(Córdoba 9 de Abril del 2008, a los 31 años de nuestra legalización)
 
La situación casi terminal de IU afecta al PCE muchísimo más de lo pudiéramos pensar. A este proyecto el Partido ha dedicado con generosidad dinero, infraestructuras, dirigentes, prioridades y la casi totalidad de sus esfuerzos. Es cierto que nuestra apuestas tanto por Convocatoria como por Izquierda Unida, venía dada también por la necesidad de encontrar un espacio de representación política que sirviese además para remontar la difícil situación que teniendo su origen casi en la Transición, se explicitó con fuerza en las elecciones autonómicas andaluzas y generales de 1982. 
        
Somos un Partido que a lo largo de su historia ha demostrado su talla en los momentos difíciles y de excepción. Tanto la Guerra Civil como el franquismo fueron los ámbitos en los que el PCE creció, influyó y marcó la pauta política. Es verdad también que nuestro nacimiento venía marcado por un acontecimiento de excepcionalidad universal: la Revolución Rusa de 1917.     
 
La Transición tal y como se ha desarrollado fue posible por la actitud del PCE y su aportación al proceso que diseñándose con anterioridad fuera de nuestras fronteras necesitó de pilares y esfuerzos internos. Sabemos que esta aportación del PCE puede ser cuestionada a años vista de la Transición y viendo desde la perspectiva histórica el legado de misma; pero sea cual fuere el juicio acerca de lo que el PCE realizó no cabe la menor duda de que su papel en aquellos años fue decisivo para bien o para mal.         
 
Asentado en nuestro país el régimen de la Transición comenzó para el PCE una época en la que su trabajo debía hacerse dentro de la “normalización democrática” con unas instituciones elegidas por sufragio universal y con todas las dificultades económicas, mediáticas y políticas para un Partido acostumbrado a otras tareas y que no tuvo tiempo o no supo hacer una revisión serena y a fondo de lo que los nuevos tiempos traían. Las medidas más urgentes e inmediatas fueron tomadas dentro de la confrontación; la cuestión del abandono del leninismo no era sino la búsqueda de la homologación con “occidente” y los cambios organizativos eran consecuencia de la decisión estratégica de hacer una organización preparada primordialmente para las confrontaciones electorales. En ese modelo que nunca, nunca -repito- fue expuesto claramente como tal, era CCOO la encargada de soportar el frente de lucha económico y social pero plegándose siempre a los supremos intereses de la lucha político-institucional y sus correlaciones de fuerzas. El modelo no aguantó mucho tiempo pero así fue concebido por la alta dirección de entonces.         
 
La Monarquía y la Constitución de 1978 tenían mayor capacidad letal de lo que al principio podía suponerse. La tan denostada- y con razón- Ley Electoral con sus sistema d¨Hont , el blindaje del Ejecutivo, la chapuza del Estado Autonómico del “café para todos”, la tutela del Ejército y las sucesivas conculcaciones del texto constitucional con la excusa de la construcción europea fueron desembocando en lo que fue en el fondo la Transición : una Restauración neo-canovista.         
 
Las sucesivas abducciones del PSOE a dirigentes de nuestro Partido así como las seriadas crisis en el seno del mismo porticaron la historia de un declive institucional que conllevaba también el declive social como consecuencia de la otrora buscada “normalización democrática”. Nuestra actividad se insertó de lleno en los parámetros de cualquier fuerza política homologada. El que CCOO, cuyos dirigentes eran en su mayoría del PCE, comenzase un giro hacia otro tipo de sindicato terminaba de afianzar el modelo clásico de intervención en la política, tal y como se practicaba en otros lugares; era una visión de la “normalización”. Un cambio cuyo mal no sólo radicaba en el cambio de naturaleza sino además en la forma en que se había efectuado, con sigilo, día a día, paulatinamente y sin ser discutido.         
 
En pleno auge de la crisis y en el XI Congreso el PCE aprobó una orientación hacia lo que se llamó la Convergencia. Aquello fue rechazado por quienes después fundaron el PT, sumándose así al festival de siglas comunistas que cristalizaban con el “noble propósito de luchar por la unidad de los comunistas”.         
 
