales, aquello que da sentido a nuestra definición de movimiento político y social. Hemos visto un apoyo incomprensible a la LOE, a la Ley de Defensa Nacional, la aceptación de la estabilidad presupuestaria, y ahora no sabemos como puede acabar el debate de la ley de la Memória Histórica. Un larga lista que ha acentuado la subalternidad de IU a la estrategia política del gobierno Zapatero.

La izquierda transformadora que representamos debe propugnar un cambio de modelo económico y social que ponga en pie un sistema justo y solidario. Porque durante la presente legislatura el crecimiento económico del que se alardea se ha construido sobre una intensificación de la explotación del trabajo y de la naturaleza, y se ha financiado hipotecando los salarios futuros de millones de personas explotando una necesidad básica, la de una vivienda. Los servicios públicos se privatizan, y los adelantos técnicos se han usado para deslocalizar, reestructurar, precarizar etc, en definitiva para elevar aún más la indefensión de los trabajadores y trabajadoras. Vamos hacia una sociedad cada vez mas clasista, desestructurada e insolidaria.

Queremos situar en esta campaña electoral, en nuestra acción institucional y en la movilización social los problemas reales de los trabajadores y trabajadoras y de la ciudadanía: el trabajo, la vivienda, la carestía de la vida, la sanidad, la educación, la atención a los mayores, a los discapacitados.

 Ofrecemos un programa de mejora cuantitativa y cualitativa de la situación de los asalariados frente a la intensificación de la explotación y de la exclusión que caracteriza al sistema y sus políticas neoliberales.
(hablamos de aumentar el salario mínimo, penalizar la precariedad, la discriminación salarial, hablamos de cláusulas sociales en la contratación pública).

 Queremos mejorar las condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos invirtiendo las desigualdades crecientes
(hablamos de la educación pública y laica, de la sanidad pública y de calidad, de que la atención a las dependencias se haga desde el servicio público, hablamos de los mayores, de los jóvenes y de combatir las discriminaciones por razón de género o de nacionalidad. Hablamos de vivienda pública en alquiler, de bajar los intereses de las hipotecas, de la reserva pública de todo el suelo urbanizable que queda… y hablamos de la financiación adecuada de los ayuntamientos)

 Planteamos Desarrollo frente a Crecimiento, un desarrollo sostenible y solidario que frene el derroche de energía y agua, y la urbanización y el asfaltado de los espacios libres, que aleje la amenaza del cambio climático. Porqué nos creemos que la plenitud del desarrollo humano se hará en armonía con la naturaleza, o no se hará.

Democratizar el Estado significa para nosotros una apuesta radical por la República Federal. Una federalidad basada en la solidaridad y en la libertad, en la libre adhesión de los pueblos del estado. Para esto necesitamos reformar la Constitución del 78 en un sentido progresista reforzando la participación de los ciudadanos y ciudadanas.

En el siglo XXI un autogobierno efectivo va indisolublemente ligado a la democracia participativa, una constitución democrática debe abrir el poder a la participación directa en el ámbito de lo económico, de lo político y en lo cultural, en el centro de trabajo, en el barrio, en el ayuntamiento.

Necesitamos un Pacto Federal para un nuevo modelo de Estado basado en un compromiso con los derechos sociales e iguales para todos los ciudadanos independientemente del territorio donde habite, con el autogobierno y la democracia participativa. Y todo esto tiene un difícil encaje en el actual “tinglado” institucional con un Parlamento “blindado” y “calculado” para asegurar la “gobernabilidad”. Todo ello sin hablar de las zonas “grises” de la democracia española y su amnesia histórica.
De ahí que planteemos como medidas urgentes:
 la reforma de la justicia: control democrático sobre jueces y fiscales
 supresión de los privilegios de la Iglesia Católica, empezando por la enseñanza de la religión en el sistema educativo público
 sometimiento del ejército al control de la representación popular
 reforma electoral para disponer de un sistema proporcional real
 y, por supuesto, la anulación radical de los juicios del franquismo y que devuelva a los represaliados y represaliadas su plena identidad de defensores de la legalidad republicana, de la libertad, la democracia y los derechos sociales. Estos son los elementos sustanciales de nuestra Ley de la Memoria Histórica. NO QUEREMOS OTRA, ¿porque qué futuro colectivo tienen nuestros pueblos si se les niega la posibilidad de identificarse con su historia?

La izquierda o es anticapitalista, o no lo es, decía Rossana Rosanda estos días, y yo añadiría que o es feminista o tampoco es izquierda. Hoy a IU no nos basta la paridad, debemos incorporar la problemática de género en todos nuestras propuestas políticas, emprendiendo de una vez por todas la política feminista que garantice un discurso y una práctica de hombres y mujeres libres.

Desde nuestro rechazo a la última reforma del Tratado Constitucional europeo debemos impulsar conjuntamente con el PIE y el foro social europeo de una iniciativa para un proceso constituyente por una Europa democrática, social y de los pueblos, que nos aleje de una Europa fortaleza y excluyente, y se convierta en un contrapeso a las políticas imperialistas de los EEUU, contribuyendo a la Paz en el mundo, base para la convivencia y el desarrollo de los pueblos.

Esta propuesta necesita de nuestra gente y su protagonismo, de la cohesión de nuestra organización poniendo fin al conflicto interno, porque estamos decididos a recuperar y aumentar la influencia que hemos tenido no hace tanto tiempo, para que los ciudadanos y las ciudadanas sientan que votar a IU es útil para solucionar sus problemas.

Queremos un debate de propuesta política en la organización y un mecanismo democrático de elección del candidato o candidata a la Presidencia del Gobierno. Y hay estaremos asumiendo sus resultados, gane quien gane, para hacer la mejor campaña, porque creemos en Izquierda Unida y queremos dar a nuestra gente la palabra.