Convocatoria por Andalucía en 1984 e IU en 1986 pusieron ante el PCE el reto de retomar en condiciones de “normalidad democrática” la lucha para la que había nacido. Los éxitos electorales de 1986 (7 diputados en el Congreso y 19 en el Parlamento andaluz) confirmaron las expectativas electorales y que aquella política podía ser un instrumento de futuro.         
 
La construcción de IU no fue fruto de un día ni tampoco obra de un grupo privilegiado, fue tomando cuerpo en los años siguientes y creando sus propios conceptos, sus señas de identidad. La política derechizada del PSOE ayudaba a ese rumbo. Sin embargo ya estaban ahí marcados los orígenes del conflicto que desde entonces hasta hoy ha afectado tanto a IU como al PCE.         
 
Una apuesta como la que hizo el PCE cediendo soberanía, representatividad, locales, etc demostraba que la misma era sincera pero no se tuvo en cuenta que la misma afectaba a la organicidad misma del Partido, a su constitución, funciones y ámbitos específicos de trabajo y acción. Quiero decir que no pudimos, supimos o quisimos culminar la apuesta siendo consecuentes y organizando un PCE cohesionado en torno a un proyecto y un esquema organizativo más eficaz, más ligero y a la vez más influyente ideológicamente. Ante nosotros se presentaba el dilema originado por la inserción de IU en la actividad pública ¿qué hace o para qué sirve el PCE?         
 
La desaparición de la URSS con las consecuencias ya sabidas sirvió para otra reposición de un mensaje reiterado con diversos nombres (casa común, reequilibrio de la izquierda, etc). En 1991 tuvimos una crisis como consecuencia del mensaje encabezado por altos dirigentes del PCE en torno a la desaparición del mismo y la consolidación de IU como partido político “de nuevo cuño”. La duda afectó a gran parte del Partido pero quedó claro en los debates que los proponentes buscaban fundamentalmente el cambio de naturaleza de IU y en consecuencia buscaban la liquidación de la fuerza que defendía su existencia como Movimiento Político y Social Organizado.         
 
Que detrás de las otras crisis seguía estando la cuestión de la naturaleza de IU y sus proyectos volvió a demostrarlo el debate sobre Mäastricht y la consolidación de una candidatura alternativa que se alzó con el 40%. Estaba claro a estas alturas que una IU modesta y sin proyecto alternativo pero con un grupo reducido y fiel al PSOE era necesaria para poder demandar de ella apoyo en las votaciones decisivas; Investidura, PGE, etc. a cambio de nada. Digamos de paso que los resultados cosechados por IU en estas elecciones no han satisfecho totalmente al partido gobernante; se les ha ido la mano. En las sucesivas crisis derivadas de la confrontación entre dos concepciones se perdía un tiempo precioso y además también se perdía en atender y satisfacer las peticiones de representatividad de aliados que en muchos casos sólo vieron en IU un refugio para sus soledades. Y así se fue entrando en una dinámica confederal en la que también determinadas organizaciones del PCE se contagiaron de la “nueva política” y fueron centrando el debate en la confrontación cara a la confección de las listas electorales.         
 
En todo ello resaltaban dos cuestiones: 

  1. Desde el mismo seno del PCE procedían las sucesivas oleadas del mensaje que cuestionando la IU como MPS la querían como un partido al estilo y maneras del ejemplo italiano o catalán. Y es aquí donde quiero reparar para poder afrontar después la parte propositiva. El concepto de IU como fuerza para la Construcción de la Alternativa tenía dos adversarios, uno más consciente que otro. Pero ambos procedían del seno mismo del Partido; el uno no supo o no quiso ver que estaba ante algo que podía suponer y satisfacer el proyecto transformador del PCE pero con otros métodos, ritmos, acentos, alianzas, etc. y actuando en consecuencia puso el énfasis en el carácter instrumental del proyecto cara a la consecución del voto que sería posteriormente invertido en la Casa Común.
El otro, preso del miedo escénico y creyendo que aquello cuestionaba al PCE, ralentizaba como podía la toma de acuerdos y se aseguraba de la fidelidad de los aspirantes en las listas electorales. Es verdad que motivos no faltaban pero la desazón y la angustia le hacían confundir el todo con la parte. La división de IU en torno al ¿qué hacer? se manifestó en toda su dimensión cuando en el año 2000 se llegó a los acuerdos con el PSOE. Fue lo que describí en un artículo titulado “dos almas y un cuerpo” y que nunca pretendió sino hacer reflexionar acerca de la contradicción interna. Resumiendo, desde el seno del PCE han procedido siempre los elementos y propuestas que han ido creando las crisis en IU y cuestionando su proyecto alternativo. La realidad más cercana en el tiempo avala esta cuestión. 
 
2.-La existencia territorial de asambleas básicas de IU y agrupaciones del PCE es un contrasentido y una reduplicación de esfuerzos que conducen a la parálisis cuando no a la confrontación. He sabido de este problema cuando era Coordinador General pero ahora que debo asistir a mis órganos de base, me reafirmo en esta aseveración.         
 
Si el PCE continua apostando por IU o por una expresión política y social similar debe asumir que su estructura organizativa y su función política irrenunciables deben cambiar. Pero dejemos eso para más adelante.  ¿Qué PCE? Quiero partir de una necesidad personal a la que no pienso renunciar y que desde luego no he podido satisfacer muchas veces. Quiero y necesito como comunista que hace un trabajo político, reunirme cada tiempo con mis camaradas para cotejar experiencias, tomar acuerdos, enriquecer mis conocimientos teóricos y políticos y sobre todo para sentirme partícipe con otros y otras de una cosmovisión por la que he apostado hace tiempo. La satisfacción de esta necesidad debe ser reglada y contemplada a la luz de una estructura organizativa creada para ello; no estoy postulando una tertulia sino una entidad orgánica. Y como he dicho en bastantes ocasiones lucho, trabajo y defiendo IU pero desde mi militancia comunista. A partir de ahí todo es cuestionable, cambiable, superable y desde luego manifiestamente mejorable.         
 
Pero esta necesidad no puede estar servida por un ente que duplica funciones, confunde planos de actuación y se siente como total rehén de las valoraciones, acuerdos y decisiones de la fuerza política que ha decidido desarrollar, en este caso IU. Tampoco es el caso contrario. Se trata de una articulación de planos de expresión sin duda difícil pero no imposible y que en el fondo refleja las contradicciones y dificultades con que el movimiento revolucionario debe actuar. Las reglas fijas e inmutables son para lo inerte.         
 
Creo que nuestro Partido ha tenido un acierto cada vez que ha organizado y desarrollado plataformas e instancias unitarias. Y ello no es una característica que deba atribuirse exclusivamente a la ilegalidad sino que puede ser una manera peculiar de ejercer el trabajo político: ser la permanente levadura y fermento de la movilización social hacia la plena emancipación. Pudiera ser que un PCE a palo seco, con sus siglas y símbolos tuviera un 10% de los votos, pero allí se estancaría y además estaría sujeto a los vaivenes de la coyuntura política más inmediata. Para mí un Partido Comunista es la organización de una teoría política, una discurso, unos valores, una estrategia y unas alianzas; labores que requieren una cierta separación de las urgencias de lo inmediato.         
 
La lucha contra el Capitalismo globalizado ya no es sólo una cuestión de reparto- que también- sino de modelo alternativo de sociedad, con otros valores, otros modelos de calidad de vida, una especial atención a la cultura y a la ciencia, una aplicación universal de los DDHH y unas nuevas formas de concebir y aplicar la Política. En consecuencia la reflexión al aire de la práctica y de la profundización de la Democracia exigen una fuerza política concretada en una organización de cuadros. Creo que esta es la opción que tenemos delante de nosotros; es más, creo que no tenemos otra. Quiero aclarar, para evitar malos entendidos, que no tengo en mi mente ningún modelo del pasado; un partido de cuadros no es, en absoluto, una organización de élite o de cierta aristocracia de izquierda sino una especialización hija de la voluntad, la entrega y la capacidad de ganarse en buena lid el respeto desde su apertura a todo el mundo.         
 
Está claro que ello significa en primer lugar una concepción organizativa radicalmente distinta a la actual. Pero significa además un cambio total en la metodología de trabajo, en las características y tipo de militancia. Pero sobre todo significa la implicación de sus miembros en frentes de trabajo específicos: organizaciones de masas, culturales, científicas, etc. La militancia en el nuevo ente comunista debería estar avalada por la aportación para el análisis, la decisión y la aplicación, desde las experiencias de cada frente y cada militante.  La dura lección de los últimos acontecimientos. En el ánimo de muchos de nosotros estaba presente hace años la necesidad de que el PCE hiciese una profunda reflexión en torno al sentido de su existencia, su trabajo y su futuro. Los cambios operados en el mundo, el avance de la ideología conservadora, el aumento de las diferencias económicas entre poseedores y desposeídos, la multiculturalidad, el calentamiento global, el armamentismo pero sobre todo la asunción del consumismo y demás valores del neoliberalismo por grandes sectores de la población tanto en el primer mundo como en el países en vías de desarrollo, etc., exigen, desde la voluntad de cambiar mediante la Construcción de la Alternativa, un rearme precedido del conocimiento de nuestra propia realidad orgánica y política.         
 
La puesta en marcha del Manifiesto-Programa obedecía a esa necesidad; por eso se hizo tanto hincapié en que lo importante de aquél proyecto no era sólo la elaboración del mismo sino el método participativo con que debía hacerse. Se buscaba, en definitiva, la creación de conciencia de ser, de actuar, de auto-identificarse personal y colectivamente. Para algunos de nosotros había además otra motivación no menos importante. Creíamos que el proyecto de IU iba a la deriva y que más tarde o más temprano nos encontraríamos ante lo que ya tenemos delante: la práctica extinción de IU. Pensábamos que llegado ese momento debería haber un PCE cohesionado, con ideas claras, reafirmado en sus convicciones pero con una propuesta alternativa hija de la preparación, el debate y la síntesis operativa. Y esa necesidad era más urgente aún en la medida en que, como tantas veces, dirigentes conocidos del PCE hacían derivar el Proyecto de IU hacia otros derroteros lejanos de su origen. Si repasamos la nómina de miembros y dirigentes del Partido que comparten las posiciones del Coordinador General nos reafirmaremos en la necesidad de que el Manifiesto-Programa y su metodología participativa   deberían haberse aplicado antes; tiempo hubo. Ahora estamos en presencia de un Rubicón ante el que ambas organizaciones, PCE e IU, deben tomar la decisión de cruzarlo, con los riesgos inherentes o al contrario instalarse en la comodidad de la agridulce muerte por consunción, por extinción.   
 
Los acontecimientos nos han colocado ante la necesidad inminente de abordar en primer lugar la crisis de IU. Si hubiésemos avanzado en resolver la cohesión del PCE podríamos abordar el problema de IU desde una doble opción: refundarla o crear otra instancia unitaria. El caso es que así, como están las cosas, sólo cabe la primera opción. Pero escogida por necesidad esta última, el PCE debe prepararse para su propia Refundación; la asunción colectiva, consciente y dirigida a la acción de una nueva identidad comunista pero sobre otras bases políticas y organizativas que, asumiendo la herencia del pasado, le ubique en una nueva fase de su historia.   La propuesta          
 
La Refundación del PCE no puede ser como tampoco la de IU el resultado de un proceso endogámico sino, muy al contrario, el resultado de una conjunción de personas, colectivos y grupos que se definen como comunistas, vengan de la tradición que vengan. Ex militantes, simpatizantes, apartados provisionalmente de la actividad, y otros, deben encontrar en la Convocatoria el estimulante reto de recrear una organización comunista preparada para ejercer su función revolucionaria en esta época de Globalización capitalista. Esta idea era central en la metodología primitiva del Manifiesto-Programa.          
 
Nuestra experiencia como Partido nos ha enseñado y las enseñanzas de muchos de nuestros teóricos han reiterado que los comunistas somos los impulsores de un movimiento real que constantemente va impulsando cambios y generando procesos de masas. Esto nos sitúa en el ejercicio de un papel extremadamente importante pero a la vez difícil. Exige una permanente capacidad de análisis colectivo y un saber estar en el sitio justo; no es una cuestión de vanguardia sino de centro-eje que impulse desde la reflexión una actividad política transformadora y simultáneamente liberadora de conciencias. En definitiva se trata de una fuerza política que se asemeje a lo que en otros momentos se ha llamado partido de cuadros cuyos militantes ejercen una parte muy importante de su actividad en otras instancias unitarias de masas y en otros colectivos sociales, culturales, artísticos y alternativos.         
 
Es obvio que la organización territorial de esta fuerza es la menos indicada para tal trabajo; creo que se debe recuperar la organización sectorial o aquella otra que tenga como objetivo la acumulación de análisis, propuestas e impulsos de determinados Frentes de Trabajo        
 
La nueva organización debe tener una estructura federal que no es otra cosa que la manifestación de una entidad unitaria que acuerda su unidad desde el consenso, con unas reglas claras y con una jerarquía pactada, de competencias, responsabilidades y estatutos. Los taifatos deben ser erradicados totalmente. Nuestro concepto de federalidad tiene como base la eficacia democrática en orden al supremo interés de los trabajadores. El objetivo último, el Socialismo junto con lo que le es inherente, la Democracia, son los únicos conceptos que son a la vez instrumento y objetivo.  Dos vías alternativas          
 
Desde la puesta en marcha del método expuesto anteriormente y con las características descritas quedaría una doble opción con referencia a la fuerza surgida de este proceso: 
 
A)          La creación de una fuerza política de carácter, nombre y entidad marxistas que recogiendo la herencia del PCE supusiese la evidencia de una nueva fase de la organización revolucionaria.
 
B)           La creación de un Partido Comunista de España que manteniendo su nombre incorporase en sus siglas elementos indicadores de su Refundación en aras de la actualización de las tareas revolucionarias.  
 
Soy más que consciente de que esta última cuestión puede suscitar el mayor debate a la luz de los nominalismos y de los escapismos. Pero sé también que si, de una vez, no afrontamos las cosas con racionalidad, no acabaremos nunca la interiorización. El Partido es un instrumento, no un bien en sí mismo.  ¿Cuándo y Cómo?       
 
En la reunión que mantuvimos los miembros del Secretariado de la Comisión Redactora con camaradas de la Permanente ( Francisco Frutos, Felipe Alcaraz y Curro Martínez) se llegó a la conclusión, y en vista de la situación del Manifiesto-Programa, de que se publicarían sistematizadas las respuestas que habían enviado los camaradas y organizaciones participantes en el debate del Cuestionario. Prácticamente hemos terminado de hacerlo y estamos en fase de publicarlas. Pero seguíamos pensando que el debate colectivo seguía siendo necesario, por lo que acordamos también la creación de una especie de célula de reflexión  que elaborara las líneas maestras de un documento-Tesis sobre las cuales discutirían la Comisión Redactora y la Dirección del Partido en última instancia. El resultado final se elevaría como proyecto de Tesis a la Conferencia del Partido convocada al afecto o al Congreso del mismo.     
 
Lo que he expresado en las líneas anteriores y que responde a mi visión personal obedece a dos razones: 
 
1.     La necesidad política y personal de expresarme y manifestar el resultado de mis reflexiones que no irían más allá si no fuera porque creo que los momentos por lo que atravesamos necesitan del estímulo y la provocación al debate. 
 
2.     Creo que muchas de las ideas expuestas sintonizan con las opiniones y visiones de bastantes camaradas.
 
Si he conseguido estimular la reflexión y las ganas de debatir para buscar síntesis y construir alternativas me doy por satisfecho. En todo caso quiero que se den por reproducidas aquí las mismas precisiones que he hecho al comienzo del documento sobre IU que fue conocido en el Comité Federal del 12 de Abril del 2008. 


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